Guillermo Williamson Castro, Doctor en Educación y Académico Universidad de La Frontera.
Hace unas semanas conversaba con unos profesores argentinos. Entre peronistas y no. Me decían que el problema de Milei era que no se le conocía proyecto de sociedad o país. Les señalé mi opinión. La ultraderecha que avanza en el mundo tiene un solo proyecto: no tener proyecto de sociedad y que sea el mercado, protegido por fuerzas armadas y financieras, el que defina todo. Tiene que ser algo así como pasar del “que sea lo que Dios quiera”, a que “sea lo que el mercado quiera”. Su Dios no es el cristiano, es el dinero en el mercado. La Conferencia de Acción Política Conservadora (CPAC) coordina este proyecto globalizador planetario, disputando la hegemonía política y cultural de distintas diversidades socialistas, en las escalas locales, regionales, nacionales. Si no hay un modelo de sociedad al que aspirar, hay un proyecto político estratégico ultraconservador: imponerse sobre todas las variantes históricas del socialismo, en todas las dimensiones de la sociedad.
Imponer el mercado neoliberal para terminar con los avances socialistas
La izquierda socialista y fuerzas progresistas deben hacer una profunda autocrítica, no hay que echarles la culpa a las masas ni al empedrado, hay que revisarse sin dejar de considerar el enorme uso de la mentira, el dinero, la corrupción, el uso malicioso de las redes sociales, el populismo. La ultraderecha mundial tiene un solo plan: que no haya proyecto de sociedad. Si existe algún proyecto de sociedad habrá estado, política, regulaciones, sindicatos, derechos, demandas, que resultarán de la acción o inacción de las fuerzas de dirección del proyecto societal. Ergo: no hay que tener proyecto societal, sino estrategia para su imposibilidad. Su programa es desarmar el estado y la sociedad civil organizada, en todo lo necesario, incluida la educación, para que opere el mercado, para que sea el flujo del dinero el que determine el rumbo de las sociedades, pero, bajo el control de fuerzas armadas, la sociedad civil organizada de la elite hegemónica y los grandes conglomerados financieros globales. Los países son fuentes de “recursos naturales”: el capitalismo aún depende de la energía fósil, los minerales, bosques, aguas, energías naturales, a lo cual han agregado tecnología de poder cultural, social, económico, financiero, militar, educacional.
¿Y la educación?
Al final la educación es una pieza más, progresivamente secundaria, en relación a la hegemonía cultural de los medios de comunicación y redes sociales privadas, en ese juego maquiavélico del mercado centrado en el dinero, donde el ser humano ya no es más que un objeto en el proceso de producción cultural, con apariencia virtual de importante; pero donde cada vez es más difícil distinguir lo verdadero de lo falso con la inteligencia artificial, y ante el dilema, las masas prefieren creer a no creer, exige menos trabajo mental. El proyecto es minimizar lo público de la educación -según su pensamiento, de fundamento socialista- para fortalecer una noción en que lo público sea la sumatoria de lo privado, por tanto, la base del sistema debe leerse en esta clave cultural, de gestión, de financiamiento y de propósito moral. Lo privado gestionará, en el contexto de la sociedad de mercado, lo que entendemos por educación pública: la educación estatal o social. Para gestionar y dejar fluir las exigencias formativas del mercado capitalista neoliberal, los parámetros curriculares se ajustarán en cada escuela. Gracias a la legislación actual de derechos de los padres a elegir la educación de sus hijos, la libertad de crear colegios, la flexibilidad curricular que permite ajustes significativos a proyectos escolares, se podrá establecer una dirección cultural adecuada a la economía global -desde los territorios locales y regionales- por parte de organizaciones sociales, empresariales, religiosas o ideológicas, que manejen el estado.
Desde el Romanticismo de Rousseau, al Socialismo de Marx, Gramsci, Bourdieu, Conservadurismo de Durkheim, Humanismo de Dewey, Conductismo de Skinner, la educación es expresión de la formación cultural y ciudadana subordinada al sistema social, político y económico dominante de esa elite que dirige el sistema. En China, Cuba, Francia, Estados Unidos, Mozambique o Chile, es igual: la educación sirve al sistema, grupo, partido, elite o clase dominante. Es cuestión de Poder.
El pensamiento socialista, en sus varias vertientes, levanta la voz de la resistencia y de la creación alternativa a través de la conciencia de los ciudadanos, como plantea Freire, la educación de la conciencia crítica permite que la masa se convierta en pueblo. Por ello, es necesario iniciar un debate sobre la educación que requiere Chile en referencia a un proyecto de sociedad, bajo una inspiración socialista moderna, democrática, intercultural, emergente desde abajo, la vida comunitaria, las luchas sociales, las organizaciones colectivas, la economía de cooperación. No se debe caer en la trampa de la sala de aula como foco central de acción: es el sistema y el poder de gestionarlo lo que está en juego. Y en lo político-técnico definir el proceso de transición del hoy a lo esperado y cuales serán los actores principales de movilización: profesores, estudiantes y académicos universitarios, funcionarios públicos, partidos políticos, organizaciones sociales… El desafío es proponer un proyecto de sociedad y de su educación que supere al no-proyecto.
