El Perú está dirimiendo, en segunda vuelta presidencial, entre dos opciones polares, pero su destino se juega al día siguiente que se terminen de contar los votos y se proclame al vencedor, al constatar si existe un sólo país del que todos se sientan parte. Si la polarización permanece, perdió el Perú.

Pensar en el día después aclara mucho el discernimiento. Ahora, que tenemos segunda vuelta de gobernadores en 13 regiones, es bueno usarlo como criterio. La mejor opción de triunfo, en cada región, es aquella en la que cuando alguien gana, todos ganan, y quien pierde sabe que lo único que ha perdido es una elección, pero puede seguir sintiendo que su región le pertenece sin menoscabo.

Los puestos importan al elegir un representante. La opción política siempre cuenta, pero al escoger un constituyente lo que importa es la opinión que tiene, al escoger un gobernador lo que vale es la acción que pueda emprender.

Cuando se trata de un puesto nuevo también es significativo, al escoger entre dos personas que se han validado como gestores, optar por los que no sean repetidores de lo que han hecho antes. Puesto que se trata de algo nuevo, hay que optar entre líderes de la acción, expertos en la innovación permanente. En una época de cambios hay que conducir lo que se transforma, no administrar lo que ya se tiene.

Así como a un cargo de gestión se llega haciendo y no hablando de lo que hay que hacer, el sello de las nuevas autoridades no ha de ser el repetir, sino el innovar y hacer que lo nuevo funcione.

Le propongo que use un pequeño “detector de inapropiados para el puesto”, que puede resultar muy útil: si cuando habla usa con frecuencia palabras que usted no le entiende, es porque el candidato no sirve. Significa que se ha dedicado a la política intramuros, que se ha acostumbrado al uso de una terminología de grupo chico y sectario. A un gestor lo entienden todos, porque está acostumbrado a dirigir obras, no a leer tratados de construcción.

Básicamente, hay dos formas de conducir una región. Una, trabajando para todos y con todos, para lo cual se predica con el ejemplo, es decir, recurriendo a la preparación que ha alcanzado en buenas gestiones de similar tipo. Típicamente, el que sabe de construcciones en colaboración con equipos sabe cuánto cuesta cada medida, cuando demora y cuando se termina.

Otra forma de conducir una región es gobernando con “los nuestros”, porque da la casualidad de que se pertenece el grupo que conoce el sentido de la historia y encarna lo bueno de este país. El que tiene la verdad no necesita a nadie.

Los más exagerados consideran que pueden dirigir la región, precisamente, porque no lo han hecho antes. Si no han liderado antes es porque los han excluidos y, como es bueno que los excluidos dejen de serlo, entonces, les toca.

Pero nadie viene de la nada, ni de hacer nada. Uno siempre se sorprende de que los “nuevos” hace tiempo que estaban en política y sus prácticas, desconocidas para los demás, tienen poco de nuevo y mucho de mañas viejas. Los protege el anonimato, no sus obras. Por eso importa el día después. Todo habrá salido bien si la región termina unida y no polarizada.