El Gobierno de Emergencia prometido por el presidente para gobernar el país ya ha configurado un verdadero Gabinete de Guerra para ello. Su diseño y composición fueron ideados para cumplir el plan de desmontar el Ancien regime imperante en el país. Al igual, qué en Alemania de los años 30, el diagnóstico de la ultraderecha es que la democracia no es funcional para lograr un país con una nueva cosmovisión, una Weltanschauung de orden y progreso.
La ultraderecha nunca ha creído en la Democracia y como se sabe ha intentado numerosos golpes de golpe de Estado para hacerse con el poder. Así ocurrió al final del primer gobierno de Trump en USA, al igual que con Bolsonaro en Brasil y con Hitler en los años 30 en Alemania. En todos estos, los putchs contra ella fracasaron y los ultras se vieron obligados a recurrir a la vía electoral para hacerse del poder. Usando para ello, la desesperanza de pueblos agobiados por los malos gobiernos. Así, el gabinete próximo fue diseñado cuidadosamente para desmontar la democracia y el humanismo, chivo expiatorio de estos sectores.
Actualmente, el sustento ideológico les viene de numerosos intelectuales proto fascistas quienes plantean que no hay que buscar continuidad ni alternancia en esta fracasada democracia sino fundar y aplicar una nueva cosmovisión para una nueva gobernanza. Así, cada uno de los integrantes del Gabinete de Guerra fue cuidadosamente elegido por el Conductor para cumplir con esta misión. Este en su lucha previa por alcanzar una mayoría electoral se cuidó mucho de que estas ideas, arietes de demolición democrática, no fueran percibidos por la gente. De allí su renuencia a debatir y la constante evasión a explicar el sentido profundo de sus ideas. Alguien de su entorno, encargado de las comunicaciones, conocía profundamente los 11 principios de la propaganda usados por la ultra alemana de los años 30.
De allí también, el no compartir el triunfo electoral con los demás partidos de la Derecha invitándolos a ser gobierno, porque eso era confiar en el pasado, lo que diluía el poder recién alcanzado. Lo qué es más, la ultra entiende que en esta empresa es necesario erosionar al máximo a la Derecha tradicional, en especial a los poderosos empresarios católicos del campo, para lo cual encarga esa misión a un noble de la masonería chilena, deleitoso y obsecuente del poder.
La fuente ideológica primordial actual del nuevo gobierno es sin duda el anticomunismo del dictador Pinochet cuyos principios políticos fueron estigmatizados en el devenir desde los años 90 a la fecha y qué con la progresiva reconversión de la Derecha tradicional hacia posiciones democráticas, fueron quedando olvidados. La actual ultraderecha chilena recogió esos principios y subrepticiamente los instaló en el actual gabinete de guerra eligiendo la curricula precisa para ello.
Defensores del dictador preso en Londres, fanáticos del castigo al ya fantasma del comunismo, iniciadores de movimientos extremistas del pasado, pseudo atletas amigas del Pervitin, leguleyos expoliadores de tierras mapuches, ahora están en el gabinete. Pero no se trata solamente de un revival valórico dictatorial sino también de la instalación de la actual y vigorosa contracorriente mundial anti diversidades, anti inclusión ciudadana por ampliación del estado social de derecho, del crecimiento económico ilimitado sin regulaciones climáticas ambientales, de la desregulación del empleo, entre otras. La idea es desmontar la historia económica, social y política del país del último siglo, la cual ha conducido según ellos, al estancamiento económico, al ultraliberalismo valórico, al estatismo, a la sumisión del impulso económico libertario individual a objetivos sociales, entre otros males, que explican la crisis. El Gabinete de Guerra fue elegido para conjurar esta emergencia. En su mayoría ministros, que dada su historia profesional, política y valórica no tienen compromisos afectivos e históricos con la política y sociedad del Ancien regime, condición imprescindible para lograr su demolición sin sentimentalismos. Sin embargo, la gran mayoría de ellos no conocen la sociedad ni el país que les tocara administrar porque sus vidas hasta ahora han sido solo su voluntad y representación en los estrechos círculos del poder económico y social de su clase, pero sin conocimiento del Estado y el resto de la muy diversa sociedad chilena.
De manera inexorable, tal cual ocurrió en la Alemania de los años 30 el Conductor ha ido completando paso a paso las ideas y equipo para intentar superar la “Emergencia” y pasar al tema de fondo: la conquista del sueño, el país de los mil años y la ampliación del espacio vital, el Lebensraum chileno, ideas y pasos que sin ninguna duda solo llevan al abismo.
