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Francia en las calles: fractura social, represión y una crisis que desborda a Europa

El 17 de octubre, más de 800 mil personas, mayoritariamente estudiantes secundarios y universitarios, salieron a las calles de París y de importantes ciudades.

 

«Estamos pagando el precio de diez años de gobierno autoritario. Necesitamos soluciones sociales reales». Con estas palabras una dirigente sindical resumió a  Radio France Internationale, el clima de tensión que atraviesa Francia, luego de que las protestas estudiantiles de septiembre escalaron el sábado 17 de octubre a una  movilización general por el aumento del costo de vida y la reducción del presupuesto social. Reconocida bajo el titulo de «Estallido Social» y o «Rebelión estudiantil» la crisis podría  intensificarse a partir de  la nueva cita convocada para este sábado 24 de octubre y el llamado a paro por parte de la Confederación General de Trabajadores (CGT) para el 5 de noviembre, instando a mantener la movilización de forma permanente

Lo que inició en septiembre como una protesta local de estudiantes liceanos por aumento de profesores y mejorar la infraestructura de los establecimientos educacionales que se traduce en un mayor presupuesto para la educación pública, el pasado 17 de octubre,  más de 800 mil personas, mayoritariamente estudiantes secundarios y universitarios, salieron a las calles de París y de importantes ciudades,  dando lugar a una movilización general que contó con la adhesión de padres, apoderados, profesores, comunidad y los Chalecos Amarillos, quienes se plegaron a las marchas, intervenciones artísticas, incluyendo un concierto  de la «Orchestre du Nouveau Monde» (Orquesta del Nuevo Mundo) en la Plaza de la República que fue interrumpido por los gases lacrimógenos y lanzamientos de granadas por parte de la policía.

Al margen de la protesta  pacifista, grupos de encapuchados desencadenaron episodios de  saqueos y vandalismo en las grandes tiendas de lujo y locales comerciales, además de incendiar vehículos, el palacio municipal de Limoge y una importante oficina de turismo en Lyon.  Un joven  perdió una mano por la explosión de una granada y una menor de edad de 17 años de la región de Alsacia perdió la visión de su ojo izquierdo, tras recibir en la cara el impacto de un cartucho de gas lacrimógeno. Se suman a estas consecuencias los manifestantes heridos, entre ellos, 40 profesores. 

Según informaciones oficiales, el sábado 17 de octubre, fueron detenidas al menos 1.800 personas, de las cuales más de la mitad corresponden a casos registrados en París. Radio Francia Internacional (RFI)  informó la primera semana de octubre  que en las protestas estudiantiles  a lo largo del mes de septiembre fueron detenidos  alrededor de cinco mil menores de edad, de los cuales un poco menos de la mitad enfrentan acciones judiciales. Integrantes de la Asociación de Abogados que han realizado visitas a los centros de detención informan de las condiciones indignas de arrestos a la espera de las sentencias judiciales.  Concretamente, denunciaron que en los centros de la comuna Bobigny ( Sena Saint Denis) observaron a 86 personas detenidas, incluidos 20 adolescentes, quienes permanecían en pequeñas celdas y en condiciones muy precarias. Las informaciones de prensa más recientes dan cuenta de  un total de 174 condenas de prisión por vandalismo y saqueos.

El presidente Enmanuel  Macron,  junto con condenar  los saqueos y el vandalismo, para contener el movimiento fortaleció la gestión policial en materias de  seguridad y  de orden público, según dijo  contra «los sembradores del caos que pretenden derribar nuestras instituciones» y responsabilizó directamente a la «extrema izquierda» para quienes pidió el peso de la justicia.  Entre las medidas adoptadas destaca la imposición de Toques de Queda en  los sectores céntricos de París donde ocurrieron los saqueos,  un proyecto de ley que obliga a los manifestantes y a los padres de los menores implicados  a pagar de sus propios bolsillos los destrozos y daños causados y la ampliación de las facultades para  la detención policial. En Marsella, Lyon, Toulouse y Bordeaux ,  también aplicaron la medida de Toque de Queda en sectores específicos.

Coberturas mediáticas y de DDHH

A seis meses de las elecciones presidenciales en Francia, la prensa nacional e internacional centra el conflicto que oscila entre la alarma  por la desestabilización política, social y económica. Naciones Unidas, por su parte, en una declaración institucional, plantea su profunda preocupación por la vulneración de los derechos humanos de la ola de protestas que se registran en Francia y en Bélgica, Portugal, Italia y Albania.

El diario «L’Humanité» señala en sus ediciones que la respuesta del gobierno del Francia se reduce exclusivamente al ámbito de la seguridad, ignorando deliberadamente el trasfondo de las reivindicaciones, de acuerdo a los postulados retóricos propios de la derecha y la extrema derecha.

«El País» de España,  en uno de sus titulares publicó lo siguiente: «Los que se frotan las manos con los disturbios en Francia», aludiendo a la incertidumbre económica y a que las desgracias personales sufridas por vecinos y comerciantes minoritarios  alimentan a los extremos políticos que explotarán el miedo y la rabia en las próximas elecciones. Desde ya, los sondeos de opinión pública apuntan a un duelo en la segunda vuelta entre Marine Le Pen (ultraderecha) y Jean-Luc Melenchon, candidato de La Francia Insumisa..

La reprimenda de Naciones Unidas

El alto Comisionado para los Derechos Humanos de Naciones Unidas  condenó los actos de violencia y vandalismo, pero advierte de que le preocupan «los informes sobre un uso innecesario y excesivo de la fuerza contra manifestantes, incluidos niños». En una declaración institucional, la organización insta  a la apertura de canales de diálogo inclusivo que atiendan las raíces estructurales del descontento social y  finalmente reafirma que toda intervención policial debe seguir siendo «legal, necesaria y proporcionada» por lo que solicitó investigaciones rápidas, eficaces e independientes sobre las acusaciones de uso ilegal de la fuerza. 

Según menciona la ONU, la distinción es esencial: la violencia cometida por algunos manifestantes no pueden justificar una represión indiscriminada, del mismo modo que el derecho a manifestarse no protege a los autores de daños.

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