Ex Comité Central
Hace unos días, la familia socialista se juntó para expresar el profundo respeto a la figura del Flaco, como lo conocen las y los socialistas. Hay dirigentes que forman parte de la historia de un partido y otros que, por su trayectoria, sus debates, sus virtudes y sombras, terminan siendo parte de la historia política de todo un país. Camilo Enrique Escalona Medina pertenece a esta segunda categoría.
Hablar de Camilo es hablar de una parte importante de la historia del socialismo chileno de las últimas décadas. Ingresó a las filas del socialismo cuando el partido tenía 36 años de vida. Hoy, con 93 años del PS, la figura de Escalona es parte de la rica historia del socialismo chileno, ocupando diferentes cargos partidarios y de elección popular. Pero su importancia no se reduce a los cargos ocupados. Escalona representa una determinada concepción del socialismo y de la política.
Su trayectoria está marcada por experiencias que definieron a una generación completa: la Unidad Popular, el golpe de Estado, la persecución, el exilio, la clandestinidad, la lucha contra la dictadura y, posteriormente, la reconstrucción democrática.
Esa experiencia explica buena parte de su pensamiento político. Para Escalona, el socialismo no puede ser solamente una expresión testimonial de la izquierda. Debe ser una fuerza organizada, con capacidad de conducción, vocación de poder y disposición para construir mayorías.
Esta idea adquiere una relevancia importante durante la transición democrática. El Partido Socialista tuvo que reconstruirse después de la derrota de 1973 y encontrar una nueva relación entre su identidad histórica y las exigencias de la democracia recuperada. Y, sin lugar a dudas, Camilo es uno de los dirigentes centrales de ese proceso.
En una época en que existe una creciente desconfianza hacia los partidos, esta cuestión adquiere particular importancia. La política no puede reducirse a liderazgos personales, redes sociales, encuestas o movimientos electorales circunstanciales.
Un proyecto transformador necesita organización, militancia, formación política y capacidad de representar intereses sociales concretos. Esta concepción explica también su influencia prolongada dentro del PS.
Otro elemento fundamental de su trayectoria es la convicción de que el socialismo debe aspirar a representar a una mayoría nacional.
Esta materia resulta especialmente relevante en el escenario actual. La izquierda chilena enfrenta el desafío de recuperar apoyo en sectores sociales que no necesariamente se identifican con el lenguaje tradicional de la izquierda.
La seguridad, el empleo, el crecimiento económico, la vivienda, la salud, las pensiones y el costo de la vida forman parte de las preocupaciones cotidianas de la ciudadanía.
El socialismo no puede abandonar esas demandas ni entregarlas a la derecha.
Aquí existe una enseñanza importante: ser socialista no significa renunciar a la eficacia del Estado, al orden democrático ni a la seguridad de las personas.
La trayectoria de Camilo ha estado marcada por fuertes controversias dentro del propio Partido Socialista. Su conducción partidaria, sus posiciones frente a las alianzas, las primarias y las estrategias electorales generaron importantes conflictos internos. Y precisamente por eso su figura es relevante: porque ha sido parte de los grandes debates estratégicos del socialismo chileno.
No existe una historia política sin derrotas, errores, controversias y rectificaciones. Pretender construir una memoria partidaria sin reconocer esas dimensiones sería empobrecerla.
La fortaleza de un partido democrático está precisamente en su capacidad de discutir su propia historia y aprender de ella.
En un escenario marcado por el avance de las derechas, la crisis de representación, la fragmentación política y el debilitamiento de los partidos, algunas ideas adquieren renovada importancia: organización, disciplina democrática, formación política, conducción estratégica y construcción de mayorías. Ese es, quizás, uno de los principales legados de Escalona.
El Partido Socialista no puede vivir mirando permanentemente hacia atrás. Tampoco puede renunciar a su historia; debe recuperar lo mejor de ella para construir una nueva propuesta.
La tarea consiste, entonces, en combinar identidad socialista y capacidad de mayoría; transformación social y responsabilidad de gobierno; derechos sociales y seguridad; crecimiento económico y justicia social; tradición histórica y renovación generacional.
En esa perspectiva, la figura de Camilo Escalona conserva importancia para el socialismo chileno.
No porque haya que repetir sus fórmulas políticas, sino porque su trayectoria plantea una pregunta que sigue completamente vigente:
¿Cómo vuelve el socialismo a convertirse en una fuerza política capaz de interpretar a la mayoría del país y conducir un proyecto de transformación democrática?
Ser socialista es una tarea diaria, y Camilo Enrique Escalona Medina encarna esta definición.
Pronta recuperación, compañero. Como alguna vez, en las calles de Chile, hubo papelógrafos que decían: “Cuánta falta hace Escalona”.
