
Por Gabriel Gaspar Tapia, Cientista Político, analista en política latinoamericana y diplomacia vecinal, ex Embajador de Chile y ex Subsecretario de Defensa, FFAA y Guerra.
Antaño, septiembre era un mes repleto de sano nacionalismo; era un mes de reafirmación de soberanía e independencia. Un mes en que se realizaban las elecciones nacionales, se celebraba la República y sus instituciones. En las ciudades y comunas, miles de niños desfilaban orgullosos, dirigidos por sus maestros. Se recordaba a los Padres de la Patria y se reafirmaba la cohesión nacional.
Son otros tiempos, en el país y en el mundo. Hoy tenemos un planeta plagado de incertidumbres, donde algunos pretenden revivir el colonialismo con exigencias no sólo a Chile, sino a muchas naciones: desde dictarles con quién comerciar hasta qué tratados debemos rescindir. No es algo nuevo: tenemos experiencia para enfrentar estos momentos.
La mayor unidad nacional está en la base de la defensa. Pero no basta; también se debe tener una clara apreciación del momento. Por supuesto, se debe tener definido el rumbo y firme el timón. Por cierto, el buque debe estar bien tripulado.
Algunos piensan que seguir al más grande es lo mejor, aunque abuse. Los aranceles impuestos demuestran que con seguidismo no se defienden los intereses nacionales. Con la división tampoco. El fomento del odio ideológico no ayuda; menos aún si se hace junto a fuerzas que reivindican la Conquista y la Colonia. Los chilenos nos sentimos orgullosos de Lautaro, O’Higgins y Manuel Rodríguez: no nacimos para ser vasallos. No queremos reyes.
Perspectivas
Lo que se viene no es fácil; el futuro no lo tenemos comprado. Pero sí podemos prepararnos. Hay cosas que no ayudan, como tener embajadores más preocupados de defender en Chile los intereses del país al que fueron destinados que de defender los nuestros en aquella nación. Se trata de nombramientos no profesionales y plagados de inexperiencia, que lesionan a nuestro Servicio Exterior. Tampoco ayuda que nuestras autoridades avalen eventos identitarios extremistas.
Si la cohesión nacional es lo más importante, entonces el ideal es que la institucionalidad la refleje en todas sus acciones, asumiendo que esta existe para defender el interés de todos los chilenos y no sólo el de sus afines políticos o ideológicos. No estamos en época de ganar adeptos. Se trata de defender a Chile, tal como lo pensó el Libertador, quien no sólo se regocijó con nuestra independencia, sino que creó instituciones que protegiesen a nuestra naciente nación.
¡Un feliz septiembre para todos!








