
Analista político y sociólogo.
Gobernar es hacerse cargo, no únicamente representar. Para oponerse a lo que existe no se necesita acceder al poder, si se postula a alcanzarlo es porque se tienen soluciones, no sólo quejas.
Cada nueva administración se inicia con el impulso que hereda de la campaña, pero esto tiene un límite que coincide con el término del proceso de instalación. Después del primer trimestre la comprensión ciudadana se empieza a agotar y luego de medio año ha desaparecido por completo.
La administración Boric llegó en medio de múltiples crisis que su antecesor dejó sin resolver o se venían agravando. Las coaliciones tradicionales no parecían capaces de hacerse cargo, se escogió la alternativa sobreviviente.
Llegar al poder inesperadamente en una situación normalizada es una cosa, hacerse cargo de una crisis en crecimiento es algo bien distinto.
Venimos de un período altamente convulsionado, los temas abiertos a la espera de buen tratamiento se han multiplicado y las perspectivas futuras son cada vez más acotadas. A los gobiernos no se les tiene mucha paciencia.
Pero el tiempo no ha pasado en vano y, finalmente, el gobierno se afiató. El cambio de gabinete surtió efecto, el equipo político se estrenó sin repetir los errores del principio y son varias las carteras sectoriales que están mostrando solvencia en el desempeño de sus funciones.
La derecha se desplegó en una fuerte crítica a Boric y al manejo del 18-O, pero la verdad es que la prueba fue superada. El gobierno se vio manejando la situación, coordinado con la policía y los mensajes emitidos fueron adecuados.
Hay que entender que en materia de seguridad no hay manera de salir ganando, a lo más se empata. Por supuesto, es muy importante que los hechos delictivos y vandálicos, así como el número de víctimas y los focos de conflicto, se hayan reducido en un tercio respecto del año anterior.
Lo que sucede, como siempre, es que las estadísticas no le sirven de consuelo a las personas que sí se vieron afectadas con los desmanes y por las situaciones de violencia. Puede que sean menos, pero son igual víctimas.
Después de esto sería raro que los dolores de cabeza del oficialismo provinieran de la gestión, más bien se concentrarán en su relación con el Parlamento, las bancadas propias y ajenas, pero sobre todo con sus coaliciones.
El gobierno está cumpliendo con sus funciones y ahora que tocó asegurar el orden público lo ha conseguido, en lo que se le podía pedir que cumpliera. Sin embargo, encabeza coaliciones heterogéneas y es este cumplimiento el que no es del agrado de todos. Por eso ha llegado el punto de tener que decantarse.
Los gobiernos deciden y al decidir no pueden dejar a todos contentos. Por eso el Ejecutivo puede soportar las críticas de la derecha, pero ha de temer en mayor medida un creciente repudio proveniente de una parte de la izquierda.
Cuando Daniel Jadue dice que hoy “la represión sigue intacta”, no está haciendo una crítica injusta, es coherente con una posición política que no está siendo representada por el gobierno de Boric y que no puede serlo en el futuro. La duda no está en saber si esto llevará a la ruptura, sino cuando acontecerá.