Economista, Instituto Igualdad
De pronto, nos sorprende cómo determinados individuos, líderes en sus países, pueden electrizar a grandes grupos humanos, incluso a mayorías en países que muestran las mejores condiciones de vida, al menos en lo material, convirtiéndose en líderes indiscutibles que acceden al poder y logran gobernar con el beneplácito de muchos, pese al nutrido historial delictivo de no pocos de ellos.
Cuando un país se ve afectado por crisis aparentemente incontrolables como verse expuesto a una catástrofe natural, una posible guerra en su territorio, a la pérdida del bienestar material, por ejemplo, sin que la sociedad como cuerpo tenga capacidad de reaccionar a través de sus instituciones, vuelca su mirada a personalidades que aparecen como líderes, capaces de enfrentar tales crisis, dispuestos a desafiar todas las reglas con tal de mostrar una salida que prometa una posible solución.
Aquí, la cuestión del lenguaje y la actitud del líder son clave. Todo apunta a precisar los puntos en que se genera la disconformidad, la rabia, el miedo, lo que efectivamente siente la gente que le está afectando. Mientras más cerca del problema de la gente se muestra el relato del líder, mayor es la adhesión que recibe de los afectados.
En momentos de crisis no importa mucho si el líder tiene algo que ver con las causas de los problemas que tiene la gente, como la inseguridad, la corrupción, la exclusión, la pobreza, la inflación. El punto es cómo comunica el problema real y la actitud que asume el líder para ofrecer la solución en el más breve plazo. Obviamente, una cuestión distinta es si la solución que ofrece es factible y no genera más costos que soslayar el problema. En una crisis no hay tiempo suficiente para buscar la eficiencia, y es posible que la eficacia sea la respuesta más sencilla y rápida. Esto, sin embargo, es un caldo de cultivo para el desarrollo de ideas populistas y facilita la aparición de líderes de esa talla.
Si los problemas permanecen sin solución y se agravan por ello, el relato basado en las posibles causas termina por perder realismo, alejándose mucho más de la posibilidad de llevar a cabo determinadas soluciones. El costo de no atender en su momento un problema es probable que lleve a nuevos problemas y a dificultar aún más la solución.
¿Será posible que existan grupos de poder en la sociedad que esperan el momento de que un problema crezca y su gravedad sea tal que ello le facilite usarlo políticamente a su favor?
Es una pregunta pertinente en estos tiempos. Podría parecer maquiavelismo, sin embargo, no se entiende que haya problemas de tal magnitud y alcance que puedan llevar a la inestabilidad social o a una revuelta, cuando la oposición a un gobierno simplemente se niegue a aprobar determinadas iniciativas o que un gobierno no esté dispuesto a impulsar un proyecto para enfrentar esa crisis que beneficie a la mayoría de la población y solucione con prioridad al menos lo más urgente.
La política en estos tiempos ha llegado al cálculo del mejor momento para salir a enfrentar al adversario. La espera del debilitamiento del adversario para dar el golpe es una estrategia repetitiva. Quienes no llegan al padecimiento de la pobreza o a la incertidumbre total de su futuro material pueden esperar en sus aposentos, haciendo uso de su patrimonio o, incluso, ganando más dinero con las necesidades ajenas. ¿Acaso, no es así cuando determinadas empresas se ponen de acuerdo para fijar precios e, incluso con una inflación creciente, manipulan los precios o los gramajes en la venta de los productos para continuar obteniendo las mismas tasas de utilidad o más?
El temor a la guerra
La conveniencia de mantener el temor de una guerra y la necesidad de defenderse lleva a los gobiernos a comprar más armas. La idea de una inevitable guerra a nivel mundial es un tema que ocupa noticieros y reportajes constantemente. Se podría pensar que existen entidades interesadas en impulsar la aparición de conflictos, invocando razones históricas, acciones terroristas u otras, donde se entrelazan intereses de los proveedores de armas con liderazgos que controlan países o regiones dotados o en busca de recursos estratégicos. El perfil de un líder populista puede llevarle a ofrecer acabar o evitar una guerra en 24 horas, consciente del miedo de la gente por las consecuencias que tiene un conflicto bélico para toda la humanidad si se trata de una guerra mundial con el poder militar altamente destructivo existente actualmente.
La evolución de las derechas, en especial de la extrema derecha en el mundo, tiene mucho que ver con el debilitamiento de los sistemas democráticos para enfrentar los efectos de la concentración de la riqueza, la exclusión social, la corrupción, el abuso del poder de las élites, la precariedad laboral y la pobreza, el crimen organizado y el narcotráfico. No se observa ni una mayor ni una mejor relación entre la economía y la democracia que permita asegurar un mayor progreso en esa dirección.
Una contradicción vital se observa en una derecha que busca el mantenimiento de las zonas de confort y de poder de la élite, con lo cual se profundiza la desigualdad y la pobreza de las mayorías, generando inestabilidad y revuelta social. Ello conduce a los sectores conservadores a responder con la política económica neoliberal que promueve el crecimiento económico como la única solución que permite mejorar la situación social y económica de la población.
La política no ha logrado revertir este proceso perverso, pues cada vez que los gobiernos se ven enfrentados a la decisión de utilizar, por ejemplo, los órganos de fiscalización o represivos del Estado para resolver los conflictos que lo ameritan, se argumenta que no se protege la democracia con más represión, o que con ello se destruye el sistema democrático. Con este tipo de disputas se congela la posibilidad de cambio en favor de toda la sociedad, y ganan quienes se aprovechan del fracaso del gobierno de turno para ofrecer un mejor gobierno, sin que ello sea posible en los breves períodos de gobierno y extensos períodos electorales, y menos aún si no se cuenta con un adecuado sistema de accountability para evaluar oportunamente la gestión de un gobierno.
Volviendo al tema de los liderazgos, en las condiciones descritas, es decir, cuando todo indica que poco o nada de las promesas se ha cumplido (o no se han podido cumplir pese a haber sido aprobadas al elegir a un gobierno con su programa y posteriormente ser rechazadas por la oposición en el Parlamento) y ha empeorado la calidad de vida de gran parte de la población con un incremento de la desigualdad, es el momento en que surgen los líderes más peligrosos. Se trata de personajes que ofrecen soluciones mágicas e increíblemente simples, intentando vincular su oferta con un inigualable talento para interpretar a la gente. Mientras más crítica es la situación del país y de sus habitantes y más pertinentes las promesas de un líder populista emergente, mayor es el riesgo de aprobar sus propuestas, especialmente cuando no se cree o se desconfía en los políticos de siempre.
Asimismo, la alternancia en el poder tampoco ha sido la respuesta correcta, toda vez que en el breve plazo de 4 años, como es el caso de Chile, si se quiere implementar un programa de gobierno que normalmente excede ese período para su maduración y, peor aún, cuando el próximo gobierno echa por tierra tales iniciativas y parte de cero, sin poder asegurar un resultado satisfactorio, considerando los plazos y el tipo de oposición que se ha instalado en el sistema político.
Nuestra democracia se ha debilitado notablemente. Lo dramático e inaceptable es que quienes son actores en la política sean los mismos que han ayudado a crear este escenario. De no haber cambios que perfeccionen el sistema político, lo más peligroso en este tipo de alternancia y acceso al poder es que se desacredite la democracia y se impongan líderes populistas, dando lugar a la instalación de gobiernos autoritarios o definitivamente fascistas.
Hoy, vemos que estos líderes no solo pertenecen a la élite, sino que son parte de los multimillonarios del mundo, enriquecidos recientemente y en especial con el desarrollo de negocios en las áreas tecnológicas de última generación, en el sistema especulativo de las bolsas de valores y en la industria de los medios de comunicación de masas con la asistencia de Internet y la Inteligencia Artificial. Si estos líderes logran llegar al gobierno de países ricos y poderosos, el peligro de desestabilizar el sistema mundial de integración, colaboración y gobernanza del planeta se pondría en alto riesgo y la agresión al sistema democrático podría llegar a ser mortal para la paz y la estabilidad social, económica y política de la mayoría de los países.
