
Myriam Carmen Pinto, periodista.
Convencido de que aún queda mucho por decir, denunciar y reflexionar sobre el período de la Unidad Popular y la dictadura civil-militar, Juan Carlos García Araya, ha consagrado su vida al rescate y reconstrucción de la memoria colectiva en ámbitos del exilio y retorno; un yo testimonial profundamente comprometido con la historia reciente, los derechos humanos y la cultura local en formatos de literatura, narrativa, fotografía, audiovisuales y archivos de cartas, documentos y registros de prensa.
En Francia, nutriéndose profundamente de la cultura patrimonial y culto a la memoria histórica, país de su refugio entre 1976 y 1992, su obra literaria, narrativa y audiovisual entrelaza historias personales y colectivas, donde converge la vorágine represiva del golpe de Estado de septiembre 1973, prisión política, experiencias de resistencia y acciones de solidaridad impulsadas por la comunidad de chilenos en el exilio y organizaciones internacionales.
«1973» es el título de su libro más reciente publicado en España. Se trata de una novela basada en hechos reales en la que a lo largo de 73 capítulos aborda las huellas indelebles de José, preso político y María Eugenia, a quien conoce cuando visitaba a su marido en la cárcel de Antofagasta. Ambos presos por adherir al gobierno del presidente Allende y militar en partidos políticos por una sociedad más justa y digna. Al cabo de 45 años, se reencuentran dando paso a una conmovedora relación afectiva marcada por la experiencia del exilio y retorno y sus consecuencias de desarraigos, soledad, nostalgias, reinserción social, política y partidaria y rupturas matrimoniales, entre otros impactos.

Previamente, publicó los libros «A. Prat 1147 – Memorias de un preso político 1973-1976» y «Memorias de Exiliado – 1976-1992», en un formato de autoedición. De acuerdo al período correspondiente, en ellos relata su detención en Arica, traslado a la cárcel de Antofagasta y después a Santiago, su salida del país, vivencias en Chartres, quehacer de la comunidad de chilenos en Francia y los lugares de calles y plazas en donde se han levantado monumentos y o bautizadas con el nombre del presidente Salvador Allende. Ambas publicaciones integran un valioso archivo de cartas, documentos y registros de la prensa francesa sobre la represión y violaciones de los derechos humanos en el Chile del general Pinochet y solidaridad internacional y del propio exilio chileno.
Su sensibilidad poética también ha sido reconocida en antologías internacionales como Homeland (Londres, 2013) y a nivel nacional en la Antología de Escritores de Arica y Parinacota (2012).
Testimonios en dos tiempos
Juan Carlos García Araya nació en Valparaíso. Al momento del golpe de Estado, estudiaba Química en la Universidad de Chile en Arica. Tras su detención y posterior traslado a Antofagasta, fue condenado por un Consejo de Guerra, pena que luego fue conmutada por extrañamiento.
Su llegada a Francia dio inicio a una etapa de reinvención constante. Radicado en Chartres, trabajó como obrero para luego formarse en Mecánica y finalmente en Fotografía y Comunicación Audiovisual. Como realizador y fotógrafo, presidió la -Asociación Mémoire Audiovisuelle-, donde documentó no solo su propia vivencia, sino la vida de la comunidad chilena en su entorno. Su producción de esta época comprende además la producción y dirección de programas radiales sobre América Latina.
En 1992, a su regresa a Chile, vuelca su experiencia en la docencia de cine y televisión en universidades e institutos privados, dirige la revista «El Roto Chileno», editada en el barrio Yungay, publica artículos en revistas y blog literarios y forma parte de diversos equipos dedicados a la producción audiovisual.
En 2009, decidió radicarse en Londres para iniciar una nueva etapa junto a su pareja y búsqueda de nuevos horizontes. Gracias a su perfil políglota – dominio del inglés, francés y español-, se desempeñó durante siete años como guía en el Museo Marítimo Nacional, el más importante del Reino Unido y que forma parte de un conjunto histórico de museos declarados Patrimonio de la Humanidad. Tras acogerse a la jubilación, decidió dedicarse a tiempo completo a la escritura, su obra literaria y a la organización de su archivo personal, un tesoro documental que donará al Museo de la Memoria y los Derechos Humanos, asegurando de esta forma que las huellas de nuestra historia reciente sigan hablando a las futuras generaciones.





