Cuando la historia personal se une de una manera intensa y fuerte con las historias de los derrotados, de los que sufren, de los que luchan, esa quizás sea una manera de ver la vida y la obra de Roser Bru; quien siendo una niña de 16 años llegó a Chile en el Winnipeg, barco emblemático que trajo a este país a más de 2000 refugiados provenientes de España en el contexto de la Guerra Civil Española, tras la derrota de la República. Ella misma fue una sobreviviente, un fragmento y testigo fundamental de la narración de la larga historia del siglo XX y su trabajo artístico condensó esta historia en muchas capas de significados.

Su vida estuvo marcada desde que era una niña por el exilio cerca de París, durante la dictadura de Primo de Rivera. Luego, antes de salir definitivamente de su tierra catalana, estuvo en un campo de refugiados en Montpellier (Francia), para luego emprender el largo viaje junto a su familia que la traería al país que sería su segunda patria, Chile. Llegó al puerto de Valparaíso en 1939 el mismo día que estalló la segunda guerra mundial.

En este país la familia que formó tuvo que partir a otro exilio después del Golpe de Estado de 1973, la historia parecía repetirse. Ella se quedó y luchó desde su trinchera, la pintura. Plasmó imágenes de detenidos desaparecidos, denunció la violencia y su voz se alzó y veló por aquellos y aquellas que fueran víctimas de esa historia. Desde ese momento la guerra civil española y la violencia de la dictadura chilena parecían entretejerse en su obra. Imágenes como los fusilados, el miliciano caído (de la famosa fotografía de Capa), la muerte, la desaparición, la crueldad de la guerra, la memoria, pero también -y muy profundamente- la expresión y celebración de la vida fueron parte de su creación artística.

Parte de los personajes que aparecían es sus obras como Kafka y Milena, Miguel Hernández, García Lorca, Frida Kahlo, Gabriela Mistral, además de sus citas a Velázquez y Goya, en fin, tantos y tantos nombres y rostros que de alguna forma rosaron la existencia de la artista, ya fuera por sus relatos de vida, o inspirada por sus obras. En aquellas imágenes y biografías Roser buscaba las hebras de la historia que los unía con un convulsionado siglo XX, una historia, muchas veces, compartida.

Todas estas memorias, todas estas historias, la artista las condensaba además en un pequeño cuadernillo en el que anotaba frases de diferentes escritores, intelectuales y versos populares, que, como ávida lectora, coleccionó y luego plasmó en sus obras. Frases que muchas veces repitió como mantras y más de alguna la acompañaron en el espacio de su taller: “Emprender el combate como si el combate valiera” (Margarite Yourcenar), o “A quien vela todo se le revela” (voz popular española).

Roser Bru (1923-2021) fue una artista incansable que pintó casi hasta su último aliento, porque como ella señaló en muchas ocasiones: “Morir es cierto” a lo que con el tiempo agregó: “pero vivir también”. Esta artista nos ha dejado un legado artístico lleno de humanidad y todavía con muchas capas que develar.