
Periodista y editora internacional.
La senadora y presidenta del Partido Socialista de Chile, Paulina Vodanovic, asegura que “nada desarma más al machismo que la coherencia” y cita a la expresidenta Michelle Bachelet: “Cuando una mujer entra en política, esa mujer cambia, pero cuando más de una lo hace, lo que cambia es la política”.
“Aquí, en El Maule se inicia nuestra historia familiar”, recordó Paulina Vodanovic, actual senadora y presidenta del Partido Socialista, al inicio de nuestra conversación. “Es la región de mis abuelos, mi madre pasó gran parte de su infancia y juventud en el campo, en La Vega, camino a Chanco. Mi abuelo Luis Rojas Vega, nació en Pilén, una pequeña localidad cerca de Cauquenes y desde ahí logró convertirse primero en profesor de Estado y luego en Abogado, ejerció en Cauquenes y Talca, ciudades en las que la gente lo recuerda con mucho cariño. Se casó con mi abuelita originaria de Cauquenes. Tengo primos y sobrinos allí, e incluso el actual alcalde militante de RN, Jorge Muñoz Saavedra es mi primo. El título de abogado de mi abuelo, lo tengo en mi hogar en Talca. Me siento orgullosa de que mis raíces estén en el Maule Sur” -y agrega, con seriedad- “también es la zona más postergada de la región, donde hay menos ingresos, más cesantía y eso me hace pensar en las 30 comunas, no sólo en las capitales o donde hay más concentración de población”.
Mientras la escucho, no puedo evitar divagar sobre lo que significa esa conexión con el pasado, esa herencia que nos acompaña día a día, en los buenos momentos, en los malos y en los peores, en cualquier lugar del mundo. El Maule es para usted, un motor, tanto como lo es para mí, la Isla Grande de Chiloé. Los parajes, los aromas locales, la gente, todo tiene un significado especial cuando te sientes en casa.
Efectivamente. Incluso es algo un poco esotérico, un guiño del destino: yo llegué a terminar el periodo de un senador socialista, del compañero Álvaro Elizalde; pero también de mi tío abuelo Erich Schnake Silva, quien fue el último senador socialista electo por el Maule en marzo de 1973, habiendo cesado producto del Golpe de Estado. Admiro la autenticidad de la gente, la vida comunitaria y la fuerza del trabajo agrícola. Los maulinos –¡y qué decir de las maulinas!– son esforzados, trabajadores, cariñosos.
¿Cómo ha cambiado su visión del país desde que asumió su cargo senatorial en 2023?
Asumir en el Senado me permitió hacer cosas, más allá del diagnóstico. A los dos meses de asumir, vinieron grandes catástrofes en nuestra región, me tocó estar ahí viviendo junto a la gente la terrible situación, acompañarlos y luchar luego para obtener el ‘Plan Maule’, que trajo consigo recursos para la reconstrucción especialmente contemplados en la ley de presupuesto, de manera excepcional. Tomar y conducir acciones concretas desde la Comisión de Seguridad, como redactar el proyecto de Ley Antiterrorista y una visión dura en la aplicación de las leyes, son hechos y no promesas. Además, esta experiencia me reafirmó que Chile es un país diverso y talentoso, pero profundamente centralizado. Las decisiones deben tomarse con una mirada descentralizada, regional y participativa.
Si una vecina de Linares o un estudiante de Talca, por ejemplo, le preguntan “¿por qué debería votar por usted?”, ¿qué le respondería? Pero aquí va el desafío: sin usar palabras políticas…
“¡Sin usar palabras políticas!” -se ríe, piensa unos segundos y dispara- mira… sinceramente, porque soy trabajadora, casi trabajólica, me gusta sacar resultados, saco la voz por el Maule con fuerza de mujer, no prometo lo imposible y cumplo lo que digo. Porque soy socialista y tengo un compromiso con la gente, con sus derechos porque no podemos retroceder en derechos de la mujer ni en derechos sociales. Porque trabajo escuchando, no desde arriba, y porque creo que el progreso debe llegar a todos. Y como el papel de los folletos de campaña aguantan todo, atención al populismo, hechos y no promesas.
¿Cuál es su principal propuesta para la región?
Siempre digo: “¡Hay que pensar en grande, El Maule!”. Por ejemplo, quiero impulsar un Plan “Maule Futuro”, que combine desarrollo productivo sustentable, en materia de infraestructura, innovación tecnológica y capacitación local, con un fuerte foco en la justicia social. Nuestra región tiene un enorme potencial en agricultura, turismo y energías limpias, pero necesita inversión pública y privada que se traduzca en empleo de calidad, con respeto a las y los trabajadores. Es urgente cerrar las brechas digitales y formativas para que el Maule no quede rezagado en la nueva economía.
¿Cómo financiaría y dónde ubicaría el primer centro de formación en IA y agricultura?
Propongo crearlo en alianza con universidades públicas, CORFO y el Gobierno Regional, para que funcione como centro público de innovación agro-tecnológica. Su sede natural estaría en Talca, pero debiera ser preferentemente en Cauquenes o Linares, por su cercanía con zonas agrícolas y su conectividad.
¿Debe el Estado regular la Inteligencia Artificial (IA) antes que sea tarde?
El Estado debe asumir un rol activo y anticipatorio. La inteligencia artificial puede ser una gran herramienta si se orienta a mejorar la productividad, la educación y la gestión pública, pero no puede ser excusa para precarizar empleos. Por eso propongo una regulación con enfoque regional y social, que promueva la capacitación y la inclusión tecnológica.
¿Cómo se puede proteger el trabajo en sectores que serán los primeros en ser automatizados, como el retail o el call center?
Necesitamos planes de formación y reconversión laboral con enfoque de género. Las mujeres no pueden ser las primeras en perder su fuente de ingreso. El Estado y las empresas deben invertir en capacitarlas en competencias digitales y liderazgo, asegurando su participación en la economía 4.0. Hay una precarización del trabajo muy preocupante,por tanto fortalecer los derechos de las y los trabajadores es -como lo ha sido durante toda mi vida- uno de mis principales móviles para participar de lo público.
Un fenómeno que está ocurriendo en todo el mundo es el reemplazo de trabajadores “humanos” por trabajadores “virtuales” o dejar todo en manos de la Inteligencia Artificial. ¿Cuál es su postura sobre el “impuesto a la automatización” o cómo piensa usted que es posible proteger el empleo hacia el futuro?
Creo que es una idea a discutir. La automatización no puede concentrar riqueza y dejar a miles de personas sin alternativas. Un impuesto que financie programas de reconversión laboral y capacitación tecnológica puede ser una forma justa de equilibrar ese cambio. Debe ser una exigencia contractual en todo convenio con el Estado: si una empresa se instala en el Maule, tiene que contratar talento local y garantizar la participación femenina. No es sólo equidad, es desarrollo regional.
Su liderazgo también lo ejerce desde una conciencia aguda de los desafíos que enfrentan las mujeres en la política. Imagino que usted misma ha experimentado esto en el transcurso de su carrera profesional y política: ¿ha sentido que algunos compañeros del PS le exigen “más autoridad” o “más diálogo” que a sus antecesores varones?
Sí, y lo he dicho abiertamente. Hay cosas que se dicen de las mujeres que jamás se le dirían a un hombre. Nos juzgan por la apariencia, y hay que rendir examen permanente. Lo importante es no replicar esas lógicas, sino transformarlas con trabajo colectivo y liderazgo colaborativo. He preferido siempre responder con respeto y foco político. Enfrenté esas situaciones con firmeza, sin perder mi convicción socialista ni el respeto por la historia del partido.
¿Qué respaldos ha tenido en esos casos?
En la elección de marzo pasado, fui respaldada con una votación abrumadora, que agradezco y que me hace ser muy responsable de mi rol. Y así como uno puede sentir esas diferencias, también hay que agradecer los apoyos de la militancia, de la Mesa y, en particular, el respaldo del compañero Secretario General, Camilo Escalona, quien además en estos meses de campaña ha sido fundamental.
¿Cómo transforma usted estas diferencias en aprendizajes y oportunidades? Digo, en ese momento en que como mujer decide que es mejor respirar profundo y contar hasta 10…
Las diferencias son parte de la democracia, pero cuando las formas cruzan límites, se evidencia un sesgo que aún debemos erradicar. Yo no hago política desde la confrontación personal. El machismo atraviesa todos los espacios de poder. Por eso creo que la formación política debe incorporar de manera obligatoria perspectiva de género y liderazgo feminista. Que quien asuma la presidencia del PS en el futuro no tenga que responder estas preguntas sería un verdadero avance cultural. Somos un partido que se ha declarado feminista y tenemos que continuar luchando por la igualdad, en el partido y en el país, sin retroceso alguno. Recuerdo una frase de la ex presidenta Michelle Bachelet que me marcó: “Cuando una mujer entra en política, esa mujer cambia, pero cuando más de una lo hace, lo que cambia es la política”. Ese debe ser nuestro objetivo. Nada desarma más al machismo que la coherencia entre lo que decimos y hacemos; pero, sobre todo, lo que logramos.
Al día de hoy, las mujeres continúan asumiendo gran parte de las responsabilidades familiares, de crianza, de cuidado; y, en paralelo, trabajamos fuera de casa, somos proveedoras en el hogar, incluso a veces, somos el único ingreso familiar. ¿Qué regla se ha autoimpuesto o qué rutina no negociable ha logrado establecer para compatibilizar cargos de alta responsabilidad y visibilidad con su rol de madre, esposa o amiga?
Como abogada independiente por más de 25 años, siempre trabajé sin horarios, a disposición de mis clientes. Luego fui Subsecretaría para las FFAA en el Ministerio de Defensa y ocurrió lo mismo. En mi vida, he tomado pocas vacaciones, y mi marido e hijos lo saben. Mi único límite es cuando están enfermos y asistir a las actividades escolares y cumpleaños. Ellos me acompañan siempre por toda la región, no solo ahora en campaña, porque aprovechamos de descansar y regalonear un poquito. Busco instancias además con cada uno de ellos, como por ejemplo, seguir a Rangers con mi hijo, con quien tratamos de ir siempre a los partidos, y mi hija que es militante de la JS me acompaña mucho a reuniones y actos. Lo único realmente doloroso y difícil es haber estado menos de lo que hubiera querido con mi papá mientras estuvo enfermo, aunque tuve la fortuna de contar con la comprensión de mi marido y los niños, y quedarme con él muchas veces, mientras estaba hospitalizado o en su casa y, a veces, pasar la noche conversando con él tomados de la mano.





