Catorce sesiones y quince participantes reunirá el Foro Internacional Hunter, el 29 y 30 de septiembre próximo en el Auditorio Simón Bolívar, en el Memorial da América Latina, un complejo icónico proyectado por Oscar Niemeyer, en São Paulo, Brasil.
El encuentro convocará a panelistas y expositores de cuatro continentes con un amplio espectro de prácticas y experiencias- de escritorios y estudios internacionalmente reconocidos- que están transformando la arquitectura en América Latina.
Thomas Heatherwick, británico, fundador de HeatherwickStudio, tiene a su haber más de 30 proyectos en diez países y 30 años de experiencia en la creación de ciudades más alegres, interesantes y humanas.
Es uno de los ponentes principales del evento y firmará ejemplares de su libro *Humanise*. (Se adjunta una breve biografía).
La tesis central del libro es que la experiencia cotidiana de los edificios es importante. Un edificio no solo afecta a quienes están en su interior, sino también a todos los que pasan junto a él. Thomas sostiene que los lugares que ofrecen variedad, detalles, texturas, naturaleza y una escala humana pueden captar la atención de las personas y ayudarles a sentirse más conectadas entre sí.
Según el censo de 2022, el 87,4 % de la población de Brasil vivía en zonas urbanas. Ese mismo censo contabilizó 16,4 millones de personas residiendo en 12.348 favelas y comunidades urbanas. Esto confiere una especial relevancia a los interrogantes que plantea el libro sobre quién se beneficia de contar con buenos espacios públicos, viviendas seguras y un sentido de pertenencia.
Heatherwick argumenta que el bienestar y la conexión social —así como las calles y las entradas de los edificios— pueden invitar a las personas a detenerse y relacionarse. Por el contrario, los entornos monótonos pueden contribuir al estrés y al aislamiento. Asimismo, los espacios bien diseñados no deberían reservarse únicamente para los barrios acomodados; la calidad del entorno cotidiano es una cuestión de interés público. Por último, pero no menos importante, está la cuestión del clima y la durabilidad: los edificios que conservan su utilidad y valor a largo plazo permiten evitar las emisiones de carbono y los residuos asociados a los ciclos repetidos de demolición y reconstrucción.
El mensaje fundamental es la dignidad humana en la ciudad cotidiana: el diseño debe mejorar la vida diaria, incluir a las personas más afectadas y fomentar un entorno construido duradero y preparado para el clima.
«El futuro de las ciudades debe integrar un diseño centrado en las personas —basado en nuestra experiencia pública compartida— con la asequibilidad y la resiliencia climática. Durante demasiado tiempo nos hemos centrado en quienes ocupan los edificios y hemos prestado poca atención a quienes pasan por delante. Empecemos a construir lugares que sirvan mejor a la sociedad y que sigan siendo útiles para las generaciones venideras. La verdadera prueba no es si un edificio gana un premio, sino si las personas —no solo quienes viven o trabajan en él, sino también quienes transitan a su alrededor— sienten que les pertenece», afirma Thomas Heatherwick.
