Guillermo Williamson Castro, Doctor en Educación y Académico Universidad de La Frontera.
Los hechos objetivos
¿Recuerdan esa entrevista en que el actual Presidente Kast señala que las aguas de los ríos se pierden al llegar al mar?… o esta otra en que señala que el fundo de su padre puede ser declarado humedal pues es húmedo… o la frase de que científicos producen bonitos libros que terminan en anaqueles sin generar empleos… o la propuesta legal de que las empresas tecnológicas no paguen derechos por el uso de la propiedad intelectual … o el nombramiento de una empresaria para ministra de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación… o la solicitud de desvincular a 30 funcionarios del Ministerio: estamos en tiempos reales de oscurantismo para la ciencia y el conocimiento libre y creativo, o, al menos, arriesgamos caer en él.
Debates sobre ciencia básica o experimental, innovación o creación, ciencia o tecnología, ¿artes, ingenierías o pedagogías?… todos ellos y tantos otros de importancia para el mundo académico empiezan a no tener sentido… al clarificar su opinión sobre la producción y difusión científica el presidente señala que fue un error formal del discurso, pero no hay rectificación del fondo. La universidad y la ciencia no pueden esperar mucho de esta posición ideológica, política y de conocimiento que expresa la de una parte significativa de su sector político. ¿Luego vendrán los cierres de archivos y bibliotecas de libros bonitos? El gobierno debe rectificar su enfoque y política.
El valor de la ciencia, el conocimiento, el saber.
La ciencia crea miles de empleos: investigadores, ayudantes, tesistas, postdoctores, secretarias, administrativos, diseñadores gráficos, encuestadores, imprentas, librerías, empresas de servicios y de una enorme variedad de equipamientos… en fin. Es un sector altamente demandante de fuerza de trabajo con diversos grados de calificación. Por otro lado, produce riqueza material e inmaterial: saberes de base para los constructores, ingenieros, agrónomos, psicólogos, profesores; genera información y tecnologías para las empresas… pero también productos que, por vía de patentes, propiedad intelectual, modelos, sistemas, diseños, aportan al desarrollo productivo del país y de las regiones. Nada más burdo que pensar que la ciencia y la producción de conocimiento, por el método que sea, es una carga financiera para el estado y la sociedad: la relación desarrollo+crecimiento+justicia social+democracia está totalmente correlacionada con la investigación, experimentación, desarrollo, innovación, democratización de la producción, distribución, aplicación y difusión de conocimiento. Los países de más alto desarrollo y libertades colectivas e individuales destinan mayor parte de su PIB a la ciencia y tecnología, los más pobres dependen del saber que producen otros.
Quieren aumentar los controles: esa manía de justificar represión, control, disminución de recursos al proyectar situaciones minoritarias al conjunto de la población: es no saber que no se puede extrapolar simplemente de un caso minoritario a una población mayoritaria. Hay aquí, no sólo demostración de desprecio por la sabiduría resultante de la indagación y creatividad humana, sino una afirmación del utilitarismo como expresión de la ignorancia de los fundamentos complejos de la realidad, además de no poder comprender que los productos tecnológicos son resultantes de la producción científica o de la sistematización de experiencias. Hay un trasfondo de ataque a la universidad estatal y pública que produce para la sociedad y las políticas públicas, pero también para empresas y organizaciones de la sociedad civil, en Santiago y regiones.
Ignorancia e idiotismo.
La ignorancia o estupidez parece acercarse rauda a la vida social y política del país, de la educación, de las universidades. Paulo Freire señala que nadie es ignorante, es cierto, todos sabemos de algo e ignoramos también algo, pero no se puede negar que alguien pueda sufrir de “idiotismo”. Según la RAE (entre varias acepciones) idiota es aquel engreído sin fundamento para ello, que es corto de entendimiento o que carece de toda instrucción, en el sentido de cultura amplia. Pero, no hay que engañarse, este discurso oculta el quehacer de esos fantasmas vivos de las oscuridades que manipulan y avanzan en la construcción de un proyecto político que desarma lo público, el estado, la comunidad, los derechos, la democracia. La estupidez ignota explícita esconde la sabiduría del inteligente que se ocupa en silencio de lo central: instalar un nuevo modelo de sociedad, estado, economía y democracia que no pueda ser desmontado en las próximas décadas. Ya lo aprendimos en la dictadura, es un modelo aprendido, ejecutado y validado.
Los sentidos profundos de los tiempos.
Por tanto, aprovechando esta coyuntura, hay una cuestión central a responder por las universidades, sus comunidades y aquellos políticos del amplio arco ideológico que creen en la ciencia, el saber, la investigación, el desarrollo libre y es preguntarse ¿Ciencia para qué y al servicio de quién?
La respuesta actual está clara: para la elite dominante, los empresarios poderosos (los pequeños y medianos verán más limitado aún sus escasos beneficios de la ciencia y tecnología actual), los grupos sociales que no entienden bien esta dimensión de la vida social, los enemigos acérrimos, ideológicos, de lo público y estatal.
A lo mejor hay que volver a plantearse los principios de la Reforma Universitaria de 1918, en Argentina, cuando un movimiento estudiantil iniciado el 21 de junio en la Universidad Nacional de Córdoba, exigía la democratización de la enseñanza, el cogobierno estudiantil, la autonomía universitaria y la libertad de cátedra, asociado a la idea de una universidad al servicio del pueblo, del desarrollo, de la sociedad.
También hay que hacerse una autocrítica, respondiendo con honestidad, las preguntas que hacíamos unos párrafos anteriores, en el marco positivista, mercantilista, autocentrado del modelo universitario actual; ¿cómo respondemos hoy a la cuestión de ciencia para qué y al servicio de quién? A lo mejor, en esas honestas respuestas podemos encontrar alguna causa a esta situación peligrosa que vivimos y podemos descubrir aquellas energías y fuerzas visibles y subversivas del saber que nos permitan defender la libre producción y difusión del conocimiento en beneficio de la sociedad, las políticas públicas, el desarrollo y el pueblo trabajador.
