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Análisis latinoamericano: ¿Quién gobierna Venezuela?

Foto: Alex Dos Santos (Pexels)

 

La región enfrenta un 2026 con varios frentes abiertos: gestionar las consecuencias de una intervención que redefine la soberanía, navegar relaciones bilaterales complejas con Washington, y reactivar sus economías en un contexto de incertidumbre comercial global y con malestar social interno en alza.

La crítica escalada diplomática entre Colombia y Estados Unidos dio un giro ayer inesperado hacia la desescalada tras una larga y «constructiva» conversación telefónica entre los presidentes Gustavo Petro y Donald Trump, quienes acordaron una próxima reunión en la Casa Blanca. Así, Washington busca reducir al máximo las fricciones con actores regionales para consolidar su posición en Venezuela, porque pesar de las diferencias ideológicas, entiende que necesitará cooperación de todos los actores regionales para evitar un caos hemisférico.

Se inicia una etapa de aggiornamento a la nueva realidad con la presidenta encargada y exvicepresidenta de Nicolás Maduro, Delcy Rodríguez. ¿Cómo gobernará un país aún escéptico sobre su participación en la captura de Maduro, con voces que acusan «autogolpe» del chavismo, con figuras fuertes aún presentes como Diosdado Cabello y Vladimir Padrino López, y por otra, con objetivo explícito de Estados Unidos de controlar el petróleo del país «indefinidamente» y convertirse en su principal socio comercial?

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, aseguró que su país podría gobernar Venezuela y extraer petróleo de sus enormes reservas durante años e insistió en que el gobierno interino del país -todos antiguos funcionarios leales al ahora encarcelado Nicolás Maduro- no está «dando todo lo que consideramos necesario». «Solo el tiempo lo dirá», respondió en una entrevista con The New York Times al ser preguntado por el tiempo que la administración exigirá la supervisión directa de la nación sudamericana.

Lo cierto es que este plan plantea una serie de dudas prácticas ligadas por ejemplo al sector energético y presión internacional, las voces que claman «poca claridad» del apoyo desde la comunidad hispana de Miami mayoritariamente compuesta por la diáspora venezolana y cubana, la incertidumbre política y la infraestructura deteriorada como obstáculos inmediatos.

La captura de Maduro, ejecutada sin mandato del Consejo de Seguridad de la ONU, pone al sistema multilateral en una crisis de credibilidad profunda, erosionando su rol como garante del orden internacional basado en el derecho. Esta intervención, lejos de unificar a la oposición, deja a figuras como la recientemente laureada María Corina Machado y a Edmundo González con un futuro incierto y genera advertencias desde Miami sobre el riesgo de que el poder caiga en manos de actores «peores» que el régimen anterior.

De manera simultánea, los esfuerzos finales para cerrar el acuerdo UE-Mercosur se topan con la persistente oposición de Francia y Hungría, sumada a las protestas de agricultores europeos, lo que amenaza con postergar nuevamente un pacto comercial crucial para la inserción global del bloque sudamericano. Mientras la atención geopolítica se centra en Venezuela, la agenda económica y social regional continúa su curso bajo presión. Países como Argentina, México y Chile publican datos clave (producción industrial, política monetaria, inflación) que reflejan economías aún frágiles.

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