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Temporada De Lobos

 

Si tú preguntas, pocos se confiesan lobos. Más bien, la mayoría se autodefine como “ovejitas” que a veces deben disfrazarse de lobos para “defenderse”, para “sobrevivir”, para “no exponerse imprudentemente al daño”.

Está claro que vivir como buenas ovejitas no parece ser rentable. Aunque a todos nos enseñen desde la tierna infancia que hay que ser buenos, bondadosos, solidarios, generosos, libres de envidias, muy luego se aprende en la vida que los lobos se comen a las ovejas en cualquier vuelta de esquina. Y entonces se hace necesario comprarse un disfraz de lobo para usarlo de cuando en cuando. El problema es que los lobos se disfrazan de ovejas. Y, peor aún, poseen el fuerte olfato del lobo para distinguir a las ovejitas, aun cuando anden camufladas, y darles el zarpazo sin previo aviso.

Estamos viviendo la era de los lobos. Y de Caperucitas que se unieron a ellos para comerse a abuelitas por doquier. Recordemos que Elon Musk desde Obama, siempre votó demócratas y ahora hizo campaña por Trump. Tenía mucho que arriesgar: sus multimillonarios contratos de Spacex o Tesla con el gobierno estadounidense bien valían una misa…Sin hablar de su poderosa red X. También podemos recordar al otrora emblemático diario The Washington Post, propiedad de Jeff Bezos desde 2013. A la luz de las encuestas previas, el también dueño de Amazon no estaba para agarrarse a cachetadas con el candidato republicano. Era la hora de un cómplice silencio que bien vale como cariñosos besos lanzados al lobo.

Como dice el tango “Cambalache”, el mundo fue y será una porquería. Pero la realidad que hoy vivimos nos hace añorar lo que creímos eran tiempos oscuros. Para muestra un botón: una jovencita española declaró en estos días en Tik Tok que las tres mejores cosas de la vida eran los seguidores en las redes sociales, “porque no son dinero pero lo aseguran”; el dinero, desde luego, y la ropa, “porque permite ganar más seguidores por lucir bien en las redes”.

Este decidor testimonio da cuenta de los valores que nos gobiernan en la era de los lobos. Los valores que “la están rompiendo” en el planeta entero y que muestran una humanidad arrasada por antivalores, por posturas políticas e ideas inconcebibles hace un par de décadas. Una era donde lobos como Trump, Netanyahu, Milei, Bolsonaro, Putin, Maduro, Kast, Hermosilla, Guerra (por dar algunos ejemplos cercanos) se abren camino a través de la mentira, los negocios corruptos, el engaño descarado, la estafa como forma de vida. Una era donde seres humanos rudimentarios hasta la médula se ganan la adoración irracional y la adulación incondicional de huestes irreflexivas y fanáticas cada vez más numerosas. Fue lamentable ver a masas de inmigrantes cubanos apoyando y haciendo triunfar a un candidato que ha tenido dos esposas inmigrantes y que declara que en el primer día de su nuevo gobierno comenzará a deportar inmigrantes ilegales. Lobitos cubanos aliados del gran lobo porque no quieren que nadie más pueda obtener lo que ellos lograron hace décadas al inmigrar a la tierra prometida. Seguidores que quieren creer a pies juntillas en el lema “Hagamos América grande otra vez” aunque ello implique el sufrimiento y la condena de millones de desposeídos a partir de políticas públicas sanguinarias.

Vivimos una era donde los lobos de hoy practican el mismo genocidio del que fueron víctimas hace poco más de 60 años. Una era donde otros lobos en puestos de poder miran impávidos ese exterminio de palestinos a manos de sus vecinos israelitas. Una era donde la codicia y la crueldad se entrelazan para destruir a pueblos desvalidos en decenas de rincones del orbe. Seres humanos arrodillados y acribillados por parte de lobos que actúan con total impunidad, sin prensa, sin voz, sólo apoyados por grupos que reclaman impotentes ante la barbarie cotidiana.

Vivimos una era donde los lobos entran en manada a un país como el nuestro para hacerse, en forma despiadada, de territorios nuevos y extender sus bandas de crimen organizado. Lobos que no trepidan en nada y que han borrado de cuajo nuestra tranquilidad, nuestra antigua forma de ser y vivir, aliados con lobos locales que saben que, a rio revuelto, ganancia de pescadores. Y donde los lobos VIP que claman por seguridad ciudadana arremeten, con impactante hipocresía, contra el presidente y su gobierno, armando acusaciones infundadas para desviar la atención de sus propias fechorías, con la complicidad de los grandes poderes facticos como una prensa uniforme y un empresariado rapaz. Sin contar con que hay que ser muy descarado para predicar la no violencia cuando se tiene tal tejado de vidrio. ¿U olvidan que fueron ellos o sus antecesores quienes utilizaron el crimen, la tortura, la desaparición, el exilio y otras forman de brutal violencia para derrotar a un país desarmado y sostener una dictadura durante 17 años?

Las Caperucitas chilenas no dejan de hacer el juego a esos lobos. Lo hacen con su ilimitada falta de crítica, su mala leche -supuestamente ingenua-, su viralización de las falsedades que brotan a borbotones de las redes sociales y, desde luego, su adhesión a valores como la falta de empatía, el egoísmo, el individualismo. De otro modo, ¿cómo se puede entender, por ejemplo, que tenga tanta resonancia el comercial sobre no destinar ni un peso del 6% adicional a otros compatriotas que tienen menos? La solidaridad y la generosidad están por el suelo en el Chile de hoy. Y eso que estamos llenos de cristianos que van a misa y se golpean el pecho…

Da miedo observar en lo que se ha convertido la humanidad. Uno tiende a pensar que tanto avance tecnológico ha sido un arma de doble filo. Nos hemos convertido en zombies que deambulan pegados a sus celulares, hipnotizados por las redes sociales, ultrajados y devorados por una sociedad que deposita toda su fe en la tenencia del dinero. Ya no importa ser, sino tener. Un chico o chica reality es un ejemplo de éxito, al igual que un “influencer” o un “generador de contenidos” (¿qué contenidos?), que generan sumas exorbitantes cada mes por solo promocionar marcas o vender imágenes de su cuerpo a suscriptores. Casarse con un futbolista es el sueño porque asegura plata. Casarse con un profesor o un carpintero es una pérdida de tiempo… y dinero.

Así está girando el mundo. Los lobos se han encargado de liquidar los recursos naturales del planeta, de generar la catástrofe climática (para ellos no existe), de alimentar sus bolsillos mediante la provocación de guerras periódicas, de mantener a los condenados de la tierra a ras del suelo, de robarle alas a los sueños y a las utopías, de generar dramáticas certezas, como que las futuras generaciones irán de mal en peor, y ya no volverá a ser como antaño, cuando los hijos podían aspirar a tener una mejor vida que sus padres. Hoy ya no hay para nuestros hijos la ilusión de la casa propia ni el de traer hijos a este mundo porque se les torna imposible en términos económicos. Hoy vivimos el desamparo en pleno descampado.

En definitiva, triunfaron los lobos y las ovejas vamos directo al matade

ro.

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