viernes, agosto 21, 2026
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Cardenal Chomalí y la inteligencia artificial: “El gran dilema es si vamos a ser libres o esclavos”

¿Estamos formando personas más inteligentes o simplemente personas con acceso a más información? ¿Qué ocurre con el conocimiento cuando las respuestas están disponibles de manera inmediata? ¿Y qué tipo de sociedad se construye cuando máquinas capaces de realizar cada vez más tareas comienzan a sustituir capacidades humanas?

 

El cardenal y Arzobispo de Santiago, Fernando Chomalí, en una charla magistral sobre “Humanidad y bien común en tiempos de IA” dictada en la Universidad del Alba, abordó, entre otros temas, la influencia y dominación que tiene la Inteligencia artificial en el mundo laboral y educacional. Además, tras ser consultado, se refirió a la polémica por la iniciativa de Joaquín Lavín del chatbot que permite “conversar” con santos. 

¿Estamos formando personas más inteligentes o simplemente personas con acceso a más información? ¿Qué ocurre con el conocimiento cuando las respuestas están disponibles de manera inmediata? ¿Y qué tipo de sociedad se construye cuando máquinas capaces de realizar cada vez más tareas comienzan a sustituir capacidades humanas?

Esas fueron algunas de las preguntas que cruzaron la conferencia magistral “Humanidad y bien común en tiempos de Inteligencia Artificial”, dictada este jueves por el cardenal y arzobispo de Santiago, Fernando Chomalí, en el Aula Magna de la Universidad del Alba.

En su exposición, Chomalí puso el foco no tanto en las capacidades tecnológicas de la inteligencia artificial, sino en sus consecuencias sobre la formación de las personas y la vida en sociedad.

“Una cosa es la información, otra cosa es el conocimiento y otra cosa cómo yo hago inteligible eso en mi vida y lo convierto en una experiencia”, sostuvo.

Para graficarlo, relató un estudio realizado en Estados Unidos en que tres grupos de estudiantes debían investigar sobre un mismo tema: uno utilizando únicamente papel y lápiz, otro Google y un tercero inteligencia artificial. El grupo que utilizó IA obtuvo inicialmente el mejor resultado. Sin embargo, cuando posteriormente fueron evaluados sobre aquello que habían aprendido, quienes habían trabajado con inteligencia artificial demostraron haber incorporado mucho menos conocimiento.

Para Chomalí, la diferencia revela uno de los principales desafíos de la nueva tecnología: una respuesta correcta no necesariamente equivale a aprendizaje ni a conocimiento. “La inteligencia artificial no nos da experiencia de conocimiento, no nos da una sabiduría que nos permita a nosotros vivir mejor”, afirmó.

Algo que complementó el rector de la Universidad del Alba, Rafael Rosell Aiquel: “¿Seremos capaces de construir una sociedad tecnológicamente más avanzada sin empobrecer nuestra concepción de lo que significa ser humano? (…) Nuevamente la humanidad debe preguntarse no solamente qué somos capaces de hacer, sino qué debemos hacer con aquello que somos capaces de crear. Porque una sociedad puede ser extraordinariamente eficiente y, al mismo tiempo, profundamente inhumana.

El conocimiento que no entrega una máquina

A partir de allí, el cardenal llevó la discusión a una dimensión más profunda: aquello que los seres humanos aprenden no solamente mediante información, sino a través de la experiencia, los vínculos y la educación.

Utilizó un ejemplo cotidiano: la diferencia entre una piedra y una persona. “¿Quién me enseñó a distinguir una piedra de una persona? ¿Dónde aprendí yo eso?”, planteó.

Según explicó, esa capacidad no se adquiere mediante un conjunto de datos, sino a través de un proceso educativo y afectivo. “Hubo mucha gente inspirada por el amor (…) que me fue poco a poco enseñando que hay una distinción abismal entre una piedra y una persona”, señaló.

En ese punto situó uno de sus principales reparos frente al avance de la inteligencia artificial: su incapacidad para reproducir la dimensión afectiva de la experiencia humana. “Si hay algo de lo que carece absolutamente la inteligencia artificial es el amor”, afirmó.

“El gran dilema es si vamos a ser libres o esclavos”

Otro de los ejes de su intervención fue el impacto de la IA sobre la libertad y la capacidad de pensamiento crítico. El cardenal expresó su preocupación por que la inmediatez de las máquinas termine reduciendo la disposición de las personas —especialmente los jóvenes— a formular preguntas, investigar y construir respuestas propias.

“La gran preocupación (…) es que la inmediatez de las máquinas apague el deseo de hacer preguntas”, sostuvo.

En ese contexto, planteó que las categorías políticas tradicionales podrían perder relevancia frente a una discusión mucho más básica sobre el uso de la tecnología y la autonomía de las personas.

“Yo creo que de aquí a muy poco tiempo las categorías izquierda y derecha ya no van a servir, no van a tener ninguna relevancia. La categoría es si vamos a ser libres o esclavos, vamos a ser manipulados o manipuladores”, afirmó.

A su juicio, ese escenario entrega a las universidades una responsabilidad central: formar personas capaces de utilizar la tecnología sin renunciar a su autonomía y espíritu crítico.

“Hablar” con santos y la nueva cuestión laboral

Ante dudas de los asistentes, el cardenal Chomalí también respondió a la pregunta sobre el nuevo emprendimiento de Joaquín Lavín referente un chatbot que permite “conversar” con santos, una iniciativa que generó polémica. 

Si bien dijo preferir que alguien “converse” con un santo a que le pregunte a la IA como hacer trampa, detalló que “una cosa es hablar con un santo, y otra cosa es tener una experiencia de santidad como la tuvo el Padre Hurtado, por ejemplo. Nada va a reemplazar el testimonio de una persona”.

El otro gran desafío que planteó la autoridad católica fue el impacto de la IA en el plano laboral. Chomalí advirtió que la automatización ya no se limita a labores manuales o mecánicas, sino que comienza a alcanzar tareas cognitivas que tradicionalmente estaban reservadas a trabajadores altamente calificados.

“Va a haber una reconversión laboral extremadamente rápida y va a dejar mucha gente en el camino”, advirtió. Frente a este escenario, planteó que las empresas tienen una responsabilidad que va más allá de conservar determinados puestos de trabajo.

“Un empresario no puede garantizarles trabajo a sus trabajadores, pero lo que sí tiene ellos la obligación moral de garantizarles empleabilidad”, sostuvo.

En esta tarea, agregó, las universidades tendrán un papel decisivo, debido a la velocidad con que están cambiando las competencias requeridas en el mercado laboral. “No puede ser que una persona entró a trabajar en un lugar, esté 20 años y salga sin saber absolutamente nada nuevo y no pueda volver a ejercer un trabajo”, afirmó.