Inicio Nacional Kast prometió crecimiento y empleo: 2027 pondrá a prueba el relato económico

Kast prometió crecimiento y empleo: 2027 pondrá a prueba el relato económico

Chile llegará a 2027 después de un año considerablemente más débil de lo previsto. El Banco Central redujo su estimación de crecimiento para 2026 a un rango de apenas 0,25% a 0,75%, muy lejos del 2% a 3% que proyectaba a fines del año pasado. Pero probablemente el dato más importante no sea cuánto crecerá finalmente el PIB, sino qué está ocurriendo detrás de ese número.

 

Durante buena parte de 2025, José Antonio Kast construyó su campaña presidencial sobre un diagnóstico económico severo del gobierno de Gabriel Boric. Habló reiteradamente de un país estancado, con bajo crecimiento, poca inversión, dificultades para crear empleo y una burocracia que, a su juicio, frenaba la iniciativa privada. En julio planteó que Chile necesitaba un “shock de inversión” y un “shock de optimismo”; en agosto llegó a calificar la gestión económica del gobierno como “una de las peores de la historia” y convirtió las cifras de desempleo y ocupación en uno de sus principales argumentos de campaña.

La crítica fue acompañada por una promesa igualmente contundente. Kast ofreció recuperar el crecimiento, atraer inversión y transformar esa inversión en nuevos puestos de trabajo. Su programa planteó acelerar la expansión de la economía hasta el 4%, elevar la inversión, aumentar la productividad, reducir la informalidad y convertir a su administración en “el Gobierno de mayor creación de puestos de trabajo en más de una década”, con especial énfasis en mujeres y jóvenes.

En noviembre, durante el debate presidencial, volvió a poner el desempleo en el centro del diagnóstico, aunque algunas de las cifras utilizadas entonces resultaron sobredimensionadas respecto de los registros oficiales. Ya al final de la campaña, su entorno defendía la frase “Chile se cae a pedazos” recurriendo precisamente al bajo crecimiento, el desempleo y la incapacidad de la economía para generar suficientes puestos de trabajo. En el último debate con Jeannette Jara, Kast resumió la elección como una disputa entre continuidad y cambio, y presentó su plan “Más y Mejor Trabajo” como la respuesta a esos problemas.

Ese relato importa hoy porque crecimiento, inversión y empleo no fueron promesas laterales de su candidatura: estuvieron en el centro del contrato político que ofreció a la ciudadanía. Por eso, al comenzar a proyectar 2027, la pregunta ya no es sólo cuánto crecerá la economía o cuánto aumentará la inversión. La cuestión decisiva será si ese crecimiento consigue efectivamente transformarse en empleo, mejorar la masa salarial y llegar a los hogares. Y en una economía cada vez más atravesada por la automatización y la inteligencia artificial, esa relación entre inversión y trabajo puede ser mucho menos automática de lo que la campaña presidencial daba por supuesto.

La prueba de la realidad: crecimiento, inversión y empleo bajo Kast

Chile llegará a 2027 después de un año considerablemente más débil de lo previsto. El Banco Central redujo su estimación de crecimiento para 2026 a un rango de apenas 0,25% a 0,75%, muy lejos del 2% a 3% que proyectaba a fines del año pasado. Pero probablemente el dato más importante no sea cuánto crecerá finalmente el PIB, sino qué está ocurriendo detrás de ese número.

Durante 2026 se combinaron varios factores. Se debilitó la demanda interna, cayó la inversión, disminuyó el impulso del gasto público, aumentó el precio de los combustibles, descendió la confianza y se deterioró el mercado laboral. El Banco Central reconoce que la desocupación llegó a 9,5% y que se produjo destrucción de puestos de trabajo, especialmente formales, reduciendo el crecimiento de la masa salarial real.

Existe una aparente contradicción. Las remuneraciones reales de quienes conservan su empleo crecieron 4,1% en doce meses a julio, mientras los salarios nominales aumentaron 7,8%. Pero una economía no vive solamente del salario de quienes permanecen trabajando. Para el consumo importa la masa total de ingresos laborales: cuántas personas están empleadas, cuánto ganan y cuántas horas trabajan. Por eso pueden aumentar los salarios reales individuales y, simultáneamente, debilitarse el consumo si hay menos personas ocupadas.

A eso se agregan otros mecanismos que presionan el presupuesto familiar. Los combustibles más caros reducen directamente el ingreso disponible. Una UF elevada encarece en pesos dividendos hipotecarios, arriendos y otras obligaciones indexadas. Y aunque la inflación disminuya durante 2027, la UF no regresará al nivel anterior: simplemente crecerá más lentamente. El resultado es que muchos hogares comenzarán el próximo año desde una estructura de gastos más pesada.

Frente a esto, el Banco Central proyecta una recuperación importante. Para 2027 espera que el PIB crezca entre 2% y 3%, que el consumo privado aumente 2,1% y, sobre todo, que la formación bruta de capital fijo se expanda nada menos que 8,1%. La Ley de Reconstrucción explicaría aproximadamente medio punto porcentual adicional de crecimiento.

Aquí se encuentra la gran apuesta económica de 2027: que el aumento de la inversión reactive el empleo, mejore la confianza, incremente los ingresos y vuelva a impulsar el consumo.

Pero hay una pregunta que rara vez aparece cuando se habla de inversión: ¿qué clase de inversión llegará?

Durante décadas hemos tendido a imaginar una relación casi automática entre inversión y empleo. Una empresa construye una planta, compra maquinaria, amplía operaciones y contrata trabajadores. Pero esa relación está cambiando. Una parte creciente de la inversión empresarial se dirige a software, automatización de procesos, inteligencia artificial, sistemas de autoatención, robotización y tecnologías destinadas precisamente a producir más utilizando menos trabajo.

El propio Banco Central acaba de incorporar este fenómeno a su diagnóstico del mercado laboral chileno. Su IPoM de septiembre señala que, además de los factores cíclicos, existen factores persistentes detrás de la débil creación de empleo y menciona expresamente la automatización, la alta exposición de determinadas ocupaciones y la reducción del costo relativo de la tecnología respecto del trabajo.

Esto obliga a mirar 2027 de otra manera.

Perfectamente puede ocurrir que la inversión crezca 8%, la productividad aumente y el PIB vuelva a expandirse sobre 2%, pero que el empleo responda mucho menos que en recuperaciones anteriores. Es lo que la literatura económica denomina jobless growth: crecimiento económico acompañado de una creación insuficiente de puestos de trabajo.

Para las empresas, aquello puede significar mayor productividad y menores costos. Para las estadísticas nacionales, más inversión y crecimiento. Pero para una familia cuya principal fuente de ingreso sigue siendo su trabajo, el resultado puede ser completamente diferente.

El problema, entonces, no será solamente comprobar si llega la inversión prometida. Habrá que observar cuánto empleo genera cada peso invertido.

Si durante 2027 la inversión crece con fuerza y simultáneamente aumenta el empleo formal, disminuye la desocupación, se recupera la masa salarial y vuelve a crecer el consumo, el escenario optimista del Banco Central tendrá fundamentos sólidos.

Pero si observamos inversión creciendo 6%, 7% u 8%, mientras el desempleo permanece cercano al 9%, la masa salarial avanza lentamente y el consumo continúa débil, estaremos frente a otro fenómeno: una recuperación productiva que no logra convertirse en recuperación social.

Esa diferencia será decisiva.

Porque finalmente las personas no experimentan la economía mediante el PIB. La experimentan cuando encuentran trabajo, cuando conservan su empleo, cuando su salario alcanza para pagar el dividendo, el combustible, los alimentos y las deudas, y cuando todavía queda una parte del ingreso disponible para consumir y mejorar su calidad de vida.

Por eso 2027 no debería evaluarse únicamente preguntando cuánto crecerá Chile.

La pregunta verdaderamente importante será otra: ¿cuánto empleo será capaz de producir y mantener ese crecimiento?

En una economía atravesada cada vez más por la automatización y la inteligencia artificial, esa puede terminar siendo la diferencia entre una recuperación que aparece en las estadísticas y una recuperación que efectivamente llega a los hogares.

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