viernes, abril 4, 2025
DestacadoEl mall nuestro de cada día

El mall nuestro de cada día

Foto de Michael Weidemann en Unsplush

-

Síguenos en

Trabajo en un mall del sector Oriente, enclavado en el límite de la postal y el Chile real. Paso allí la mitad de mi vida por lo que es imposible no registrar el devenir de esos dos o más mundos que se chocan a diario pero no se conocen ni remotamente.

Al mall llegan quienes se trasladan en alguno de los más de 20 recorridos de micros del Transantiago que llegan a ese punto cardinal. También arriban a pie, en Metro o en autos elegantes que vienen de las zonas aledañas. También están los que llegan en aviones, turistas latinoamericanos en su mayoría, y de todo el globo.

Miles de personas que van allí a consumir, que bajan y suben  pegados unos con otros por las escaleras mecánicas y por los pasillos y que nunca llegan a relacionarse ni menos acrear vínculos reales.

También, como yo, allí pasan sus vidas cientos de trabajadores que laboran para el dueño del mall y para las tiendas y servicios. Tal vez miles, que permiten que elnegocio funcione.

Los mall son uno de los paraísos del capitalismo. Lucrar es su obligación. La solidaridad o la responsabilidad social empresarial son solo versos para poner en la memoria anual.“Este años ayudamos a 5.000 emprendedortes en todos nuestros locales”. ¿Cuál fue la ayuda? Arrendarles un espacio pagado en oro.

“Si te gusta bien, si no te vas; hay miles esperando ocupar tu lugar” es el principio que se aplica para todo aquel que viva de una u otra forma a partir de su vínculo con el mall. Todo un engranaje que funciona día a día, hora a hora, segundo a segundo, donde los beneficios, obviamente, no se repartenen forma equitativa. Eso ni pensarlo. Si vendiste 30 millones el día de Navidad, tendrías que ser un loco y no un comerciante si dieras incentivos proporcionales a tus vendedores. Solo date con una piedra en el pecho porquetienes pega.

Allí dentro ya tienes dos o más realidades del mismo Chile. Pero afuera tienes una tercera mucho más descarnada. Allí te encuentras con la señora demás de 70 años que lleva 30 añosvendiendo sus chucherías chinas en un pañito que despliega sobre la vereda y que tiene arrancar todo el día de las fuerzas del “orden”. Le duele la espalda pero lo atribuye a la edad. Y se siente feliz cuando vende un collar de 2.000. También está el hombre de unos 45 años que vende flores, capibaras, calzas, o lo que amerite la ocasión y las fechas emblemáticas del comercio, para hacerse el pan del día, un trabajo que es parte  de su cultura familiar . “Somos todos ambulantes, de toda la vida y realmente no creo que la venta de las flores de mi balde haga tambalear la economia del mall”, nos dice irónico. Igualmente, encuentras al joven pastabasero de 27 años, fanáticamente de derecha, que ama a Milei y confiesaque no puede evitar gastarse al día $50.000 en su droga. “Meentró el vicio una vez que estuve en cana y no puedo dejarlo porque la vida es como el ajo”, declara sin rabia ni resentimiento. También esté el joven minusválido que llevan cada día a las afueras del mall para que venda parchecuritas. El, al menos, se libra de las persecuciones policiales y su cara refleja ternura y satisfacción cuando uno lo saluda por su nombre.

Un placer es ver al bailarín autodidacta de 28 años que inunda con su arte, su música y su cuerpo esplendido,  su pedazo de calle al atardecer. Recibe aplausos y congrega a un gran público cada vez que se presenta, y transmite mucha dignidad cuando se le pregunta si querría ser famoso. “Yo soy feliz bailando, que es lo que me gusta y lo hago con pasión y completa libertad. No me interesa la fama” dice sin un ápice de duda.

Al margen del modelo

Afuera -y a veces adentro del mall- también transcurre la vida de quienes fueron dejados al margen del modelo y sobreviven en formas indignas y brutales. Muchas veces me recuerda a las favelas de rio de Janeiro, que conviven con los hoteles de lujo y los turistas de Ipanema en un cuadro desgarrador. Afuera del mall se puede ver al hombre de raza negra, con ropa vieja y sucia, escarbando cada jornada los tarros de basura instalados a las puertea del mall, buscando su pan de cada día. O al hippie pobre y desaseado, que recorre los pasillos del mall con su mochila y su saco de dormir al hombro, tratando de entablar conversaciones teñidas de marihuana e incoherencia, con el mundo de adentro, en paseos cotidianos sin sentido y sin destino. ”En situación de calle” les llaman ahora a esas personas.

Y por todos lados escuchas las conversaciones a gritos de la marea de migrantes que ha convertido a Chile en un país con distinto acento, con distintas costumbres, con incomprensibles opciones políticas, que llega al mall  a hacer largas colas para recibir un souvenir de Lolapalooza, un refresco en lata gratis o para ver a su ídolo entre los youtubers. Un mundo de jóvenes que, al  igual que sus coetáneos chilenos, delira por un celular de alta gama y una zapatillas de marca. Un mundo para el cual la vida se reduce a juntar plata en trabajos en negro, asfixiantes y mal pagados, para ocupar un lugar que uno imagina comoinalcanzable. Porque,  para ellos, desde luego, es mejor tener que ser.  Están convencidos que el lugar y el respeto en la sociedad mezquina que viven se gana de esa forma

A la caída del sol, los tres (o cuatro o cinco) Chiles se separan y como dice la canción “La fiesta” de Serrat, cada uno vuelve a su lugar. “Vuelve el pobre a su pobreza, vuelve el rico a su riqueza y el señor cura a sus misas…”. Y entonces ves las gigantescas filas de autos saliendo del mall y enfilando raudos a sus hogares, llenos de bolsas con compras muchas veces prescindibles. Y ves a los centenares que marchan hacia el metro o a las decenas de paraderos de micros, que los llevan a sus destinos. Dos o tres horas después arriban a Maipu, Pudahue, La Pintana, San Bernardo, La Pincoya, La Granja, Conchalí, Quilicura o cualquier extramuro para, al día siguiente, al alba, partir otra vez a ganarse el difícil pan nuestro de cada día.

Y, así día tras día, cada Chile sigue sin rozarse con los otrosChile porque algunos –los menos-, ofician como el peor ciego que no quiere ver, y los más ven, pero ni la más grande imaginación les permitiría dimensionar la distancia que hay entre sus distintas  formas de vida. Y no pasa nada. El país sigue caminando a un paso que cree que es el normal. Nadie se rebela, Nadie se enrabia. Nadie sufre su día de furia. Nadie piensa en cómo cambiar esa realidad y, menos aún, en la causas de ella.

En lo que sí todos coinciden en que es maravilloso que haya gente tan exitosa como el dueño del mall y que les de trabajo. Y que, desde luego todo lo malo es culpa de “los políticos” y que quien se elija, ellos siempre tendrán que trabajar igual. Porque el mundo es y siempre ha sido así.

Patricia Collyer
Patricia Collyerhttps://pagina19.cl
Periodista y Psicóloga.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.

Últimas Noticias

Mapa Nutricional Junaeb registra leve alza en malnutrición por exceso y disminución de grupos con déficit alimentario

Se observaron alzas en sobrepeso (+0,3 p.p.) y obesidad (+0,6 p.p.), mientras que los estudiantes con peso normal disminuyeron...

Memoria mapuche y desafíos socioambientales en Temuco y Padre Las Casas: diálogos sobre patrimonio ancestral e interculturalidad

El próximo sábado 5 de abril a las 17:00 horas, el Salón de Reuniones del Espacio Educativo Nor Fën...

Cesantía y crisis de la masculinidad proveedora

El daño que ha generado el patriarcado en las relaciones humanas y en el cuidado de la vida del...

«Después de los 60 hay que aprender de nuevo a hacer el amor»: Un libro que rompe tabúes y celebra la sexualidad en la...

«Existe la creencia cultural de que en ese momento prácticamente ‘se acaba la vida’, pero no es así”, dice...
- Advertisement -spot_imgspot_img

Robo de cables eléctricos llegó a mil 200 casos y afectó a más de 540 mil clientes durante 2024

La sustracción de casi 600 kilómetros de líneas eléctricas afectó a hogares, escuelas, postas rurales y servicios críticos. El...

Videoclip explora el “Sentido de la Lentitud”

El realizador Tomás Schüller busca plasmar en imágenes el trabajo interpretado por el contrabajista venezolano Alejandro Sepúlveda y creado...

Debes leer

Falta de Protocolos: Jóvenes Deportistas Chilenos Contagiados en Campeonato de Natación en Buenos Aires

Gran preocupación ha generado el contagio de Covid-19 en...

No hay primaria sin segunda: De las primarias municipales a los acuerdos regionales

Las primarias municipales desplegadas hasta el 9 de junio...