Economista, Instituto Igualdad
Todos nos preguntamos cómo es posible que después de la terrible tragedia de la segunda guerra mundial con decenas de millones de muertos, países y valiosos patrimonios de la humanidad destruidos, hoy estemos en las puertas de una tercera guerra mil veces más demoledora y mortal.
Los expertos en geopolítica van examinando el mapa mundial y observan un planeta amenazado por guerras locales que van ampliando su escala hasta comprometer continentes y más. El poder militar es un factor determinante y la guerra comercial un arma no menos letal que ha sido llevada por sus efectos a un punto nunca visto, en gran medida, debido a la interdependencia económica que ha producido el proceso de globalización.
Teniendo frente a nuestros ojos el genocidio en Gaza, mostrándose en vivo la crueldad más ignominiosa llevada a cabo por un poderoso ejército ante un pueblo desarmado, hambriento, mutilado, arrinconado en los restos de lo que fueron sus hogares destruidos con bombas y tanques, no tiene más opción que huir hacia las fronteras para poder sobrevivir al exterminio emprendido por un gobierno neonazi en complicidad con su aliado incondicional que lo provee de armas y blindaje político.
Asimismo, en otro continente, el pueblo ucraniano se ve enfrentado a una guerra sin cuartel que vive una ocupación militar que ha logrado apoderarse de vastos territorios invocando una estrategia de defensa frente a los gobernantes “nazis” de Ucrania ligados a potencias de la UE que haría posible un avance de occidente en territorio ruso con el poder militar de la OTAN. Se repite el perfil de gobiernos con una estrategia neonazi, tanto de un lado como del otro. Ocupar territorios y ampliar la zona de dominio en un planeta cuyo territorio se hizo muy pequeño para algunos países.
Pero, qué pasa con EEUU., qué quiere cambiar Trump en política y comercio internacionales, porqué un cambio tan drástico, de qué será responsable con su poder hasta ahora, con el estupor del mundo, sin contrapeso.
Trump siempre ha imaginado que cobrar aranceles es un buen negocio para EEUU, lo pensaba incluso antes de ser presidente. Contra la opinión de muchos economistas y de la política económica dominante de libre comercio, quiere enfrentar el oscuro futuro de EEUU impulsando una estrategia contraria a las de sus predecesores.
Las finanzas públicas cada año más cercanas al default, el endeudamiento casi 1,5 veces el PIB, el creciente déficit comercial y la irrupción de China como un competidor imbatible en el comercio sin aranceles, ha llevado a Trump a declarar una guerra comercial contra el resto del mundo vía aplicación de aranceles para evitar el quiebre del sistema, junto con reducir el gasto social interno como también los recursos que EEUU ha proporcionado en el exterior, especialmente, a organismos de las Naciones Unidas y su aporte a la OTAN.
Pero, para incentivar la inversión y la producción en su territorio – y no fuera de su país – la rebaja de impuestos ofrecida a las grandes empresas tendría sus eventuales efectos en un plazo superior al mandato de Trump, sin asegurar con ello que la competencia con China y los países emergentes sea ganada ni que con el crecimiento de la economía de EEUU se puedan generar los recursos para sanear las finanzas públicas.
Por otro lado, sin abandonar sus intereses en el negocio inmobiliario, Trump ha dejado de manifiesto su afán expansionista y comercial en cada guerra donde se ha involucrado y en varios territorios como la anexión de Canadá y la compra de Groenlandia. Para coronar su intervención, como monarca autoproclamado del mundo, se postula a sí mismo en el podio de la ONU como un merecedor del premio nobel de la paz.
Estamos en presencia de un individuo que se yergue por sobre la humanidad y de su máxima autoridad la ONU, presumiendo ser el único capaz de resolver en pocas horas una guerra o una disputa entre países. Se introduce en ello sin que nadie lo llame para actuar como mediador, incluso, yendo más allá como juez y parte, mostrando una enfermiza necesidad de ser el centro de todo lo que acontezca en el mundo, pero, sin demostrar consistencia ni capacidad para lograr lo que ofrece.
Este siervo de la paz, sin embargo, muestra toda su ferocidad con cualquier pretexto para intimidar y lograr amedrentar a pueblos indefensos poniendo frente a ellos una amenazante presencia militar, incluyendo su poderío atómico. Así, con la excusa de terminar con el narcotráfico que se introduce en EEUU lo declara un enemigo terrorista y se arroga el derecho de invadir el territorio de cualquier país e incluso derribar gobiernos que acuse de estar coludidos con esas organizaciones criminales.
En lo interno, EEUU vive una grave represión a los inmigrantes, xenofobia, racismo, el menoscabo de los derechos humanos, la militarización del control social y, según lo anunciado últimamente por su gobierno, la intervención militar en ciudades peligrosas, lo que da cuenta de un abuso de poder que no tiene parangón, salvo, la repetición de la aventura nazi que originó la segunda guerra mundial y que ahora puede provocar una tercera guerra capaz de terminar con la vida del planeta. Ojalá no sea demasiado tarde para juzgar los crímenes de guerra y de lesa humanidad de lobos que se camuflan de pacíficas ovejas.
Aún hay tiempo para que los países en bloque a través de la ONU detengan los planes y acciones de esta nueva barbarie nazi, no es confiable la paz en Gaza sin la presencia de la ONU en la concreción de los posibles acuerdos que aseguren el derecho de los palestinos a existir libremente, sin la amenaza de que sean expulsados de sus territorios o acribillados con bombas y balazos sin capacidad alguna de defensa.
