Faride Zerán Chelech, periodista, Premio Nacional de Periodismo, académica y vicerrectora de Extensión y Comunicaciones de la Universidad de Chile, habla con total propiedad sobre lo que está aconteciendo con Televisión Nacional de Chile. Fue directora de esa casa televisiva en la administración de Ricardo Lagos Escobar y allí pudo conocer lo que se fraguaba en las entrañas de Bellavista 0990. Con la colega, Página 19 conversó sobre cómo la televisión pública está en riesgo de desparecer…

-¿Se puede catalogar a TVN como televisión pública cuando en la realidad funciona como cualquier casa televisiva?

-Sin duda una televisión pública de acuerdo a estándares internacionales no debe tener la obligación de autofinanciarse, porque recibe recursos del Estado, y menos debe tratar de competir por el rating poniendo en la parrilla programas de escasa calidad. Si vemos el ejemplo de Inglaterra, Francia, Alemania u otros países, claramente, estamos ante una televisión pública “a la chilena”,  a la que se le exige competir y autofinanciarse.

Este es un problema que arrastra TVN desde su origen, y que nunca fue resuelto por los gobiernos de la concertación, de la ex nueva mayoría, y de la derecha. A nadie le interesó en su momento modificar la ley y tener un medio público en serio, un medio púbico con lógica de Estado y no acotado a aquellas representadas por los  gobiernos de turno. Enfatizo esto porque el pluralismo que representan los miembros de su directorio se mide sólo por el cuoteo de políticos, como si fuera lo único, dejando fuera otras dimensiones como la diversidad y riqueza regional, cultural, de los pueblos originarios, etcétera.

-Existe la sensación generalizada que la clase política no está satisfecha con el actual modelo de TVN ¿concuerda o no con ello?

-Esa es la razón por la que la clase política en general se siente satisfecha, a diferencia de gran parte de la población que aspira a tener una televisión pública de calidad, que no le tema a la cultura, que debata con todas las ideas y posiciones sobre la mesa y no solo con las que representa su directorio, porque entonces se trata de un medio que responde a los intereses de la élite, y no de una comunidad diversa, rica, plural.

-Pero usted fue parte de uno de los directorios del canal…

-Efectivamente, en el gobierno de Ricardo Lagos estuve en el directorio de TVN por cuatro años -como independiente de izquierda- y sé de lo que estoy hablando, porque rompí, junto a Nissim Sharim, ciertos consensos que como periodista no podía aceptar, como actos de  censura o control editorial de sectores que poco valoran la libertad de expresión.

Sin embargo, esta mirada crítica no significa que esté de acuerdo con que se acabe TVN, cuyo  anuncio de venta de su edificio corporativo, en medio de la pandemia,  se asemeja al desguace de un barco cuyo destino final es la privatización de todo, incluido el sueño de tener una televisión pública de verdad.

-Con la venta del edificio de TVN, ¿qué nos espera?

-Es que cuando se anuncia la venta del edificio de TVN, los periodistas y quienes creemos que el Chile que queremos construir entre todos requiere de medios públicos, porque esta concentración mediática le hace daño a la democracia y frustra aún más los anhelos de cambio de una sociedad que no se ve reflejada en la tele, ni en otros medios masivos, inevitablemente nos acordamos de la venta -en el primer gobierno de Piñera- del diario La Nación, junto a su archivo de más de 100 años de historia.

Con esto quiero enfatizar que cuando digo que no podemos aceptar que se venda -se desguase-TVN no estoy defendiendo el actual modelo, sino el que nos debemos. Chile se debe una televisión pública no “a la chilena“ sino con estándares europeos , y esa deuda será muy difícil de saldar si la compulsión privatizadora acaba con su patrimonio. Salvar hoy a TVN, para construir la televisión pública que Chile merece, es el desafío que tenemos.