jueves, junio 4, 2026
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Ex autoridades de Boric comenzaron a responder tergiversaciones y mentiras

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Y se acabó el silencio. La travesía por un mar pacífico que le había concedido la actual oposición al gobierno de Kast y a la que se habían acostumbrado, se terminó. Durante tres meses el progresismo soportó con estoicismo ataques, mentiras, tergiversaciones, apoderamiento de obras y acciones iniciadas por Boric por parte de los flamantes y, en su mayoría, inexpertos personeros provenientes de la empresa privada. ¿De conocimiento del Estado? Nada o muy poco. Ejemplo de ello es la salida antes de tiempo de dos ministras claves en el gobierno: de Seguridad y la Vocería.

Ahora, están saliendo las ex autoridades a responder las mentiras y tergiversaciones. Lo último fue el ataque brutal y mentiroso al ex ministro de Hacienda Nicolás Grau. El zar de las platas de Kast, empoderado hasta borrar la línea divisoria entre ministro de Hacienda y Presidente de la República, llamó a conferencia de prensa para  dar a conocer y acusar al ex gobierno de Gabriel Boric de haber entregado proyecciones fiscales “inconsistentes” y de subestimar el verdadero nivel de deuda pública que tendría Chile hacia 2030.

Según Quiroz, en el último Informe de Finanzas Públicas (IFP) del gobierno anterior “los déficits aumentaban, pero la deuda no crecía en la misma proporción”, lo que a su juicio evidenciaría errores o inconsistencias técnicas en los cálculos de la Dipres. Afirmó que habría una diferencia de unos US$10.500 millones en la proyección de deuda pública.

Contrariamente a otros ataques y tergiversaciones de Hacienda, el ex ministro esta vez se apresuró a responder. Negó que existieran “errores de cálculo” en las proyecciones fiscales del gobierno de Gabriel Boric.  “La proyección es consistente y no tiene errores de cálculo”.

El exministro sostuvo que Quiroz estaría simplificando el cálculo de la deuda pública y omitiendo variables macroeconómicas relevantes. Según Grau, la deuda no depende solamente del déficit fiscal acumulado, sino también del tipo de cambio, inflación, PIB nominal y movimientos financieros “bajo la línea”.

Fue más allá el ex ministro. Incluso explicó el punto técnico que cuestionaba Quiroz: “¿Por qué si el déficit efectivo proyectado acumulado al 2030 aumentó en 13 billones, la deuda al 2030 sube en un monto menor?” Su respuesta fue drástica y la entienden perfectamente los economistas de cualquier color: la deuda en pesos/PIB depende del déficit efectivo, pero también del tipo de cambio, de la inflación, del PIB nominal y de movimientos bajo la línea”.

El ministro de Hacienda -afirmó- se apresura al señalar que habría un “cálculo errado”. Y planteó que “una cosa es una diferencia respecto a supuestos y otra es que, condicional a esos supuestos, se hizo un error de cálculo”.

Y defendió a rajatabla lo que Quiroz hasta ahora no es capaz de reconocer:  “La deuda/PIB bajó en 2025 respecto a 2024, algo que no pasaba hace 18 años”. En el mismo sentido se pronunció el ex ministro de Hacienda, Mario Marcel

El porqué de estos ataques

El gobierno de Kast, -vía su ministro de Hacienda- busca conseguir varias cosas acusando a la administración de Boric. Para comenzar y frente a las protestas que ya se iniciaron por los recortes de Quiroz que recién se están conociendo, está justamente justificar el ajuste fiscal y los recortes.

No se puede olvidar que el gobierno de José Antonio Kast llegó prometiendo reducir el gasto público en unos US$6.000 millones y aplicar una fuerte disciplina fiscal. Para defender medidas impopulares —como recortes en salud, ajustes presupuestarios o reducción del aparato estatal— necesita instalar la idea de que recibió “las cuentas desordenadas”.

Es cuestión de revisar algunos medios de comunicación, no todos, para comprobar que el gobierno enfrenta críticas tempranas por seguridad, cambios de gabinete, alzas de combustibles y recortes sociales, entre otras perlas que se le acumulan ya. En ese contexto, trasladar parte del debate hacia la “situación fiscal heredada” ayuda a  cambiar el foco y responsabilizar a la administración anterior.

Muchas medidas del programa económico de Kast —rebaja de impuestos corporativos, reducción del Estado, recortes presupuestarios— son criticadas como ideológicas. Pero, Quiroz intenta presentarlas como una “necesidad técnica” derivada del deterioro fiscal.

Con todo esto, el oficialismo pretende instalar un relato de “herencia recibida” como caballito de batalla para explicar por qué algunas promesas de campaña no avanzan al ritmo prometido. Quiroz ha hablado de una caja fiscal “vacía” o “1% de lo normal”; gastos trasladados desde el 2025 al 2026; deuda subestimada; e inconsistencias” en las proyecciones fiscales. Así, le da legitimidad técnica a decisiones absolutamente ideológicas, que obviamente son negadas por el oficialismo.

Por el momento la acusación es “mal cálculo”. La pregunta es ¿cuánto demorarán en acusarlo de robos director o indirectos?

Para eso estará la acusación constitucional que decidió presentar el partido Libertario, a lo que se sumaron de inmediato los Republicanos. Se afirma que la UDI no le hace asco a dicho instrumento. Todo sea por sacarse el bicho del odio que aún mantienen en el alma.

De presentarla, lo probable es que se sume una parte muy importante de la derecha tradicional. La experiencia indica que cuando la oposición del gobierno anterior ha evaluado acusaciones constitucionales contra ministros ligados al manejo económico o administrativo del gobierno, se ha visto una coordinación bastante amplia entre UDI, RN, Evópoli, Republicanos e incluso sectores de Demócratas.

Y mientras la ciudadanía recién se está enterando de que en hospitales, policlínicos e incluso en Fonasa hay peligro en la atención de chilenos y chilenas, porque los recortes al presupuesto del 2,5% instruidos por Hacienda el Ministerio de Salud (Minsal), son reales –las municipalidades del progresismo y de la derecha se unieron para reclamar por ello- en el Senado comenzaron a prepararse para analizar y debatir el megaproyecto de Quiroz.

¿Qué pasará si se aprueba en el Senado?

Tras la cuenta pública del Presidente José Antonio Kast, el Senado comenzará la discusión del proyecto de Reconstrucción Nacional. El senador y presidente del Partido Republicano, Arturo Squella, aseguró en radio Duna que ve un “muy buen clima” en la Cámara Alta para discutir el proyecto.

Hoy el Senado aparece muy dividido para aprobar el megaproyecto de Jorge Quiroz. El gobierno de José Antonio Kast llega con una ventaja teórica, pero lejos de tener el triunfo asegurado. La sensación en Valparaíso es que la pelea será “artículo por artículo” y “senador por senador”.

El Ejecutivo contaría, en teoría, con unos 25 o 26 senadores cercanos: Republicanos, la UDI, buena parte de RN, algunos independientes cercanos, Demócratas o sectores regionalistas.

Los votos que hoy aparecen “en duda” y donde reside la clave del proyecto podrían estar en sectores moderados de RN, independientes de derecha, demócratas y regionalistas. Aunque es casi imposible creer que en la derecha habrá fisuras a la hora de votar – incluyendo al senador de Magallanes enojado porque no le consultaron a la hora de negociar como lo hicieron con el PDG en la Cámara de Diputados- se observará con atención, por ejemplo a Paulina Núñez (RN), que ha presionado por temas como sala cuna universal; María José Gatica (RN) que ha manifestado preocupación por eventuales recortes en salud y le ha pedido a Quiroz que se baje del trono. Hay también algunos senadores oficialistas que consideran excesiva la invariabilidad tributaria por 25 años.

Y hay un elemento político importante: muchos senadores de derecha no quieren aparecer debilitando a Kast, pero tampoco quieren cargar solos con medidas impopulares si la economía o el empleo empeoran en los próximos meses. Por eso, varios están tratando de marcar distancia sin romper completamente con el gobierno.

El escenario ideal para Squella sería “que todo el Socialismo Democrático, la antigua concertación, si es que algo de ese espíritu se sumara a la mesa, pusiera todo lo que ellos creen conveniente adicionar a las medidas y esto se ganara por hartos votos”.

“Pero si no, la verdad es que con un voto más, bienvenido. Y el efecto para el mundo de que Chile es el lugar para invertir en esta región, se logra igual”. Entonces, así sea con un voto, lo probable es que el proyecto de Quiroz se apruebe.

SI eso ocurriera, el gobierno de José Antonio Kast intentaría mostrarlo como un triunfo histórico igual, porque lograr aprobar una reforma tan grande en un Congreso dividido ya sería una victoria formal,

Pero una aprobación mínima también tendría costos y riesgos: mostraría un gobierno políticamente débil y sin mayoría sólida. Confirmaría fracturas incluso dentro de la derecha tradicional. Haría mucho más difícil aprobar las leyes complementarias posteriores. Abriría espacio para reformas o incluso desmantelamientos parciales si cambia la correlación política en el futuro.

Una aprobación estrecha suele generar la sensación de que el país quedó dividido prácticamente en dos mitades respecto del proyecto. Eso afecta la legitimidad política, aunque legalmente la ley quede aprobada. Y podría ocurrir que haya mayor presión social y municipal; judicialización o control constitucional; tensión dentro de Chile Vamos; fragilidad económica y de mercado. Porque paradójicamente, los mercados suelen valorar que una reforma se apruebe, pero también observan cuán estable políticamente queda. Si la ley pasa por una diferencia mínima, muchos inversionistas pueden preguntarse si durará; si será revertida; si habrá conflictividad social; o si la cambiarán tras la próxima elección. Todo especialmente peligroso para el gobierno, porque este proyecto -dicen ellos- apuesta a atraer inversión mediante “invariabilidad tributaria” y señales de estabilidad de largo plazo.