Negros. Hombres, mujeres y niños con distintos tonos de negro. Aprendieron a bailar cueca, a cantar el himno  nacional, a trabajar en aquello que los chilenos se resisten a hacer. La sonrisa con la que llegaron, colmada de esperanzas en un futuro mejor, fue -poco a poco- desapareciendo. Su realidad pronto salió a  la luz: hacinados y abusados por inescrupulosos, finalmente apareció la triste y vergonzosa verdad. El racismo puro y duro se hizo sentir. Reclamos porque ocupaban supuestos trabajos de los criollos; porque ocupaban horas en los consultorios; y hasta que eran quienes habían hecho aumentar el VIH en el país. Lo único que faltaba era segregar los buses, como en los años 50 en Estados Unidos. Entonces, surgió el “Plan Retorno” ideado por el Gobierno. Supuestamente voluntario. Que les prohíbe retornar en nueve años, sin que nadie aclare por qué no pueden volver durante tantos años. Tampoco el por qué ellos solamente. Una verdadera deportación encubierta. El “plancito” fue aplaudido por muchos para sacar tanta negrura de la calle. Pero, también rechazado por una mayoría, que tiene claro que el racismo está campeando en  el país y que hay que combatirlo.

Una manera de hacerlo es mostrar la belleza particular de esos inmigrantes que nos guste o no, traerán nuevos colores a nuestra nación. Este trabajo fue realizado por nuestro editor de fotografía, Patricio Muñoz Moreno, da cuenta de ello.