sábado, abril 5, 2025
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Progresismo y Medio Ambiente en Chile: Es Urgente un Giro Copernicano Hacia la Vida

Crédito Foto: Patricio Muñoz Moreno

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El neoliberalismo chileno entiende el medio ambiente y la naturaleza como una bolsa infinita de recursos para la extracción de renta y un depósito inacabable de desechos del consumo y la producción. En las últimas décadas el centro de las políticas ambientales ha sido regular el uso de recursos y, por otro lado, tratar de controlar el impacto ambiental de unas pocas explotaciones imperfectamente normadas.

El resultado es un deterioro progresivo ambiental del país y la consolidación de la defensa ambiental como un componente irrenunciable de la política, la sociedad y las comunidades territoriales. Los indicadores ambientales del país muestran un deterioro creciente, lo que aunado al insostenible daño producto del cambio climático lo conduce a su mayor desastre en su historia.

Extinciones de especies, incendios forestales, desaparición progresiva del agua, contaminación, saturación vehicular, daño electromagnético, narcotráfico creciente en la trama social y la corrupción política, son algunos de esos síntomas.

​El viejo episteme ambiental de regular el uso y evaluar el impacto sobre el cual hasta ahora se ha sustentado la política ambiental,ha demostrado que no da el ancho para una vida decente y democrática en el Chile actual. La vida en el futuro,sino hacemos cosas drásticas está aún más hipotecada.

El ambientalismo regulador y descontaminador ha muerto como herramienta central de diseño e implementación de políticas públicas, así como de estrategias de trabajo de organizaciones privadas y de la sociedad civil.

Resabios quedan en aquellos que apuestan solo al Sistema de Evaluación de Impacto Ambiental (SEIA) o que prohíben bolsas plásticas o que estimulan el reciclaje, sin poner el ojo en lo esencial: un modo de producción y de consumo que profundiza día a día el daño ambiental y emocional del mundo y las sociedades.

Asimismo, la búsqueda de renta fácil corrompe en su camino al poder político. Angustia por desempleo, ansiedad de consumo, estrés por ruido, conflictos ambientales, síndrome pre-apocalíptico y segregación ambiental son el pan decada día. La sociedad chilena  se enferma cada día más.

Rol del Progresismo

La centroizquierda chilena en sus gobiernos pasados no ha podido superar la trampa epistemológica en que ha estado inmersa: el modo de producción y consumo neoliberal que también ella apadrinó en la sociedad chilena, la educación asociada al consumismo y el conjunto de valores posmodernos individualistas,sobre los cuales no ha reflexionado ni hecho tampoco crítica alguna.

Hay un profundo pecado original en ella, pues históricamente desde los Socialismo reales nunca consideró la variable ambiental en su doctrina ni en sus políticas. Al igual que el pensamiento económico clásico, la izquierda institucional ha estado prisionera sólo del capital y trabajo en sus formulaciones y decisiones económicas.

Con esa herencia teórica, el izquierdismo latinoamericano, preso de su deseo de progreso económico para el pueblo, desdeñó gravemente los temas ambientales, porque según ellos primero había que hacer que el pueblo, que nunca había consumido, lo hiciera…. al estilo del capitalismo tardío.

En Brasil, por ejemplo, con millones de pobres sacados del infraconsumo por los gobiernos progresistas, estos fueron transformados en súper consumidores, con el consabido efecto ambiental, con políticas públicas a su vez incapaces de detener el deterioro infernal de recursos naturales y la producción de desechos.

Esa sabida codificación ambientalmente insolvente comenzó tempranamente a ser resistida por el Progresismo Ciudadano en los años 90. Pero, entonces,fuimos considerados como un lomo de toro por el Progresismo Neoliberal, pues a sus ojos con nuestros reclamosenlentecíamos la velocidad con que el capital quería crecer y sus gobiernos “desarrollar” al país.Ya no éramos sospechosos sólo para las derechas, sino para todas las izquierdas institucionales en el poder.

​El resultado de la incapacidad de estas para solucionar adecuadamente el problema ambiental, ha sido la incorporación masiva de la conservación del medioambiente en la consciencia ciudadana actual, hasta transformarla en contracorriente política mayoritaria al productivismo capitalista actual.

Esa obstinada forma o modo de producción ha terminado por matar la gallina de los huevos de oro del mismo capitalismo: el crecimiento económico. Ya no hay renta natural fácil de extraer, porque de a poco lo han depredado todo y tampoco se puede contaminar impunemente, ni la sociedad permite seguir creando refugiados ambientales a diestra y siniestra.

El crecimiento económico neoliberal se ha ralentizado. Pero en el intertanto los dueños del capital, los aseguradores de la propiedad, de los flujos y la renta neoliberal, modelaron un edificio legal fuerte en Chile, que es un gran obstáculo para tener un mejor destino diferente como país.

Leyes, sistemas de evaluación, instituciones y cerebros han sido modelados para mantener un objetivo ahora insostenible: la actual forma de producción y consumo origen de la actual crisis ambiental y de la mala sociedad en que vivimos.

​En esa perspectiva, si el Progresismo Ciudadano quiere ser mayoría política futura ante la nueva sociedad chilena,debe asumir como base de su política ambiental un nuevo episteme ambiental. Uno que no tenga cartas ocultas ni letras chicas bajo la manga o que sea más de lo mismo.

Uno que sea un giro copernicano para instalar una nueva forma de hacer sociedad. Uno con una perspectiva ambiental en que todas las vidas sean el centro (biocéntrica) y no homocéntrica en las decisiones políticas y ambientales del país.

El Progresismo Ciudadano con la crisis ambiental ha aprendido dolorosamente que la naturaleza no es para enseñorearnos, sino para convivir sosteniblemente con ella, porque la vida es sistémica e interrelacionada. Todo depende de todo. Asumir esto tiene consecuencias políticas inmediatas en la sociedad, en lo que debería ser su bandera central de lucha: la calidad de vida y no el consumismo.

Una parte del giro pasa por otorgar un valor no económico a los otros miembros de la naturaleza y el medio ambiente, otorgarles derechos. En el plano moral con los animales no humanos,significa otorgarles el valor de animales sintientes. En el plano del consumo, volver a la vieja y sabia norma de primero las necesidades básicas, abandonando progresivamente el enfermizo superconsumo actual.

En el plano de la inversión, hacerlo como un país ambientalmente consciente: obligar a los dueños del capital a hacerse cargo de sus desechos y de lo que llaman “externalidades” ambientales, que ellos mismos provocan, como la dramática plastificación de la naturaleza actual.

Hay que impulsar una Economía Regenerativa, cuyo objetivo central sea la restauración social, ambiental y mental del país.Una política ambiental que en el plano de la naturaleza preserve la Herencia Natural de Chile, tan abandonada y expoliada hasta hoy. El Progresismo no puede volver a cometer el error de ofrecer nuevamente una vía ilimitada al consumo patológico, sino más bien inaugurar, notoria y públicamente, un nuevo camino hacia una sociedad antineoliberal, democrática, organizada, mentalmente sana, ambientalmente fuerte y limpia, es decir, con futuro.

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