Estamos hace ya un tiempo en cuarentena, palabra teñida de dolor y encierro para los pobres y los que han sufrido enfermedades activas o socialmente denigradas a lo largo de la historia. El estado cerró el sistema educacional presencial y por decreto lo declaró virtual. Como si fuera sólo un cambio de escenario con consecuencias negativas acotadas, daños colaterales, producto de la situación. Los gobiernos universitarios intentan organizar la continuidad e inicios de aulas, muchas aún del segundo semestre del año 2019, producto de las movilizaciones sociales iniciadas el 18 Octubre. Determinan la docencia a través del tele-trabajo bajo la lógica de que hay que cambiarse de la docencia presencial a la virtual rápidamente pues los estudiantes –que financian el sistema- están esperando porque se cumpla el contrato familiar con el Estado, los sostenedores o dueños de colegios privados.

No discutiremos la liviandad para referirse a “lo virtual”. Se aprecia una ignorancia supina en relación a lo que significa conceptualmente y su diferencia con la Educación a Distancia (EaD), como modalidad educativa sistemática y si bien realizada, como todo, de calidad. La confusión conceptual es un reflejo de la confusión general de tratar de reemplazar la “normalidad” del sistema educativo por otra “normalidad” con algunas imperfecciones que se podrían corregir en el camino. Las determinantes financieras de un sistema educacional capitalista neoliberal, donde el rendimiento y los logros de aprendizajes determinan el financiamiento, obligan a tensionar al máximo las relaciones laborales aumentando las exigencias a profesores del sistema escolar y a docentes universitarios para que el sistema en su conjunto funcione y se financie. Sobre la calidad nada. El derecho a la educación se cumple asistiendo a un aula con un docente, presente física o virtualmente y no como aprendizaje feliz, complejo, en serio.

La carencia de un sistema de financiamiento basal de la educación pública y universidades estatales –en el contexto neoliberal de Chile- se muestra en toda su crudeza, limitación y debilidad para asegurar la calidad que corresponde al derecho a la educación en toda condición y circunstancia histórica. El actual, no sirve: se requiere otro.

“Bajo cuerdas”

Los rectores de universidades estatales del CUECH y los del CRUCH, sostenedores municipales y directores de sistemas locales de educación han sido débiles. No han presionado –ni considerado el apoyo gremial docente- por financiamiento, demorar el inicio de clases, cuidar a los/as docentes, dar tiempo para generar experiencias de aprendizaje en sistemas on line mejor diseñados y más respetuosas de los actores educativos, más que intentar forzar clases.

Pero en este esfuerzo colectivo del sistema educacional, más allá de las consideraciones financieras, sociales y políticas que pese a las críticas y desagrados o dificultades obligan a actuar profesionalmente y con responsabilidad, hay un sector que ha ido quedando fuera de las decisiones y del debate: los educadores, educadoras de párvulos y profesores(as) del sistema educacional, académicos y docentes de la educación superior.

Las autoridades del Ministerio de Educación toman sus propias decisiones, probablemente “bajo cuerda” conversando con sostenedores particulares o municipales afines, que generan directrices internas obligatorias; los dueños de colegiosprivados no consultan y actúan; gobiernos universitarios se reúnen con sus equipos técnicos y estudiantes y sacan normativas. Casi todas las autoridades deciden y muy pocas conversan con las organizaciones gremiales y los profesores y académicos: estos son “el jamón del sándwich” en este proceso.

En los conflictos universitarios, internos o externos (como el movimiento social del 2019), los gobiernos universitarios negocian con los estudiantes y sus organizaciones, sin que los académicos y sus propias organizaciones gremiales se sientenen las mesas de conversación y negociación: al fin son éstos los que asumen las consecuencias de esas decisiones, afectando sus descansos, familias, actividades de investigación y desarrollo, de vínculo con el medio, de docencia en posgrado. En universidades privadas se montaron sistemas tecnológicos y se iniciaron clases sin contar con la anuencia voluntaria de sus docentes. El MINEDUC negocia con padres y apoderados, sostenedores y estudiantes: el Colegio de Profesores, como los pocos sindicatos docentes que funcionan realmente, quedanfuera de las decisiones, como se verificó en la absurda decisión del MINEDUC de adelantar las vacaciones escolares.

La tele-explotación hace que profesores de colegios privados y particulares subvencionados estén trabajando más allá de sus horas de contrato en pésimas condiciones en sus hogares, intentando colaborar en la doble jornada, recargando las tareas en alguna mujer de la familia, si es profesora debe desdoblarse, pese a todo, hoy el hogar y cuidado principal de los hijos pequeños sigue siendo un campo de trabajo femenino al cual los hombres se han ido sumando, pero aún no masiva ni bien organizadamente, menos en las condiciones actuales. Profesores universitarios por hora han perdido empleos, han sido desvinculados aduciendo la necesidad de concentrar horas en profesores jornada completa ante los riesgos del menor financiamiento, trabajan cerrando cursos y planificando los siguientes al mismo tiempo, mientras intentan llevar su trabajo doméstico y sus otras actividades no docentes.

La situación actual muestra una segunda condición de explotación del sistema capitalista en educación y es la carencia de poder de los principales trabajadores de la educación: los profesores y académicos universitariosproducto de la debilidad legal de las Federaciones de Asociaciones Gremiales de Académicos, Colegio de Profesores, Sindicatos de Profesores para negociar condiciones laborales justas. Tanto a escala local (sistemas,establecimientos, universidades) como a nivel político global las autoridades niegan la participación de las organizaciones gremiales: toda forma de poder les tiene miedo en el capitalismo.

Por eso, hay que elaborar una Nueva Constitución, que elimineesas debilidades capitalistas neoliberales, fortalezca y financie la educación estatal, permita la triestamentalidad en todas las universidades, sin distinción alguna, valore las organizaciones gremiales y sindicales.