La figura de la joven universitaria Gloria Stockle viene a recordar el desenfrenado y desvergonzado abuso de poder ejercido por parte de agentes del Estado; la desigualdad ante la ley; la violencia extrema con la que se relacionaban con las mujeres, los amedrentamientos, las amenazas y muchos otros detalles que mantuvieron en vilo y en silencio a la población de la capital regional atacameña por décadas.

El miércoles 29 de enero se cumplieron 36 años de su asesinato y organizaciones feministas locales rindieronhomenaje a Gloria mediante algunas actividades, entre ellas el lanzamiento oficial de la campaña de renombramiento de uno de los espacios públicos más conocidos y visitados.

Nombrar a Gloria Ana Stockle Poblete en Copiapó es evocar momentos dolorosos, situaciones oscuras y circunstancias ocultas, no sólo para la familia de la joven, sino también para la comunidad copiapina que aún recuerda detalles escalofriantes de uno de los asesinatos de género más espantosos perpetrados en la ciudad en tiempos de dictadura.

La mujer de 21 años fue asesinada por militares activos de ese entonces: el capitán Mario Martínez y el teniente Sebastián Flores, al interior del Casino de Oficiales del Regimiento de Infantería Motorizada Nº 23 de Copiapó -ubicado en la esquina de Copayapu con Vicuña- la madrugada del 29 de enero de 1984. Tras culminar la fiesta en la que, según testigos, hubo consumo excesivo de alcohol y drogas, Gloria fue brutalmente golpeada y violada. Algunas personas que participaron de aquel evento aseguraron en sus declaraciones que incluso fue lanzada a la piscina sin agua, hecho que seguramente generó la fractura de cráneo que podría haberle causado la muerte. El civil que, en ese entonces se desempeñaba como vicecónsul de Chile en Italia, Ivo Lingua, presenció el asesinato y posterior ocultamiento de pruebas, de acuerdo con lo expuesto en el informe del proceso judicial.

Finalmente, el cuerpo de Gloria fue encontrado en la ribera del río Copiapó, dos días después del deceso, debido a que fue escondido tras la vegetación que acompañaba el curso del caudal. El cuerpo fue hallado con policontusiones, traumatismo encéfalo craneano cerrado complicado, fracturabase de cráneo, hemorragia intracraneana y evidencias claras de homicidio con violación, según consigna el certificado médico de defunción del Instituto Médico Legal y el protocolo de autopsia.

El año en que ocurrió este crimen, Chile era gobernado por la dictadura militar de Augusto Pinochet, tiempo en que era imposible denunciar a agentes del Estado por la sistemática violación a los Derechos Humanos, razón por la cual se logra deducir que las pruebas para inculpar a los responsables serían difícilmente dilucidadas, pese a que ya era un secreto a voces que Gloria había sido asesinada en el recinto castrense.

Parque Gloria Stockle

Gloria, de acuerdo a lo comentado por quienes la conocieron, fue una muchacha con ganas de surgir, con hambre de lograr sus objetivos, una buena estudiante que se interesó por la pedagogía y la biología marina. Una mujer impetuosa, desobediente y rebelde que no se dejaba atropellar. Atributos que, sumados a la cruenta forma de morir, motivaron en estos días a organizaciones feministas locales a mantener viva su memoria, a través del cambio simbólico del nombre de uno de los parques más visitados y conocidos por la población copiapina: el Parque Schneider, el cual queda sólo a una cuadra del lugar en el que se cometió el crimen hace 36 años.

Para Constanza Pradenas, vocera de la colectiva feminista Gritona –una de las organizaciones que impulsaron el renombramiento del parque- el caso Stockle es emblemático en la región de Atacama porque fue contabilizado como uno más dentro de las violaciones a los Derechos Humanos en dictadura. Sin embargo, no se visibilizó la violencia político sexual que se ejerció contra Stockle. “Las mujeres merecemos un sistema judicial más justo y eficiente, no como el que operó en Copiapó, que dejó pasar 27 años para condenar a los asesinos de Gloria, quienes posteriormente apelaron, gracias a lo cual la defensa de estos sujetos logró conseguir cambiar la sentencia que permitió que pudieran caminar libres por la calle, impunes, sin un dictamen que los obligara a cumplir una pena efectiva de cárcel”, manifestó la activista feminista, quien además agregó que rebautizar el parque Schneider con su nombre es un piso mínimo de justicia para la familia de Gloria y para la memoria feminista. “Es reconocer nuestra historia, es resignificar el dolor”, señaló Constanza.

Asimismo, Romina Gallo, una de las feministas que comparte y se ha sumado a las convocatorias de esta campaña de renombramiento, comentó que esto tomó cuerpo en una invitación a un conversatorio, organizado por Gritona, por el Día Nacional Contra el Femicidio, conmemorado el 19 de diciembre. “Recuerdo que en esa oportunidad, planificando la reunión surgieron varias propuestas de espacios para poder juntarnos, entre ellas pensamos en el punto donde pintamos el pañuelo del aborto en la calzada, frente a la “plaza de la paz”, pero finalmente acordamos que fuera el parque Schneider, porque hace un rato venía resonando en nuestras cabezas el cambio de nombre”, rememora Romina, no obstante, manifiesta que  la idea no quedó atribuida a nadie en particular sino al conjunto de mujeres presentes ese día, quienes decidieron aprovechar esta instancia para que en los flayers de aquella invitación resaltara, como punto de encuentro, Parque Gloria Stockle (ex Parque Schneider).

Por su parte, la sobrina de Gloria, Constanza Stockle, valora esta iniciativa que, para ella, sus tías y tío, sería un verdadero homenaje y la obtención de un poco de justicia social y reconocimiento ciudadano. “La propuesta de cambiar el nombre del parque no sólo reivindicaría la figura de mi tía Gloria, sino que también podría entregar algo de paz a mi abuela y a mi padre, quienes fallecieron esperando la condena de los culpables del fallecimiento de nuestra familiar”, aseguró.

Cony, como la llaman sus cercanos y conocidos, tiene una voz suave y una actitud tranquila. En sus brazos mece a su pequeña hija que duerme plácidamente mientras recuerda cómo tuvo que enfrentar la historia de su tía Gloria, a lo largo de su vida. “Por mi apellido, mucha gente me asoció inmediatamente con el caso, en el colegio y en la universidad siempre me preguntaban y yo era reacia a entregar detalles. Quizás replicaba un poco la actitud que tomó mi papá frente al hecho. Al principio, cuando yo era más niña sentía que el interés de la gente era morbo y, por lo mismo, me cargaba referirme al tema”, señaló la sobrina de Gloria, quien agregó que en la medida que fue creciendo entendió la real envergadura, la gravedad del desenlace y los factores que rodearon toda la situación. “Asumí que era bueno recordarla, no sólo para evitar que la ciudad olvide uno de los crímenes más horribles ocurridos en Copiapó, sino que también para impedir que esto vuelva a ocurrir”, manifestó Cony.

Para la sobrina de Gloria, este terrible episodio vivido por su familia tuvo lamentables componentes que aún se presentan en la sociedad actual. La violencia de género, el abuso de poder por parte de las instituciones del Estado, la escasa efectividad de la legislación actual y lo vulneradora que todavía resulta para las mujeres víctimas de hechos violentos, la desigualdad a la hora de enfrentar la justicia, entre otros, son elementos comunes que continúan ocurriendo y que tienen al pueblo -liderado por colectivas feministas- alzando la voz y luchando para lograr cambios sociales efectivos, en esta materia.

Posibilidad real de cambio

El recuerdo y la figura de Gloria son controversiales más allá de que haya sido víctima de vejámenes ejercidos por agentes del Estado embriagados por el poder, el dinero, las drogas, el alcohol, el machismo, la sensación de superioridad de género y clase, entre otros factores. Parte de la comunidad copiapina cuestionó y criminalizó el accionar de la joven y, como es de esperar de una sociedad ultra conservadora, ignorante en temática de equidad de género e igualdad de derechos entre mujeres y hombres, también culpó a Gloria de su desgracia, por estar presente en una fiesta a altas horas de la noche.

En este contexto, es factible que la población local más ajena a los lentos cambios culturales que se han generado para posicionar la figura femenina al mismo nivel que la masculina, no acepte, de buenas a primeras, eliminar el nombre del Comandante en Jefe del Ejército, general René Schneider -quien fue asesinado en un intento de secuestro, financiado por la CIA, ante su negativa de formar parte de un golpe de Estado que evitara el ascenso de Salvador Allende como Presidente de la República en 1970-.

La directora de la Fundación Patrimonio del Barrio, Mabel Tapia Ponce, aclaró que, desde la visión patrimonial, es muy importante definir la identidad de los territorios. En ese contexto, cualquier cambio y nuevas orientaciones idealmente deben ser consensuadas o decididas en conjunto entre los integrantes de la comunidad, ya sea por la reflexión que hagan de su historia, de sus costumbres, tradiciones, elementos heredados, u otros componentes. “Es algo que puede ser  cíclico, que puede cambiar en la medida que pase el tiempo, ser traspasado de una generación a otra, o nacer a la luz de las nuevas problematizaciones que ocurren al interior de la comunidad.  En ese sentido no podemos decir que lo que ocurrió con el Parque Schneider, en su momento, haya sido un proceso comunitario, porque dicho lugar en sus inicios fue nombrado Salvador Reyes Figueroa que, en el lado que conecta con calle San Román, tenía un monolito, relacionado a la educación, en honor al Premio Nacional de Literatura, nacido en Copiapó, en 1899”, señaló Mabel, quien agregó que en dictadura pasó a llamarse, arbitrariamente, como lo conocemos hoy, sin ninguna consulta ciudadana de por medio.

“Personalmente abrazo la iniciativa de las feministas, pero siendo objetiva, si bien es necesario nombrar lugares o identificar nuestro patrimonio material y natural, y vincularlo a la presencia femenina, creo que es una propuesta que también debe salir de un proceso de participación comunitaria, al menos de la población residente o usuaria del parque, en donde las personas puedan ser parte. Sin dicho proceso quedaríamos en lo mismo y se desperdiciaría una valiosa oportunidad de terminar con, al menos, una parte del legado dictatorial que quedó en nuestra comuna”, señaló la experta en patrimonio local.

Un desafío potente es el que se vislumbra para las organizaciones, colectivas y feministas sueltas que generaron esta idea para recordar a la estudiante universitaria, protagonista y víctima de uno de los asesinatos más crueles y brutales de la región en la década de los 80 y que continúa en la memoria colectiva de Atacama. Quizás, acudir al Concejo Municipal para plantear la iniciativa de renombrar el parque sea una de las alternativas que tendrán que evaluar para finalmente lograr una modificación más representativa y sólida en el tiempo.

¿Qué habría ocurrido si el horrible asesinato de Gloria Stockle Poblete se hubiera cometido en democracia? ¿La justicia habría demorado menos años en condenar a los culpables? ¿La Corte de Apelaciones habría otorgado la libertad vigilada para los imputados? Interrogantes que atacameñas y atacameños aún tienen en sus cabezas pero que probablemente nunca podrán responder.

* Sonia Libre es un medio de comunicación de la región de Atacama, independiente, con perspectiva territorial, social y de género, que busca difundir la investigación local compartiendo su trabajo con los medios locales y nacionales que trabajan con una mirada social y con enfoque de género.