El tío Sam reinaugura su “patio trasero”

Foto: Kaique Rocha (Pexels)

 

Con el asalto armado a la capital de Venezuela y el secuestro de Nicolás Maduro -post asesinato a sangre fría de 32 de los hombres de su guardia armada-, el Presidente de Estados Unidos dio este 3 de enero de 2026 un gigantesco salto en reversa, volviendo a los ominosos tiempos donde el “Tío Sam” ocupaba Latinoamérica como su patio trasero. 

La acción armada dejó en shock al mundo civilizado por la descarada violación a las normas del derecho internacional que practicó Donald Trump y su círculo de hierro. Ni siquiera pidió la autorización del Congreso de su país amparándose en que el objetivo del asalto obedecía al encarcelamiento de un “narcoterrorista” que introducía droga a Estados Unidos.

La verdad es otra y así también lo transparentó Trump en forma inéditamente impúdica en un Jefe de Estado de la mayor potencia del mundo: “vinimos a buscar el petróleo que nos robaron”. Nada de eufemismos, como en el caso de Irak. Aquí no se habló del hallazgo de armas químicas o cosas por el estilo. Señalando a su camarilla, que le cuidaba las espaldas durante la conferencia de prensa donde dio a conocer el sangriento operativo, Trump dijo que “quienes están a mi espalda gobernaran el país hasta estabilizarlo”.

Lo notable de estos últimos acontecimientos no es solo la desfachatez y la impunidad con la que actúa el gobernante estadounidense -y que, además, no le sale ni por curado- sino el desenmascaramiento de los reales intereses del País del Norte.

En el siglo XX, al entrar Estados Unidos en la repartición del mundo, dejó chicos a la Corona Española o a los Imperios Británico y Otomano. Lo ocurrido en el Medio Oriente a inicios del siglo XX lo continuaría EEUU a través de brutales, sangrientas y fallidas incursiones en Corea, Vietnam, Irak, Afganistán. 

Pero en su patio trasero ya había hecho y deshecho durante la primera mitad del Siglo XX, en virtud de la Doctrina Monroe: entre 1898 y 1922 realizó diversas intervenciones militares en Cuba, quedándose finalmente hasta el día de hoy con la Base Naval de Guantánamo. En 1898 invadió y anexó Puerto Rico. En 1903 intervino militarmente Panamá para separarlo de Colombia. Entre 1912 y 1933 ocupo militarmente a Nicaragua y entre 1915 y 1934 hizo otro tanto con Haití. Entre 1916 y 1924 ocupo la Republica Dominicana. Entre 1903 y 1925 invadió en forma militar en forma recurrente a Honduras. En 1914 ocupó el puerto mexicano de Veracruz y entre 1916 y 1917 realizó una nueva incursión militar contra las fuerzas de Pancho Villa. En 1983 invadió Granada. 

Durante la Guerra Fría, el Tio Sam decidió ser más solapado, alentando y financiando Golpes de Estado para que sus títeres locales se hicieran del poder y se repartieran entre todos la plata. Lo hizo en 1954 en Guatemala; en 1963 en República Dominicana; en 1964 en Brasil; en 1968 en Panamá; en 1971 en Bolivia; en 1973 en Chile y Uruguay y en 1976 en Argentina.

Amparado por la Doctrina Monroe, el Corolario Roosevelt, la Guerra Fría (“parar el comunismo”), la protección de sus intereses económicos (el plátano, el azúcar, el Canal de Panamá, el cobre, entre otros) EE.UU actuó durante el siglo XX sin freno y sin excusas en Latinoamérica, su “patio trasero”.

Hoy, Trump reinstala la Doctrina “Donroe”, como la bautizo descaradamente, y en Venezuela inaugura la nueva temporada de caza.

Pero esta vez, el “Tío Don” habla sin eufemismos ni rodeos. Clara y sencillamente, dice que viene a recuperar el oro negro que le “robaron” a sus amigos  petroleros de la Exxon, La Gulf Oil y la Mobil en Venezuela. Hace creer que los ladrones fueron Chavez y Maduro, sin aclarar que fue durante el primer gobierno democrático de Carlos Andrés Pérez, el 1 de enero de 1976, cuando la República reservó al Estado la “exploración, explotación, y comercialización de sus hidrocarburos”, creándose la empresa estatal Petróleos de Venezuela S.A. (PVDSA) para ejercer ese control. 

Hoy, sin contrapesos de  ningún tipo, el dueño del hemisferio occidental, como se proclama, rebautiza en Golfo de México como “golfo de América”, anuncia que si Rusia y China quieren petróleo venezolano se lo tendrán que comprar a él, que si a la Vicepresidenta de Venezuela no le gusta como son las cosas desde el 3 de enero, puede estar segura que recibirá un castigo mayor que el aplicado a Maduro. Y doña Delcy entiende el mensaje y jura como nueva presidenta interdicta sin chistar, enfundada en un traje de alta costura de un millón de pesos. Amerita la ocasión. 

En Nueva York, en las cercanías de la cárcel donde llevan a Maduro, se instala un grupo de vociferantes manifestantes, supuestamente  venezolanos reclamando la liberación de su líder. Trump se limita a decir, en una nueva y demencial conferencia de prensa, que todas esas personas “son muy feas”… Le faltó decir “guatones” para estar al nivel de la Raquel Argandoña.

¿Nos están agarrando el pelo a todos? Miles de horas de transmisiones televisivas a lo largo y ancho del mundo siguiendo los hechos y ninguna acción categórica que ponga freno a esta nueva escalada del Emperador. ¿Qué nos pasa como humanidad? Llevamos casi 3 años mirando como el Emperador de Israel extermina al pueblo palestino de Gaza y seguimos congelados como piedras. Llevamos un año mirando las peligrosas bufonadas del Presidente de nuestra vecina Argentina y lo único que concluimos es que lo mejor es votar por uno igual en Chile, y lo hacemos con increíbles mayorías. Y después nos parece divertido que se saquen fotos juntos con la motosierra con la que el vecino esta destruyendo la vida cotidiana de nuestros vecinos, quienes también habían decidido que lo mejor para salir de una crisis era votar por el director del manicomio…

Mientras tanto, Trump bravuconea sin parar, amenazando a otro Presidente electo democráticamente, Petro, a quien también acusa de narcotraficante. Pero como el mandatario colombiano tiene calle porque estuvo en el monte, le responde pausadamente que no tiene ningún problema en volver a tomar a tomar las armas que colgó hace décadas y volver al monte a luchar por defender a su país. Ahí van las cosas en este novela negra por entregas.

Desde luego, tampoco se libra Cuba de las amenazas pero uno duda si hoy en día al Imperio le interesa una isla que no tiene petróleo, ni litio, ni cobre y de azúcar le parece quedar solo la música del Celia Cruz. Mirado así, los cubanos podrían estar tranquilos.

Pero no los chilenos porque nosotros tenemos cobre. Y litio. Y tierras raras. Todo un cóctel apetitosísimo para quienes miran los recursos naturales de los países desprotegidos como un botín de guerra del que hay que hacerse. Porque allí esta la base de sus riquezas ancestrales y de su poder milenario.

En este convulso escenario que ha creado Trump se comenta que las aves de rapiña de ese país no tendrán que organizar flotas ni cargar misiles para llevarse lo nuestro. Que será su nuevo amigo Kast quien se lo venderá a Trump y sus boys en créditos con intereses irrisorios. Tiene toda lógica.

Así con este nuevo mundo que nos ha tocado vivir. En todo caso, nada muy nuevo bajo el sol. La historia de la humanidad es una historia de conquista y saqueos, donde los vencedores viven como reyes y los vencidos como mendigos. Le ha tocado sufrirlo a todos los débiles a lo largo de los siglos. Los imperios atacan, devoran, engordan hasta la obesidad y luego mueren cuando otro aspirante al poder los destrona y se hace de otro imperio. Y así avanzamos (¿avanzamos?) en nuestro paso por la humanidad.

Cuando uno lee las historias de los seres humanos que van quedando en el camino tras las arremetidas de estos forajidos de cuello y corbata, dan ganas de gritar de impotencia. Pero no hay canales ni medios donde hacerlo. Porque los forajidos se convierten en elegantes señores, dueños de la verdad, de cómo crearla a su amaño, como imponerla y como perpetuarla por siglos.  

¿Es posible creer que el narcotráfico ha ganado más dinero que los empresarios de la guerra? No. La guerra es más rentable ya que la industria militar genera un valor anual estimado en 2 a 2,5 miles de millones de dólares (billones) a través de la venta de armas, la tecnología militar, la reconstrucción post-conflicto, la seguridad privada, beneficiando a los Estados, las Corporaciones armamentistas, a los Bancos, las aseguradoras, los contratistas. Es un negocio legal, estructural y permanente, financiado por presupuestos públicos.

Por su parte, el narcotráfico genera anualmente ganancias estimadas en 400 a 600 miles de millones de dólares a través de la producción y tráfico de drogas y el lavado de dinero. 

Por ello, quienes ganan más poder son quienes están en la industria de la guerra porque esta les genera control geopolítico, influencia política, dependencia tecnológica, endeudamiento de países, legitimándose con discursos de “seguridad” o “defensa”.

Ambos negocios matan gente. Pero uno es legal y el otro es ilegal. Uno apunta a ayudar a los aspirantes a emperadores a convertirse en poderosos. El otro apunta a satisfacer las necesidades de recreación y omnipotencia del imperio. O sea, el negocio existe porque el Imperio consume en cantidades industriales.

Así con la humanidad y la historia oficial que nos han contado por siglos y las historias tras bambalinas. Hoy felizmente, hay un emperador que se saca las máscaras y nos dice la verdad sin tapujos. Para que vayamos aprendiendo. Porque pedir que vayamos reaccionando es quizás mucho pedir…