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El sexo: ¿pan comido?

Imagen: Vlada Karpovich (Pexels)

 

Paradojalmente, uno de los principales problemas que suelen surgir en el ámbito de las relaciones humanas es creer que el sexo es “pan comido”. Que todos nacen sabiendo y que no hay nada que aprender, solo fluir. 

Pues, no es así. Baste pensar lo difícil que es una respuesta precisa y honesta ante la pregunta que muchos y muchas se hacen entre amigos: “¿Y era “bueno(a) para la cama”? Imagino que pocos han entregado el veredicto a quien correspondía: el partner sexual. 

Porque en Chile, este asunto es como muchos otros temas que se susurran pero no se hablan a la cara. De pronto, si a una mujer la califican de “buena para la cama”, pueden estar insultándola o endiosándola, de acuerdo al cristal moral o cultural con que se mire. Si a un hombre lo califican de “malo para la cama”, lo pueden estar lapidando por siempre sin pensar que el sexo es como la vida, en perpetuo cambio y crecimiento. Y quién hoy es “malo para la cama” mañana puede ser sensacional con otra pareja y en otra circunstancia.

En el ámbito del sexo hay mucho mito. Y mucha ignorancia. Y, a veces, mucha mala leche. Lo que si es claro es que el sexo es vital para la salud física y mental. Como señalan quienes han medido sus efectos en forma científica, “un coito apasionado aumenta al doble el nivel de estrógeno, activa el riego sanguíneo con un efecto reparador, arrincona los miedos, y actúa a través de la avalancha hormonal de forma relajante a través del cuerpo, mientras la oxitocina nos hace sentir seguros y unidos a nuestra pareja”. 

El juego surge en el juego

A pesar de los beneficios que acarrea, se observa una baja periodicidad del sexo en parejas estables. Algunos sustentan esto en la idea que “lo único que debe ser espontáneo es la sexualidad”. Pero resulta que el sexo es como todo en la vida y la verdad es que “el juego surge en el juego”, como en la dinámica de los niños. Puede que ni hayamos pensado en que hoy jugaríamos a las escondidas pero, empezamos a escondernos y empezó el disfrute. 

El sexo es una necesidad del ser humano pero no se comporta de manera instintiva como otras necesidades fisiológicas. Si no dormimos, morimos. Si no comemos, ocurre lo mismo. Pero si no tenemos sexo, seguimos viviendo, tal vez con un nivel hormonal reducido y una menor calidad del esperma, pero sin consecuencias dramáticas.

Por eso, para tener sexo hay que abrirse al juego y estimularse. El sexo no es una obligación pero tampoco hay que suponer que el deseo te sorprende en cualquier momento. Hay que buscarlo, hay que salir del lugar de confort. 

Más aún si tenemos en cuenta que hay un mecanismo fisiológico que explica que, si dejamos de tener sexo, dejamos de necesitarlo. Tal cual. Diversos estudios han señalado que el deseo sexual y la frecuencia en el coito están directamente relacionados. Por ejemplo, si una persona tiene sexo dos veces a la semana, cuando disminuya la frecuencia, sentirá un deseo sexual intenso. Pero, si no retoma las relaciones sexuales por un periodo prolongado, el deseo disminuirá y puede llegar hasta desaparecer. Esto tiene también su lado B: mientras más sexo tenemos, más sexo queremos. Así lo investigó la antropóloga Helen Fisher, quien lo puso en forma gráfica: “El sexo es como el chocolate, cuanto más se tiene, más se quiere”.

Hay que aclarar sí que la mujer vive de manera distinta –fisiológicamente hablando- la abstinencia sexual. Aunque hombres y mujeres cuentan con el mismo mecanismo evolutivo, ellas tienen más posibilidad de poner a raya el apetito sexual en momentos de escasez. Para la mujer, si no hay estímulo (un hombre a la vista) por un largo periodo de tiempo, la excitación sexual desaparece y se desvanece el deseo imperioso. Aquello de que cuanto menos sexo se practique, menor será la necesidad rige para hombres y mujeres pero parece ser más fuerte en el género femenino.

Mi mamá, mi hermana y “las otras”

Para un buen sexo también es indispensable dejar las inhibiciones y las culpas en el cajón de las cosas a botar por feas e inservibles, algo que rige para ambos en la pareja. El hombre tiene que dejar de dividir a las mujeres en “mi madre, mi hermana, mi esposa y las otras” y disfrutar el sexo con su mujer como si fuera de “las otras”. Y la mujer debe adquirir la certeza que al hombre le encanta no solo que lo acompañe en sus fantasías sino que le abra la mente a otras tantas de su cosecha. Muchos hombres señalan que “mala para la cama” es la mujer que pone trabas y se niega a experimentar en el dormitorio o que parece tener sexo por obligación. Muchas mujeres dicen que malo para la cama “es el hombre que no indaga lo que te gusta y por ende, no tiene claro como excitarte ni parece preocupado de tus ritmos”.

Asimismo, el camino para el buen sexo apunta a aceptar que hay diferencias fisiológicas y especialmente culturales entre hombres y mujeres, por lo que hay que saber negociar el punto medio. Por ejemplo, las conductas y caricias previas donde –si es por preferencias- no hay mucho acuerdo. Como lo dijera la escritora Isabel Allende, “para las mujeres el mejor afrodisíaco son las palabras, el punto G está en los oídos y el que busque más abajo está perdiendo el tiempo”. Y no se trata de las cosas que la mujer desee escuchar durante los preámbulos (que ojalá tengan que ver con amor) sino mucho antes. Una frase dicha al desayuno, un whatsapp romántico al mediodía, un gesto tierno y excitante al llegar del trabajo. 

La psicóloga Marianne Leyton entrega otro dato clave. Señala que las mujeres funcionan en relación a procesos y los hombres, a objetivos. “Por esto, para ella son tan importantes los gestos, las atenciones y la manera cómo su pareja la trata”. Si últimamente la pareja no la ha hecho sentir querida, valorada o deseada, rechazará el sexo. En el hombre, en cambio, la capacidad de excitación está ligada a lo que pasa en el momento del encuentro sexual, “por ello, será capaz de seguir hacia su objetivo, que es el logro del placer y el orgasmo”.

Otros estudios han detectado las diferencias de género a la hora de las caricias previas. Se señala que un 30% de las mujeres preferiría los besos en la boca durante la relación sexual mientras un 50% de los hombres disfrutaría más la estimulación oral de los genitales. Un escaso 16% del sexo masculino coincidiría con la preferencia femenina. Pareciera que el cerebro de los hombres se rige por patrones algo distintos cuando se trata de la conducta sexual. Mientras la mujer necesitaría más del amor o del sentimiento afectivo para poder excitarse sexualmente -y sería a través del romance y las manifestaciones de amor de su pareja que la mujer bajaría sus barreras de pudor y podría excitarse y expresarse sexualmente-, el hombre entraría al encuentro pensando en el sexo y, a través éste, se iría “ablandando” afectivamente.

Como tocar un instrumento

Es crucial también aceptar que el sexo se aprende y se entrena. Lo que conlleva una inmensa cuota de comunicación, algo que es más necesario aún si se está iniciando una relación porque, así como nadie sabe cómo funciona una lavadora nueva si no lee el manual, tampoco puede saber cuáles son las preferencias del nuevo compañero sexual. El sexo no es pan comido. Es una materia que necesita práctica y aprendizaje continuo. Es como tocar un instrumento.  Para saber tocarlo, es necesario un período de entrenamiento.

El buen sexo también requiere concentración, relajación y mucho humor. Hay que reírse mucho de ambos y entre ambos. Como se sabe, reírse pone en tensión los músculos de la vagina, lo que también es placentero para el compañero sexual. También es importante dejarse llevar, estar entregado a lo que se está viviendo, y no pensar en lo que está pasando. “Meter la cabeza” es fatal para el devenir de la pasión, como lo saben mucho mejor las mujeres.

Desde luego, no aporta al buen sexo tratar de asumir un rol que no corresponde. Como pregonar que “siempre es bueno tener sexo porque así se evita que salgan arrugas”. Tratar de ser “como los hombres”, es decir justificar encuentros sexuales del tipo que dicen practicar los hombres -sexo por sexo- no ayuda en nada porque la conducta sexual femenina es mucho más compleja y sofisticada. 

De partida, requiere de alguna conexión emocional. No basta el vínculo sexual. El mundo femenino no vive el sexo genitalmente. Necesita relaciones sexuales con “cuento”, con romanticismo, con vínculo afectivo (aunque sea esporádico), con fantasía, con proyección (aunque sea finita).  Fisiológicamente, la respuesta sexual femenina es también menos básica. Por ejemplo, los hombres tardan unos 10 segundos para lograr una erección y pueden alcanzar el orgasmo solo con la estimulación del pene, quedando satisfechos con la penetración y la eyaculación. Las mujeres, en cambio, necesitan más tiempo para excitarse y, por supuesto, requieren otro tipo de estímulos aparte de los visuales, como caricias sensuales y cariñosas en todo el cuerpo, especialmente en las zonas erógenas (cuello, pezones, orejas, pies, entre muchas otras, muchas más que las de los machos). 

No les basta la estimulación de sus genitales. También influye el orden en que cada parte de sus órganos sexuales es acariciado y no hay una única secuencia que sea siempre igualmente efectiva para la excitación. Además, la mujer requiere para un orgasmo satisfactorio caricias antes, durante y después del coito y generalmente no lo alcanza con el mero estímulo del pene en su vagina. También necesita que su clítoris sea estimulado mientras la penetran. 

El sexo sin alma ni corazón parece ya no bastarles a las mujeres. Hay muchos  estudios que señalan que las mujeres tienen mucha más intolerancia al mal sexo o al sexo vacío, padeciendo esto en porcentajes muy superiores a aquellos que se dan entre los hombres. También ocurre con la baja del deseo (también llamada “pereza sexual”) o falta de éste. 

Estudios recientes han dado cuenta que a un porcentaje significativo de mujeres no les importa dejar de tener sexo, incluso de por vida, especialmente mujeres jóvenes. Ello porque parece estar aumentando la valoración del vínculo emocional por sobre el sexo ocasional. Algunos investigadores relacionan esto con fenómenos como la mayor selectividad afectiva. Muchas mujeres dicen que ya no sienten presión por tener relaciones sexuales solo porque “es lo normal”. Prefieren esperar hasta sentir confianza, admiración o un vínculo significativo con la otra persona.

Hay también un replanteamiento de la sexualidad. Tras décadas de la “liberación sexual” que dio la píldora, muchas mujeres sostienen hoy que la verdadera libertad también incluye decir “no” al sexo casual si no les resulta satisfactorio emocionalmente. Por cierto, también hay cansancio con las aplicaciones de citas. Estudios y encuestas hablan de que una parte importante de las usuarias reporta fatiga, decepción o frustración por la superficialidad de muchas de dichas interacciones. 

En muchos países, las mujeres tienen más independencia económica y social  lo que hace que no sientan la necesidad de mantener relaciones sexuales o de pareja solo para cumplir una expectativa social. Se ha observado que en varios países occidentales, las generaciones más jóvenes tienen, en promedio, menos relaciones sexuales que las generaciones anteriores a la misma edad. Este fenómeno ha sido llamado la “recesión sexual”.

Deseo inducido

Otro tema que también se ha estudiado apunta a que, pasado un tiempo de relación, a las mujeres no les hace falta el deseo para excitarse. Se ha visto que en los primeros años de una relación, el deseo (que se da a nivel cerebral) siempre precede a la excitación (que ocurre a nivel genital). En los hombres esto no cambia (la testosterona estaría ligada a ello) pero, según especialistas en el tema, al cabo de unos dos años de relación, aproximadamente, un 50% de las mujeres ya no sentiría deseo en forma espontánea. 

La pasión puede disminuir o irse apagando lo que no quita que, si se las estimula, las mujeres disfruten el sexo. Es decir, en ellas la excitación pasa a preceder al deseo. Ahora, esto no ocurre en el aire. La rutina, los problemas de pareja, el aburrimiento, la insatisfacción sexual pueden ser los factores que apaguen el deseo porque es claro que muchas mujeres sienten “pereza” sexual solo dentro de su fome relación estable de pareja…

Los seres humanos debieran asumir con plena libertad que el sexo es grato cuando es casi una “experiencia religiosa”, en el sentido que es una experiencia donde se disfruta de verdad solo si se mete alma, corazón y cuerpo. Ese camino pareciera ser más libre y liberador que practicar un “sexo pelado”. Tal vez muchos preferirían estar más arrugados pero más plenos…

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