Mientras, la atención del mundo se concentra en el repliegue estadounidense desde Afganistán y sus consecuencias presentes y futuras, la región del Caribe de nuestra América pasa sin mayores atenciones en la agenda pública internacional. Claramente, el repliegue estadounidense obliga análisis y decodificación de la medida tomada por el hegemón del norte, como también en cómo se llenará el vacío de poder que deja Estados Unidos en el país y en la región medio oriental. No es poca cosa, ya que la forma en que aterricen otras expresiones de la comunidad/sociedad o sistema internacional a una territorialidad siempre intensa desde lo geopolítico, debiese determinar la resolución o administración de ese conflicto, vía intervención política, la que pareciera ser “es obligada”, dados los antecedentes con los que carga el talibán para ejecutar gobierno (sin perjuicio de algunas señales que entregadas las primeras semanas de su instalación en el poder), donde la aplicación de sus definiciones doctrinarias ancladas al Corán, van a contrapelo de los idearios e imaginarios occidentales devenidos hoy por hoy en universales: vulneración de derechos humanos diversos y el de las mujeres en específico, como ejemplo más estridente.

Pero volviendo al Caribe, en cuanto región de nuestra América, consideramos que ésta ha sido bastante invisibilizada dentro del debate actual. Esto, incluso, comienza de un desconocimiento geográfico de lo que históricamente fuera una zona particularmente importante desde el siglo XVI. El Caribe es comprendido por las Antillas Mayores (Cuba, Isla La Española con República Dominicana y Haití, Jamaica, y Puerto Rico, todas con otros accidentes geográfico oceánicos), las Antillas Menores (Antigua y Barbuda, Barbados, Dominica, Granada, San Cristóbal y Nieves, San Vicente y las Granadinas, Santa Lucía, Trinidad y Tobago, más las dependencias de EE UU, Francia, Reino Unido, Países Bajos); las Lucayas (Bahamas, Isla Cat y las dependencias del Reino unido en las Islas Turcas y Caicos) y las expresiones continentales de América Central y del Sur (Belice, Colombia, Honduras, México, Panamá, Costa Rica, Guyana, Venezuela, Nicaragua, Surinam y Venezuela con todas sus islas asociadas). Además de estas particularidades geográficas, existen diferencias políticas y culturales dentro de esta zona. Si tomamos algunos ejemplos observaremos procesos sociopolíticos del todo relevantes para América entre ellos, destacamos los siguientes:

1.- Un quehacer cubano que viene en una franca transición política respecto de su proceso revolucionario desde que se traspasa simbólicamente el poder desde Fidel a Raúl Castro en un primer momento y ahora a Miguel Díaz-Canel (se sabe que la caída de la URSS y el fin de la Guerra Fría son centrales en este aspecto), quien es testigo de un inédito Estallido Social a la cubana hace unos meses, permitiendo diversas lecturas referidas a la gestión del régimen hacia el interior de la isla y su proyección regional. Según los diferenciados reportes, encuentra en el manejo de la pandemia un punto crucial para la movilización de cubana/os, sin perjuicio de los avances sanitarios y científicos para enfrentarla por medio de las vacunas Abdala y Soberana 02, ambas pensadas y producidas desde la misma Cuba (han existido otros movimientos de resistencia del régimen, pero éste cobró una particular estridencia). Como se comentó en otros momentos, ambos productos sanitarios, ineludiblemente deben ser entendidos como aspectos geopolíticos de primer orden, dado que es el único país latinoamericano y de la región que ha sido capaz de inocular a su población con su propio avance científico. Como es razonable, este malestar social y sanitario sintetiza una serie de otros aspectos que se vienen sedimentando desde hace un par de décadas a propósito de la situación económica, que en parte importante puede explicarse por los bloqueos políticos y económicos que ha gestionado el país del norte (EE UU y la UE), el que sin perjuicio de las señales de distención avanzadas en el gobierno de Barak Obama y Raúl Castro, fueron no solo relativizadas con Donald Trump, sino que profundizaron tensiones adversas hacia la isla. Joe Biden, a la luz de este estallido social con su propia geografía de la multitud, no se queda atrás para exigir acciones diplomáticas concretas que impidan la vulneración de derechos, a propósito del número importante de apresamientos gestionados por el régimen que se encuentra en una larga transición política, buscándola concretar desde su difícil autonomía respecto de EE UU.

2.- Por otra parte, Haití, tras una trayectoria constante de pobreza e ingobernabilidades políticas internas e intervencionismos externos, debió enfrentar las secuelas del terremoto del año 2010, el cual desarticuló la economía y las posibilidades normales de ocuparse de sus asuntos internos desde la dimensión política y social, teniendo que administrar, además, la inmensa cantidad de fallecidos tras tal catástrofe natural. Antes, gracias a la gestión de Boniface Alexandre tras reemplazar en la primera magistratura Jean-Bertrand Aristide, se solicitó en el año 2004 la intervención de la comunidad internacional por medio de la misión de paz integrada por varios países de la región más otros, vía Organización de Naciones Unidades (ONU), inclusive Chile, más conocida como MINUSTAH, no logrando la institucionalidad política y niveles de desarrollo aceptables para el pueblo haitiano. Hace muy poco, se fue testigo de un confuso asesinato de su presidente Jovenel Moîse en su domicilio junto a su familia (involucrados 28 personas, al parecer, organizados en una agencia privada de seguridad contratados para asesinar al presidente), que, aunque no gozaba de popularidad, terminó provocando una evidente crisis política que en nada ayuda a mejorar su quehacer nacional. Además, como si no fuera suficiente, fue azotado, recientemente, por un intenso terremoto (7, 2º en la escala Richter), provocando al igual que el año 2010 muertos y destrozos de todo tipo que profundiza las dificultades del país (se agregan las tormentas caribeñas que históricamente han provocado destrozos y muertes). Lo que es cierto, es que, con este cuadro, el proceso migratorio haitiano continuará, sea legal o ilegal, con el correspondiente empobrecimiento sistémico y revueltas sociales asociadas.

3.- Finalmente, se encuentra en desarrollo un esperado acuerdo entre el oficialismo y oposición venezolana en México, el cual se inscribe en un intento más de resolución de conflicto interno, donde la gestión, además es acompañada por observadores y mediadores institucionales para el buen concurso de la resolución (Noruega, Rusia y el anfitrión México). Interesa indicar que el actual ejercicio que busca avanzar en la resolución del conflicto interior se articula en cuatro grandes ejes: a.- Uno de los más importantes es el levantamiento de las sanciones económicas que caen sobre el país, viniendo principalmente desde EE UU, vía intervención de empresas venezolanas, reservas en oro, entre otras. Ello sin perjuicio de algunas distenciones que se han logrado con el actual gobierno de Joe Baiden; b.- Celebración de las elecciones de noviembre centradas en la escala regional y local, donde se escogen gobernadores y alcaldes, buscándose garantías para que las mismas sean, en el contexto en el cual se encuentra el país, lo más cercana a la mayor transparencia posible, ello, cuando la oposición se encuentra, fuera de fragmentada, muy debilitada, sobre todo, después de haber perdido la Asamblea Nacional (se restó de la elección por inexistencia de garantías de neutralidad electoral a su juicio en diciembre del 2020), en este contexto, se supo que la Mesa de Unidad Democrática (MUD, que incluye UNT, Acción democrática, Primero Justicia, Voluntad Popular, La Causa R y Bandera Roja), aceptó participar del proceso; c.- Por otra parte, se encuentra la necesidad de fortalecer la ayuda humanitaria, la cual, se precisa dada la alicaída economía que no es capaz de generar las plazas de trabajo que aseguren ingresos, además, los efectos de la pandemia generan una importante situación de incertidumbre interna, donde el oficialismo se encuentra permanentemente realizando gestiones para ingresar vacunas (sputnik fueron las primeras, pero con escaso uso y cobertura) y las ayudas generales también; d.- Otro aspecto tiene que ver con el anfitrión, el cual, realiza la invitación para mediar sobre la Doctrina Estrada de los años 1930, referida a cómo los propios nacionales son los que se hacen cargo de sus destinos en su conflictividad, cuestión que va contrapelo de lo que hoy día ocurre en el contexto internacional. En este contexto, es también que importa el aspecto fronterizo venezolano, sobre todo el que tiene con Colombia en la región de Apure sobre el río Arauca, resintiendo de forma importante la localidad del Arauquita por el lado colombiano, donde en el afán de controlar los grupos guerrilleros y de narcotráfico el gobierno venezolano de Nicolás Maduro envía al ejército para gestionar adecuadamente la soberanía nacional. Fronterizamente, también se encuentran Cucutá (tan cercana para Chile, cuando en el error más evidente de política exterior del Presidente chileno, Sebastián Piñera, acompañó una eventual rendición del régimen venezolano), y su intenso puente para la migración de venezolanos hacia Colombia, hecho que, además, se relaciona con la diáspora de nacionales venezolanos por Sudamérica, dadas las dificultades socioeconómicas que acusan prioritariamente.

En esta opinión, sobre la región, ocupando estos tres ejemplos de países involucrados, es insoslayable referirse al esquema de integración vigente, uno como es la Alianza Bolivariana para los pueblos de Nuestra América – tratado de comercio de los pueblos (ALBA – TCP) y, por la otra, a la Comunidad y Mercado Común del Caribe (CARICOM), donde ambos contarían con miembros en uno o en otro espacio. El primero, como esfuerzo geopolítico desplegado a partir de la definición realizada desde el Socialismo del Siglo XXI que encuentra en Venezuela, Cuba, Nicaragua y Bolivia (antes Ecuador) como miembros más relevantes (año 2004, y como reacción al ALCA, liderada por EE UU); mientras que la segunda expresión, tiene una fundación en la década de los 70’, buscando ser un espacio de articulación de sus economías, donde EE UU, busca regularmente también influir (también Inglaterra y Francia a propósito de su pasado colonial en la región). Sin ánimo de profundizar en la trayectoria de estos esquemas de integración, se puede afirmar que no han sido trascendentes en la cobertura que debe proyectarse para impedir la entropía en esta territorialidad. El primero, en su ámbito de acción más evidente, sobre sus socios más importantes ya consignados y, el segundo, respecto de Haití en cuanto rescate de su economía y acompañamiento social-político, vía coordinaciones para su acompañamiento (cabe indicar que la secretaría general de este órgano recién se instala en la persona de la Dra. Belicense Carla Natalie Bernett, en agosto de este año). Hay que consignar, que el primer esquema estuvo fortalecido gracias a la acción venezolana cuando el régimen liderado por Hugo Chávez Frías, gozó de los ingresos que le propició el recurso natural petróleo cuando el barril se encontraba muy elevado en el mercado global, permitiéndose una diplomacia, que peyorativamente se le denominó como ‘diplomacia petrolera’ o ‘petrodiplomacia’, siendo en la actualidad, la situación completamente diferente, dados los bajos precios del crudo, hecho que se releva aún más, cuando se encuentran vigentes los bloqueos económicos sobre Venezuela provenientes desde la Unión Europea, EE UU y otros países que impiden un mejor despliegue interno para el normal desarrollo de este país, como el del bloque integral. Tales bloqueos, se explicarían ante la evidencia de vulneración de derechos humanos en Venezuela, proyectado históricamente hacia Cuba, también hacia Nicaragua… pero, en fin, eso permite otra opinión.

Lo que importa indicar en esta columna, como en otras proyectadas sobre esta región de Nuestra América, es que la misma se encuentra en un nudo geopolítico, donde los intereses de sus estados miembros, que además se vinculan con los de los estados continentales de centro y parte de Sudamérica, encuentran en México y EE UU, otros cuantos, siendo los estadounidenses los más importantes dado su perfilamiento de poder sobre su área de influencia natural, quedando demostrada tal situación, en cada una de las intervenciones que ha concretado a lo largo de la historia, explicando, además que la región en realidad es su primer anillo concreto de patio trasero. Aun así, y como ya es un clásico en el estudio de las relaciones internacionales y del análisis geopolítico, no existió y pareciera ser no existe un diseño de política exterior que impida la entropía de la región para disminuir el subdesarrollo en general y sus diversas expresiones como son los flujos migrantes haitianos, venezolanos y centroamericanos, los que además conllevan vulneración de derechos, trata de personas, posibilidades de narcotráfico en cualquiera de sus expresiones, entre otras. Por lo tanto, pareciera ser que esta región, sin perjuicio de la importancia que tuvo en un momento de Guerra Fría, o de influjo que pudo tener desde el ALBA, en sus mejores tiempos, no se transformó y pareciera estar lejos de transformase en un espacio de preocupación real para minimizar o atemperar la entropía interna, más cuando Afganistán y la región que lo contiene, son de una preponderancia geopolítica, que por lejanía y recursos naturales asociados a sus procesos productivos, implican más urgencia de preocupación que la cercanía que le ofrece Latinoamérica en general y la región Caribe en particular.

Con solo una muestra de tres casos, podemos observar cómo esta subregión caribeña, que presenta además diferentes realidades y particularidades, ha sido prácticamente invisibilizada dentro de la agenda internacional, a pesar de haber revestido las características de un nudo geográfico/geopolítico. Ciertamente dentro de la economía-mundo del siglo XXI, el Caribe, no tiene la importancia que tuvo en otros momentos históricos, como en la época colonial o incluso en la Guerra Fría, pero sigue siendo un ámbito geopolítico que no debe menospreciarse, especialmente cuando sopesamos nuevas variable de análisis, como la de la geopolítica ambiental de nuestro presente o los efectos que puede tener el cambio climático en este espacio que ha sufrido hace décadas una profunda entropía sociopolítica y económica.