El proceso constituyente resulta un espacio fundamental para revisar nuestra estructura constitucional, donde elementos como el TC dificultan la expresión de las mayorías. Progresivamente, desde 1990 su composición y proceder lo ha terminado posicionando como un poder “supra mayoritario” que, sin duda, ha terminado incidiendo en el devenir democrático nacional, distorsionando además el rol que normalmente debería caberle a este tipo de tribunal.

No es nueva la crítica de que el TC ha obrado como “tercera cámara”, constituyéndose en la última palabra de varios proyectos, previamente tramitados en el Congreso. A modo de ejemplo: el fallo sobre las atribuciones fiscalizadoras del Sernac, en que el TC declaró la inconstitucionalidad de las normas que se referían a sus nuevas atribuciones; o el fallo sobre el aborto en tres causales, donde consagró la posibilidad de que instituciones de salud –y no solo personas- pudieran ejercer la objeción de conciencia, a pesar de que el texto del proyecto aprobado no lo contemplaba.

Ambos fallos otorgan una buena base argumentativa para cuestionar el rol y el funcionamiento del TC actual.

En la Comisión de Constitución de Senado, la cual presido, hemos abierto un espacio de reflexión denominado “Diálogos Constitucionales”. Hoy realizaremos nuestra tercera jornada precisamente sobre el Rol del Tribunal Constitucional en la Nueva Constitución.

En el marco del proceso constituyente, creemos que resulta absolutamente necesario revisar la integración y alcance del TC, con el solo fin de que este tribunal cumpla su función que, como ha señalado el constitucionalista Francisco Zúñiga, es “la custodia de la Constitución y no la imposición de una tiranía de valores fruto de sus preferencias y valores ideológicos”.

Lo que no resiste análisis es que el TC no puede terminar cumpliendo el destino que le imaginó Jaime Guzmán, al buscar convertirlo en una trampa o cerrojo para que, con independencia del resultado de las elecciones, quienes estén en el poder “se vean constreñidos a seguir una acción no tan distinta a la que uno mismo [la derecha] anhelaría”.

En definitiva se trata de que este espacio institucional no se convierta en un contrapeso de facto, en un suprapoder, ante la legitimidad surgida de las urnas que ostentan gobiernos y parlamentos y termine torciendo la voluntad de las mayorías para ser la herramienta de defensa del modelo

En menos de 25 días tendremos la posibilidad de decidir si queremos dar inicio al proceso de diseño de una Nueva Constitución. Ello nos permitirá revaluar y cuestionar tanto las bases dogmáticas e ideológicas de la Constitución, como también la estructura orgánica del Estado y el rol que juega este Tribunal Constitucional.