La Red de Trabajadoras Sexuales de Latinoamérica y el Caribe (RedTraSex), presentó el estudio “Aportes de las trabajadoras sexuales a las economías de América Latina” en el marco de la XIV Conferencia Regional sobre la Mujer de América Latina y el Caribe, que se desarrolla en Santiago entre el 27 y el 31 de enero en la sede de la CEPAL y cuyo tema principal es la autonomía de las mujeres en escenarios económicos cambiantes.

Las trabajadoras sexuales dieron a conocer los resultados de la investigación en el Foro de Organizaciones Feministas “Fabiola Campillai”, que es parte de los eventos paralelos de la conferencia y que lleva ese nombre en homenaje a la trabajadora de 36 años que quedó ciega tras recibir el impacto de una lacrimógena disparada por carabineros a corta distancia, en el marco de la protesta social.

El estudio, que se centra en el aporte de las mujeres trabajadoras sexuales a las economías de los países – a partir de los ingresos y egresos que obtienen de su trabajo y que representan un flujo en la economía regional-, evidencia la participación activa de las mujeres trabajadoras sexuales como parte de la población trabajadora, dando cuenta de las consecuencias económicas y sociales que genera la falta de regulación del trabajo sexual, y visibiliza cómo éste es parte del PIB de cada país.

En conversación con Página 19, Elena Reynaga, secretaria ejecutiva de RedTraSex, explicó que hace muchos años participan en las conferencias de la CEPAL “porque es el espacio de las mujeres y nosotras buscamos visibilizarnos como mujeres que tenemos las mismas realidades y necesidades que cualquier otra y acá estamos en el foro de la sociedad civil poniendo sobre la mesa cuáles son las violaciones a nuestros derechos económicos y el daño que hace la clandestinidad en la economía de nosotras”.

Elena inició su activismo en 1994, año en que junto a otras compañeras fundaron la Asociación de Mujeres Meretrices de la Argentina (AMMAR), consiguiendo en 2004 la creación del Sindicato de Trabajadoras Sexuales. En 1997 se convirtió en una de las fundadoras de la RedTraSex, que actualmente reúne a 14 países de la región y de la cual forma parte la Fundación Margen, organización de trabajadoras sexuales que nació en Chile hace 21 años.

Señala que sus principales demandas son el “imperioso y urgente” reconocimiento del trabajo sexual como trabajo,para que se respeten todos sus derechos como trabajadoras,“y que los gobiernos se hagan cargo de la violencia institucional que ejercen las fuerzas de seguridad contranosotras, porque eso está documentado”.

Mujeres trabajadoras sexuales, no en situación de prostitución

La activista social que es un referente a nivel internacional, reconoce que la discusión de estos puntos no es simple, lo que quedó demostrado por el desacuerdo con un grupo de abolicionistas presentes en el foro feminista que manifestaron su preferencia de que en el documento final, en lugar de hablar de trabajadoras sexuales se hable de mujeres en situación de prostitución, “nos parece terriblemente injusto que con tanto esfuerzo que nosotras venimos a hacer nuestros propios reclamos, nuestras propias reivindicaciones, y que haya un grupo de mujeres abolicionistas que esté exigiendo que se saque del documento que se va a leer ante los gobiernos la autodeterminación y las exigencias de nosotras las trabajadoras sexuales para poner lo que ellas quieren, que es ´mujer en situación de prostitución”, expresa.

Y asegura de manera enérgica que “no hay una sola mujer en esta Cepal que se autodetermine mujer en situación de prostitución, es el abolicionismo usando a las mujeres en situación de prostitución para que confronte contra nosotras, entonces les decimos basta, acá están las trabajadoras sexuales y queremos que se reivindique nuestro trabajo en ese documento”. Finalmente prevaleció esta postura y en el documento emanado y leído por las organizaciones sociales se incluyó el trabajo sexual nombrándolo y reconociéndolo de esta forma.

El informe de “Aportes de las trabajadoras sexuales a las economías de América Latina” indica que cuando los Estados niegan el reconocimiento del trabajo sexual como un trabajo, desprotegen a las trabajadoras sexuales, no sólo intensificando la violencia que viven socialmente sino además las dejan fuera de las garantías y prestaciones que gozan el resto de las y los trabajadores cuando se les reconoce como tales, como la seguridad social, atención médica, pensiones y jubilación, entre otras.

Junto con ello, esta falta de reconocimiento provoca la invisibilización en las estadísticas de los países de la región, pasando por alto la injerencia de las trabajadoras sexuales en la vida social y económica y excluyéndolas de políticas públicas que podrían contribuir a cambiar sus realidades.

“Lo más importante es visibilizar la vulneración de nuestros derechos. Hay trabajadoras sexuales que ganan en promedio cuatro a cinco salarios mínimos pero lamentablemente elaporte que podríamos hacer al fisco para la economía de nuestros países se hace más a la policía, a algunos funcionarios, porque como el trabajo sexual en la región no está prohibido pero tampoco permitido, tenemos este vacío legal y muchas veces policías de los diferentes países terminan pidiéndole dinero a las compañeras a cambio de dejarlas trabajar tranquilas”, denuncia Elena Reynaga.

Agrega que el proxenetismo también se ha modernizado, “hoy muchas trabajadoras sexuales trabajan a través de las redes sociales y se ha armado toda una logística donde para que las compañeras puedan publicar tienen que pagar fuertes sumas de dinero, así, en este estudio se empieza a ver cuánto dinero se mueve alrededor de la clandestinidad y quién se queda con la mayor parte de nuestro dinero porque no somos nosotras”.

La investigación arroja que pese a que las trabajadoras sexuales construyen una dinámica propia de trabajo autónomo, generando ingresos y volcándolos, al igual que cualquier trabajador y trabajadora, en el consumo de necesidades de primer orden, pago habitacional y de educación e incluso en el envío de remesas a países de origen en el caso de las trabajadoras migrantes, y a que como trabajadoras les interpelan directamente las realidades de sus países y se circunscriben a los mismos índices de inflación, salarios mínimos mensuales e IVA sobre las canastas básicas, la falta de reconocimiento como trabajadoras las deja fuera del fisco, en una situación de desprotección respecto a sus derechos y por fuera de los beneficios laborales que por derecho le corresponden a cualquier mujer trabajadora de la región de América Latina y el Caribe.

En otro ámbito, la secretaria ejecutiva de la RedTraSex y vocera de las mujeres trabajadoras sexuales, destaca que cerca de un 95% de las trabajadoras sexuales son jefas de hogar y que apenas el 1% de las encuestadas declaró haber recibido asistencia del gobierno, “y son compañeras que están en el marco de alguna organización de trabajadoras sexuales, por eso tienen la información, porque por un tema de culpa, de vergüenza que la sociedad hace sentir a las trabajadoras sexuales, no acceden a los beneficios, no se atreverían a ir a un ministerio de Desarrollo Social a pedir esa asistencia que les corresponde, a decir me la merezco porque soy ciudadana, porque soy madre”.

Detalla que para hacer el estudio se hizo un mapeo de las constituciones y leyes laborales de los Estados y no existe ninguna ley que prohíba que estén sindicalizadas y organizadas, “pero sin embargo cuando intentamos sindicalizarnos la oposición se discute desde la moral, porque desde lo legal no hay nada que lo impida ya que nosotras trabajamos, brindamos un servicio”.

Otra vez Chile es el país más desigual

Entre las conclusiones de la investigación piloto, que abarcó a Chile, Paraguay, Colombia, Costa Rica, República Dominicana  y México destaca que en las ganancias que genera el trabajo sexual, como en el resto de las actividades económicas en el continente, la desigualdad es muy marcadaentre los distintos países y Chile es el país que presenta mayor desigualdad entre los ingresos de las mujeres trabajadoras sexuales.

“Como arrojan muchos otros estudios de otras cosas, acá sale que Chile es el país más desigual para las trabajadoras sexuales”, menciona Elena, quien asegura que ha seguido con atención las protestas desde el 18 de octubre y que espera poder visitar la Plaza de la Dignidad, “le digo a mis compañeras que me alegra que hayan salido a la calle, porque es la única manera de ganar la batalla”, añade.

Elena Reynaga dice que en América Latina no hay un ejemplo para mirar en materia de derechos de las mujeres trabajadoras sexuales, pero entendiendo que se está en la realidad de América Latina, “que es muy desigual y muy violenta con las mujeres, Nueva Zelanda es el único modelo que arrimaría a más o menos lo que nosotras estamos buscando, el trato que tienen las trabajadoras sexuales, como tienen asegurada su economía, su seguro social, el respeto, después ya no hay más, ni siquiera Uruguay que es el único país de América Latina que reconoce el trabajo sexual como trabajo, porque tienen una ley que favorece más al dueño del prostíbulo que a las trabajadoras porque está basada más bien en un control epidemiológico de las trabajadoras sexuales”.

El estudio se presenta también el día miércoles 29 de enero en la sede de la Fundación Margen en una actividad donde la secretaria ejecutiva de RedTraSex será panelista junto a la socióloga y académica de la Universidad de Chile María Emilia Tijoux, a la concejala por Santiago Irací Hassler y a la histórica dirigenta de Fundación Margen, HermindaGonzález.