Cristian Astudillo nació en Santiago de Chile iniciando la primavera del año 1979. Actualmente se encuentra radicado en Montevideo y goza de una trayectoria de 20 años participando en diversos proyectos artísticos, entre los que destacan haber trabajado bajo la dirección de la artista, coreógrafa y maestra Carmen Beuchat. Fuecofundador del montaje callejero e interdisciplinario en torno a la figura de Petronila Neira en la ciudad de Concepción; diseñador y escritor de la obra de teatro callejero “Trigre”, adaptación de las poéticas del cine de Raúl Ruiz; músico, diseñador y bailarín de la Sociedad Candombera Catanga en Santiago de Chile; y constante creador en torno a la poética visual del Candombe afrouruguayo a través de la pintura.

Cristian Astudillo conversó con Página 19, entregándonos su visión del arte, su camino como una batalla “por mantener un trabajo creativo a la vez que debemos ocuparnos de otra actividad laboral”, situación inspiradora para quienes consideran que no tienen tiempo ni espacio para la creación.

¿Qué interés puede existir para la opinión pública el conocer el pensamiento de alguien que ha trabajado en ciertos ámbitos artísticos pero que se niega a ser considerado como un artista?

Supongo que algo de mí ha interesado a alguien que, a partir de ello, tomó la decisión que otros supieran también por si les interesa. Por algo usted me está entrevistando, sea decisión suya o de otro, por algo está aquí. Por lo de no considerarme artista bueno, no soy yo quien deba, sobre mi trabajo, catalogarlo como artístico o no independientemente de si tales actividades entran en el ámbito artístico como la pintura o la música, o el teatro. Creo que lo artístico tiene que ver más con la calidad de lo que se hace que con el ámbito en el cual se inserta. Fíjese que ni siquiera Víctor Jara se consideraba a sí mismo como un artista, muchísimo menos podría considerarme yo.

Lo que si me parece sumamente intrigante, además de haber generado algún interés, es el hecho de que usted sea ornitóloga, y me pregunto por su interés como ornitóloga hacia mí y mi pensamiento, que debo decirle que es bastante estrecho y limitado por cierto.

Tiene razón, o sea en lo de que soy ornitóloga, no de lo estrecho de su pensamiento ba! no lo sé. Bueno, lo que pasa es que la ornitología es una profesión que me ha llevado a investigar aspectos paralelos como el lenguaje no verbal, el lenguaje onomatopéyico, el camuflaje, el síndrome del nido vacío, los rituales de cortejo, la construcción bio-sustentable, la migración, etc., y considero como todo el mundo, que el gorjeo de las aves es musical y por eso mismo comunicación, lenguaje. De modo que no es tan descabellado, como puede parecer, el interesarme en alguien que ha incursionado en la expresión a través de más de un lenguaje, a saber: la pintura, el dibujo, el diseño teatral, la danza, la música y la escritura y que, sin embargo, como muchas especies de aves es un total desconocido tanto para el gran público como para el pequeño. En otras palabras, me interesa la gente que en el anonimato o sin exposición mediática realiza actividad estética.

A propósito de aves y anonimato, ¿no fue su compatriota Neruda quien dijo que las aves (no todas obviamente) son animales musicales porque se pueden oír, pero no ver?

O algo por el estilo sí. Creo que lo leí o escuché en algún lado, en fin, yo pensé que usted había escuchado de un tal “Pollo”, que es como mucha gente me conoce, sobre todo la vinculada con mi paso por cierta escuela de arte y que, tal vez, por ello se sintió interesada en conocerme y entrevistarme. Digo por esos intereses paralelos a la ornitología que mencionaba.

Debo aclarar que Pollo no es un “mote” que me guste demasiado. En mi país tiene una mala acepción al ser usada como adjetivo para una persona, pues ser pollo significa ser tonto, actuar con una ingenuidad manifiesta en cualquier asunto, y no es que no lo sea o no lo haya sido en el momento en que me apodaron (nada se puede descartar, y menos de lo que desde afuera se percibe de uno), pero para mi defensa quisiera decir que pollo también se usa para denotar la corta edad de una persona en relación al contexto que le apoda. En este caso, a la escuela de arte que le mencionaba, entré a los diecisiete años casi recién cumplidos, edad que era prácticamente excepcional, no tan alejada de los dieciocho o diecinueve años que son más comunes, sumado a una contextura más bien delgada y tampoco alto hicieron que alguien se tomara la libertad de comenzar a decirme así y, bueno, así quedé para mucha gente hasta el día de hoy.

Es verdad que algo había escuchado al respecto, pero no, es mera coincidencia que yo sea ornitóloga y que a usted se le conozca como “pollo”. Yo más bien le contacté para intentar conocer un poco más de lo que usted hace, de sus intereses, intensiones y motivaciones que lo han llevado a realizar sus actividades.

Supongo que existe una respuesta general que abarca una motivación vocacional y otra que comprende las motivaciones específicas de cada trabajo. En relación a la primera, no sé si llamarla motivación, y si es así, la llamaría preconsciente, pues está presente en todo ser humano, con la diferencia que algunos desarrollan estas prácticas lingüísticas y otros no. También sucede que hay personas que no dejan de realizar este tipo de actividad estética pero que no la llevan a cabo profesionalmente sino como aficionados, y otros como yo, que luchamos por mantener un trabajo creativo a la vez que debemos ocuparnos de otra actividad laboral.

Antes de ahondar en sus actividades creativas o lingüísticas me gustaría preguntarle sobre su condición migrante, pues usted vivió 34 años en su país natal Chile, y ahora lleva 6 años viviendo en la capital uruguaya ¿qué aspectos de su identidad cree que se han visto de alguna manera trastocados o que cree que ha tenido que modificar para insertarse en una sociedad y cultura diferente?

-Tenía una relación a distancia con el Uruguay si se puede llamar de alguna manera a través de la cultura del Candombe, que es una manifestación cultural afrouruguaya que, como en tantos otros países donde hay colonia uruguaya, y Chile no escapa a ello, se cultiva. En mi caso, mi acercamiento se dio en el año 1999 cuando paso a participar y a aprender en la entonces Comparsa Candominga en Santiago, la que anteriormente fue Lonjas del Uruguay y actualmente Sociedad Candombera Catanga. Participé de la Comparsa ininterrumpidamente hasta que me fui de Chile; fui parte también con ellos en mis visitas a Chile y por último acá en Montevideo. A lo que iba es a que ya había estado unas cuantas veces en Montevideo y desde Chile manteníamos una relación estrecha con el Uruguay, pero claro no es lo mismo un cierto conocimiento, una relación a distancia que insertarse en la dinámica de vida de la ciudad. Y en ese sentido, si bien uno comienza a usar palabras y modismos por un tema de funcionalidad, en términos de identidad, o lo que entendemos que aquello significa, creo que luego de un primer momento de enamoramiento natural, se me intensificó el amor por mi propia cultura chilena, interpretar a Violeta Parra, a Mauricio Redolés y comenzar ciertos trabajos de creación libres de cualquier influjoexplícito de la cultura uruguaya, ya que me había dedicado por mucho tiempo al Candombe, ya sea en la comparsa, como percusionista y corista en una banda de Candombe fusión llamada Tecla Negra y por medio de pinturas específicamente dedicadas a la cultura Afrouruguaya.

Esos trabajos de creación libre realizados en Montevideo ¿de qué se tratan?

Por el lado visual comencé a realizar lo que llamo Caligrafías pictóricas-pinturas caligráficas, que es básica y simplemente escritura automática con tintas chinas de colores y plumas caligráficas, de modo que pintaba mientras escribía y escribía mientras pintaba. En términos de imagen, hace tiempo que me interesa mucho la abstracción, la sugerencia de atmósferas, luminosidades y texturas más que pintar lugares, personas o cosas, aunque también tengo que reconocer cierto fetichismo con la palabra como imagen, la palabra escrita a mano tiene un encanto en relación a la palabra hecha a máquina, parecido a la relación entre el libro de papel y el libro digital, y bueno, esta técnica me permitía entregarme a ese placer, la letra, la palabra, el color, la transparencia, el encuentro de todo aquello.

La otra actividad que realicé en Montevideo pero que concluí en Chile y más específicamente en la ciudad de Concepción tuvo que ver con mi participación en la Compañía Teatro de Masas, primero a partir del año 2016con mi reencuentro con el trabajo en torno al culto a Petronila Neira, y luego en 2018 con la creación de la obra de teatro callejero “Trigre”, una adaptación libre de las poéticas de Raúl Ruiz. En ambos procesos participé diseñando vestuarios, objetos, pintando y escribiendo, labor que se fue tornando cada vez más importante tanto para mí como para la compañía.

¿Sigue escribiendo?

, es un ejercicio que intento mantener en el cotidiano. Por un lado, trato de cada cierto tiempo retomar la décima, pues la considero de una importancia tremenda en el ámbito popular latinoamericano y de alguna manera me enorgullece poder tenerla como compañera y que tanta gente también la esté cultivando, como una especie de renacimiento. Por otro lado, también escribo más libremente. No es fácil escapar de la rima, además que escribo intentando pensar en un complemento musical, pues ya hay unas cuantas poesías que se han transformado en canciones. Es uno de mis proyectos actuales.

De hecho su última aparición pública fue en actividades de solidaridad con Chile en el contexto de la represión que ha sufrido su pueblo en la protesta social del 18 de octubre del año pasado.

, es verdad. Acá en Montevideo se organizaron algunas compañeras y compañeros para realizar actividades con esa intensión, y la verdad es que ha sido muy dramática la situación hasta el día de hoy en que sigue habiendo persecución política, sin contar con mutilados oculares, muertos, torturados, violaciones dentro de los cuarteles, prisioneras y prisioneros políticos sin antecedentes confiables, etc. No podía estar ausente en una actividad como esa, y bueno, ahí estuve interpretando composiciones de Violeta Parra, Mauricio Redolés y estrenando mis propias composiciones.