Editora Internacional Página 19
En estos minutos, la expresidenta de Chile, Michelle Bachelet, se encuentra desarrollando su intervención en el diálogo interactivo convocado por la Asamblea General de las Naciones Unidas en Nueva York. La sesión, que comenzó a las 10:00 horas (hora local), se extiende hasta las 13:00 horas, y la candidata chilena es la primera de los cuatro aspirantes en someterse a esta instancia pública, conforme al orden alfabético establecido.
La transmisión en vivo a través de UN Web TV permite seguir el desarrollo del evento, donde Bachelet ha comenzado presentando su visión estratégica sobre el rol de la ONU en el actual escenario internacional, caracterizado por tensiones geopolíticas, crisis humanitarias y desafíos al multilateralismo.
La sesión se estructura en dos segmentos temáticos, conforme a lo dispuesto en la resolución 79/327 de la Asamblea General. El primero aborda la evaluación de las capacidades de liderazgo y la experiencia de la candidata para dirigir una organización que enfrenta presiones sin precedentes. El segundo se centra en los tres pilares sustantivos de las Naciones Unidas: paz y seguridad, desarrollo sostenible y derechos humanos.
La presidenta de la Asamblea General, Annalena Baerbock, inauguró la sesión recordando que «el mundo necesita a las Naciones Unidas más que nunca» y que la persona que ocupe la Secretaría General «debe ser la más firme defensora de la Carta de las Naciones Unidas», particularmente en momentos en que el organismo y el derecho internacional están siendo objeto de ataques directos.
De acuerdo con los primeros reportes desde la sede neoyorquina, Bachelet ha hecho hincapié en su trayectoria al frente de ONU-Mujeres y como Alta Comisionada para los Derechos Humanos, destacando su experiencia directa en la gestión de crisis humanitarias y en la promoción de agendas de derechos en contextos adversos. Fuentes diplomáticas presentes en la sala señalan que la candidata ha evitado pronunciamientos controversiales y ha optado por un discurso centrado en la necesidad de fortalecer el multilateralismo y recuperar la confianza en las instituciones internacionales.
Tras su exposición inicial, se ha abierto el período de preguntas por parte de los representantes de los Estados miembros y organizaciones de la sociedad civil. Este segmento es considerado el más exigente, pues pondrá a prueba su capacidad de respuesta inmediata, su dominio técnico de los temas y su habilidad para sortear interrogantes políticamente sensibles.
La presentación de Bachelet ocurre en un escenario complejo. Por una parte, existe una presión internacional significativa para que una mujer ocupe por primera vez la Secretaría General en los 80 años de historia de la ONU. Por otra, el criterio informal de rotación regional sugiere que el próximo Secretario General podría provenir de América Latina y el Caribe.
Sin embargo, la candidata enfrenta obstáculos considerables: la ausencia de respaldo formal del gobierno de Chile, que retiró el apoyo otorgado por la administración anterior; la oposición manifestada por 28 legisladores republicanos estadounidenses, que han solicitado vetar su candidatura; y la competencia de tres aspirantes con perfiles técnicos igualmente sólidos.
Una candidatura latinoamericana
Un aspecto que distingue esta candidatura del procedimiento habitual es la ausencia de respaldo -a última hora- por parte del gobierno de Chile. La administración del Presidente José Antonio Kast decidió revocar el apoyo que su antecesor, Gabriel Boric, había otorgado formalmente a la postulación de Bachelet. Esta decisión configura una anomalía diplomática, toda vez que la presentación de un nacional ante un organismo multilateral suele contar, por convención y por interés nacional, con la cobertura del Estado de origen.
Sin embargo, Bachelet ha recibido respaldo logístico y diplomático de las mayores potencias regionales: Brasil y México, quienes han facilitado el uso de las instalaciones de sus respectivas misiones y han desplegado gestiones activas en favor de la candidatura, siguiendo instrucciones de sus respectivos jefes de Estado, Luiz Inácio Lula da Silva y Claudia Sheinbaum.
Adicionalmente, la ex Alta Comisionada para los Derechos Humanos y primera Directora Ejecutiva de ONU-Mujeres de la historia, ha recibido asesoría técnica de un grupo de destacadas figuras de la diplomacia latinoamericana, quienes han colaborado en la preparación de la exposición y la anticipación de posibles preguntas críticas orientadas a fortalecer el desempeño de la candidata. La experiencia acumulada por estos diplomáticos en foros multilaterales constituye un activo intangible de gran relevancia que, sumado a su experiencia personal, la posicionan como la favorita para liderar las transformaciones que el escenario internacional demanda tras ocho décadas de existencia.
Estados Unidos y presión del Partido Republicano
Un factor de tensión que se suma proviene del espectro político interno de Estados Unidos, ya que un grupo de aproximadamente 20 legisladores del Partido Republicano ha manifestado su oposición a la postulación de Bachelet y ha solicitado que Estados Unidos haga uso de su poder de veto en el Consejo de Seguridad para impedir su designación.
Cabe recordar que el Consejo de Seguridad está integrado por 5 miembros permanentes con derecho a veto —Estados Unidos, China, Francia, Reino Unido y Rusia—, y que cualquier recomendación para la designación del Secretario General requiere la ausencia de veto por parte de estos.
Las críticas republicanas se centran en cuestionamientos a la idoneidad de Bachelet para el cargo, aunque los argumentos específicos no han sido detallados como tampoco lo ha sido en el caso del oficialismo chileno, dando cuenta de una coordinación internacional ideológica y comunicacional, más que hacia las propuestas de la candidata. No obstante, esta presión introduce un elemento de incertidumbre, considerando que el proceso de selección involucra la recomendación por parte de la Asamblea General —donde los 193 Estados miembros emiten un voto no vinculante— seguida de una decisión final del Consejo de Seguridad.
Un proceso democrático y de equilibrios geopolíticos
Más allá de esto, Michelle Bachelet no es la única aspirante al cargo. Compite con el argentino Rafael Grossi (actual director general del Organismo Internacional de Energía Atómica), la costarricense Rebeca Grynspan (secretaria general de la Conferencia de la ONU sobre Comercio y Desarrollo) y el expresidente senegalés Macky Sall. Por orden alfabético, corresponderá a Bachelet abrir la ronda de presentaciones el martes 21 de abril, seguida por Grossi ese mismo día, mientras que Grynspan y Sall expondrán el miércoles siguiente.
El contenido del diálogo interactivo será determinante para evaluar la solidez de la candidatura. Las áreas temáticas que, según los analistas, centrarán las preguntas incluyen: estrategias para el mantenimiento de la paz y la prevención de conflictos; mecanismos para enfrentar violaciones al derecho internacional humanitario; y la identificación de los desafíos más urgentes en materia de derechos humanos en el escenario global actual.
La trayectoria previa de Bachelet —que incluye dos períodos presidenciales en Chile (2006-2010 y 2014-2018), su rol como Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos y su desempeño como Directora Ejecutiva de ONU-Mujeres— constituye un currículum de alto nivel en el sistema multilateral. Sin embargo, la capacidad de traducir esa experiencia en respuestas concretas, fundadas y diplomáticamente hábiles durante la sesión de preguntas será el verdadero termómetro de su desempeño.
El proceso de selección del Secretario General de la ONU es, por naturaleza, un ejercicio de equilibrios geopolíticos, donde convergen intereses nacionales, alineamientos regionales, consideraciones de género y evaluaciones sobre la idoneidad técnica y política de los candidatos.
