Todos llevamos semanas internados en los hogares, unos voluntariamente, otros obligados por ley. Prima el sentido colectivo ante el individual, hasta el neoliberalismo más duro ha debido aflojar algunos de sus principios irremovibles: un papel más relevante del Estado que del mercado, de lo público que de lo privado, limitar libertades individuales, aumentar el gasto y endeudamiento público, disminución del crecimiento, restringir horarios de compra y venta, limitaciones a los despidos por causa mayor, entregar bonos, tener que consultar políticas con la sociedad civil organizada, hay empresarios que tiemblan con la fijación de precios a productos básicos.

Pero al final los trabajadores tendrán el alza de las ISAPRES del mismo modo, saldrán de sus deudas hipotecarias tres meses después de lo planificado, los fondos individuales de cesantía estarán vacíos, el desempleo rondará las puertas de los hogares (se asoman propuestas como el Programa de Empleo Mínimo-PEM de la dictadura), los grandes grupos empresariales globalizados se recuperarán rápidamente y las PyMEs habrán disminuido sus ingresos o quebrado. Después de esta tragedia, parafraseando La Fiesta de Serrat: “vuelve el rico a su riqueza, vuelve el pobre a su pobreza, el señor cura a sus misas….”. Pero los ciudadanos y ciudadanas serán y seremos diferentes. No seremos los mismos o mismas y el estallido social, el mayor movimiento social de estos años, tampoco será el mismo, es un componente más –entre muchos- de la incerteza, del temor, de la esperanza que hoy se hace carne en los hogares encerrados. Que algo va a pasar, así va a ser: nada estructural cambiará, pero nada permanecerá igual, cambiará la cultura y subjetividades, las nociones de nosotros mismos, de las relaciones sociales y vida en comunidad, familia y hogar, del consumismo y las tecnologías, del poder. Algo del neoliberalismo será distinto.

El capitalismo neo liberal global y el de Chile parece colapsar y reconstruirse según lo conocemos: ¿hacia dónde? Lo dirá el modo político y económico, global y nacional, en que salgamos de esta etapa y se recupere la movilización social democrática en sus demandas sociales. El capitalismo y sus elites como esos monstruos de los cómicsrenacen bajo formas diferentes una y otra vez para asegurar su reproducción y mantener su acumulación de capitales, conocimientos, innovaciones tecnológicas y poder global sobre la sociedad.

Y en este tiempo ¿qué ha pasado con la educación? Pese a la oposición de educadoras, asistentes y académicas de párvulos se aprobó la ley que permite la obligatoriedad de la educación parvularia desde la primera infancia financiada por el estado, lo que significa que –dado que la mayoría de los jardines infantiles son o pueden ser privados- serán subsidiados por el estado debilitando la educación pública.

El Ministerio de Educación ha diseñado recursos para el estudio en casas e intentado mostrarse proactivo y menos represivo y conductista que con la pésima gestión de Cubillos, pero sigue autoritario; muchos de sus programas continúan mientras se ajustan a la realidad del teletrabajo. Los establecimientos intentan normalizar sus clases a través de medios tecnológicos con la subvención asegurada por el MINEDUC (entonces, ¿podía entregarse sin asistencia física comprobada?) En las aulas hay docentes trabajando en doble jornada por muchas horas: doméstica y laboral. Las universidades estatales intentan ajustarse a la realidad apenas saliendo de las movilizaciones sociales del 2019, cerrandosemestre e iniciando el nuevo. La FAUECH y CONFECH intentan construir un petitorio de necesidades contingentes y estructurales a presentar al CUECH, CRUCH y Gobierno. Universidades privadas inician sus clases virtuales como les es posible con docentes despreparados y disfrazando la calidad. Los estudiantes mantienen la deuda del CAE.

Funcionarios públicos de las seremis de educación siguenlibrando batallas de reintegro a sus funciones luego de ser expulsados al asumir Piñera. Del Colegio de Profesoras y Profesores de Chile lanzan un “Plan educativo de emergencia para enfrentar la crisis sanitaria”. Salvo la ley de educación parvularia nada habrá cambiado más allá de las subjetividades y formas, en lo fundamental el mensaje de la película El Gatopardo continúa vigente en lo estructural pero no necesariamente en la expresión histórico-territorial: debemos cambiar el modelo nacional.

Para los educadores es también un tiempo de descubrimiento de nuevos desafíos teóricos y metodológicos de la educación, la gestión, el currículum, la pedagogía, las relaciones sociales de aprendizaje, la educación pública, el desarrollo profesional docente, los educadores no profesionales. Hay que hacer la crítica política correspondiente y justa, pero también hay que aprender observando la realidad, los procesos objetivos y las subjetividades de estos tiempos.

La familia por ejemplo- ha recuperado un papel pedagógico protagónico, no de “home school” conservador o libertario (opuestos a la escuela pública estatal), sino como un ente que coopera con la escuela en el aprendizaje de los estudiantes, no para mal sustituirla, como ahora, sino para que los adultos asuman con más presencia un rol formativo que potencie el trabajo docente de la escuela, sin ocupar ni sus tiempos, ni espacios, ni contenidos: sí apoyar aprendizajes. La escuela sigue siendo necesaria, la pública más que nunca, en una nueva relación con el territorio y familias que hay que descubrir y construir en las prácticas e ideas.

En la historia de la humanidad y de cada uno(a) la educación se inicia en la familia, continúa en la comunidad y luego en el sistema escolar. Ha sido así por miles de años en un proceso histórico que hoy da un salto estructural, de sentidos, formatos y contenido cultural a una nueva forma: la educación virtual y a distancia (EaD) a través de múltiples plataformas. La COVID 19 ha desafiado a los sistemas educacionales a virtualizarse y ha impulsado la EaD. Un desafío para el socialismo, la izquierda, la educación pública, los académicos. La tecnología ha asumido un rol nuevo en el proceso educativo, más allá de las TIC como recurso de apoyo docente o aprendizaje: el medio ya es el mensaje. 

De modo sincrónico o a-sincrónico hay muchos establecimientos que están trabajando lo más próximo a lonormal: los estudiantes reciben en sus casas clases con sus profesores habituales. Se abren interesantes posibilidades para el futuro. Pero en el lado oscuro, por lo que hemos visto estos días, está un profesor o profesora que más que en tele-trabajo está en tele-explotación, él o su familia, trabajan el día entero, más allá de lo contratado y habitual pues están con doble trabajo sincrónico: el doméstico y el laboral. Hay que pensar con tiempo una nueva época de la educación, la transmisión y producción cultural, la conciencia crítica y ciudadana, y las demandas y derechos laborales y desarrollo profesional de todos(as) los educadores en un nuevo escenario: el de la docencia virtual fuera de los procesos educativos normales presenciales.