Faltando pocas semanas para el día D –16 de noviembre- la ciudadanía está prácticamente intoxicada con promesas de todo tipo para conseguir el favor electoral de chilenos y chilenas. Tanto como la intoxicación que está produciendo la verdadera hemorragia de encuestas de estas últimas semanas.
Como las encuestas han señalado que el principal problema para la ciudadanía es la inseguridad, prácticamente todos los candidatos han tratado de ponerse a tono con José Antonio Kast, cuyo discurso de campaña está centrado casi única y exclusivamente en el tema de la inseguridad. Todos, incluyendo a Jeannette Jara que no ha podido evitar el tema, aunque ha intentado instalar aquellos que también le interesan y preocupan a los ciudadanos: salud, educación vivienda.
Sin embargo, los temas de inseguridad, narcotráfico, inmigración irregular y delincuencia es un problema que existe, sin duda, como existe y peor aún en casi todo este continente y en el mundo. Es que el crimen organizado y el narcotráfico es a estas alturas un asunto universal que clama por soluciones colectivas. Y en Chile la inseguridad se amplifica gracias a las agendas mediáticas, cuyos noticieros parten con crímenes y asaltos, orientadas hoy a apoyar a las candidaturas que responden a los intereses de los dueños de los medios de comunicación.
Y es así como se ha llegado a la impensada situación de que las derechas estén luchando entre ellas para entrar a La Moneda. Lo señaló el sociólogo Alberto Mayol, que en la última encuesta de su empresa “La Cosa Nostra” -conocida por la seriedad de su metodología- reveló una sostenida alza en las encuestas del candidato presidencial del Partido Nacional Libertario, Johannes Kaiser. Una muestra predictiva con muy diferentes resultados a los de otras encuestadoras. Evidencia un empate técnico en el segundo lugar a Evelin Matthei, Johannes Kaiser y José Antonio Kast. Uno de ellos sería quien competiría con la candidata del progresismo, Jeannette Jara, instalada en un sólido primer lugar. Y aunque en las derechas están convencidos de que uno de ellos ganaría al pasar a segunda vuelta, no dejan de preocuparles los datos del mencionado empate técnico.
Las soluciones para los eternos problemas de la salud, la educación, la desigualdad, la vivienda, han quedado relegados a un rincón de la agenda, mientras las elites bregan por conquistar el poder político.
Las promesas electorales
Es en este escenario que las derechas -que tienen su propio proceso por conseguir el liderazgo del sector- tratan de conseguir votos para ellos y sus soportes partidarios. Tanto Evelyn Matthei, como Kast y Kaiser plantean distintas fórmulas para perseguir al crimen organizado. Entre otras cosas, se ha prometido la construcción de cárceles en el desierto; replicar la modalidad del presidente salvadoreño Bukele con cárceles “sin visitas, sin teléfonos y sin poder”; con un régimen de una visita mensual, dos horas de aire libre al día y gendarmes especializados contra el crimen organizado.
Y suma y sigue. En su afán por reconquistar votos que cruzaron la vereda y cambiaron sus preferencias por José Antonio Kast, Evelyn Matthei no ha dudado en exacerbar su discurso contra criminales y narcotraficantes llegando incluso a asegurar que “vamos a recuperar La Araucanía en un año. En un año vamos a sacar a los 10 grupos terroristas que están actuando acá, narcoterroristas”, aunque eso provoque “daños colaterales”. Referencias casi elegantes para no decir “muertes”.
Por su parte José Antonio Kast, tratando de explicar cuál será su ajuste fiscal de US$6.000 millones, y sus fórmulas para recortar lo que los economistas llaman “grasa del Estado”, propone una auditoría externa que signifique investigar la situación ministerio por ministerio y escritorio por escritorio. Su propuesta señala que se “convocará a la Contraloría, a firmas internacionales de primer nivel para que nos colaboren en la realización de una auditoria completa y exhaustiva al gobierno con el objetivo de identificar contrataciones indebidas, sobreprecios y redes de operadores políticos a lo largo y ancho del Estado”.
Así, Kast de alguna manera cumple con lo que sus amigos de la Conferencia Política de Acción Conservadora – conocida en el mundo progresista como la Internacional Negra- hacen de distinta manera en sus respectivos países. Allí están entre otros, Jair Bolsonaro -hoy detenido por intento de golpe de Estado en Brasil- Viktor Orban, de Hungría; Georgia Meloni en Italia; Marine Le Pen en Francia, Nayib Bukele en El Salvador, Javier Milei en Argentina, y el principal de ellos hoy: Donald Trump, por quien hubiera votado el 2016 según confesó el propio Kast.
¿Siguen los descuelgues?
Así las cosas, los ánimos en la derecha están cada vez más tensos después de semanas de enfrentamientos por la prensa y resultados de muestras que los dan a la baja o estancados en las preferencias ciudadanas. Ni a unos ni a otros les ha dado resultado llevar a sus filas referentes que provienen de la competencia. La llegada de Ximena Rincón, presidenta de Demócratas a Chile Vamos, por ejemplo, no ha sumado. Más bien ha ocurrido lo contrario.
Es en Renovación Nacional donde se han concentrado las críticas a la influencia de Demócratas y Amarillos en el comando y, por ende en la campaña. Sienten que el partido ha sido “relegado” en comparación a las otras fuerzas que sustentan la candidatura de Matthei. Creen que la postura adoptada por Matthei en sus enfrentamientos con Kast provienen justamente de Rincón y su ilusión de acercarse a los votantes de centro. La diputada y candidata al Senado Camila Flores (RN), conocida por su cercanía con los Republicanos, transparentó la sensación de disconformidad en las filas de la alianza. “No comparto para nada las palabras de Evelyn Matthei y lamento decirlo. El no entender que nuestro adversario político está en la candidatura de la continuidad de este nefasto gobierno y seguir golpeando a los candidatos que son de derecha, a los candidatos de oposición a la presidencia, me parece un error tremendo”.
Lo mismo opinó Francisco Orrego, candidato de RN: “Tenemos personas como Matías Walker (Demócratas) diciendo que no votaría por José Antonio Kast en segunda vuelta porque lo considera de un extremo. ¿Qué quiere? ¿Votar por Jeannette Jara en segunda vuelta? ¿Entregarle al país a los comunistas? ¿De verdad son tan irresponsables de salir a hacer ese tipo de llamados y a decir que van a votar nulo porque no están dispuestos a votar por los dos extremos?”,
El desangre en Chile Vamos continúa. Miguel Mellado, otro de los parlamentarios que cruzó el Rubicón afirma que «cada día, son más las personas ligadas a los partidos de Chile Vamos -que en forma subterránea incluso- están trabajando por JAK (…) Muchos nos han dicho de que van a votar por José Antonio Kast, pero están en un partido y no se van a cambiar en este momento porque están nominados como candidatos».
Se esperan tiempos tormentosos hasta el 16 de noviembre. Llegarán los debates, los cierres de campaña de cada candidato, cada uno fantaseando con La Moneda. Lo increíble puede suceder, por ejemplo, arrendar el Movistar Arena y reunir más de 10.000 personas, con el lema “La Fiesta de Chile”, que está inventado Kast y su gente. Emulando a Milei, que realizó una performance rokckera en medio de la peor crisis económica, social y política de su país, Kast decidió que el 11 de noviembre será la fiesta final con muchas banderas chilenas, uno que otro artista -cantantes no tienen- y transmisiones en vivo. De acuerdo a The Clinic, el candidato republicano desembolsó más de $50.000.000 para arrendar el espacio ubicado al interior del Parque O’Higgins.
Por cierto, no será una oportunidad para que Kast hable de lo que piensa realmente en temas que, sobre todo para las chilenas, son de la mayor importancia. Kast no hablará por ejemplo, sobre lo que dijo su mentor, Jaime Guzmán, durante la discusión de la Constitución de 1980.: “la madre debe tener el hijo aunque este salga anormal, aunque no lo haya deseado, aunque sea producto de una violación o, aunque de tenerlo, derive su muerte.
Tampoco hablará de su lucha contra el aborto. Como diputado, lideró el rechazo al proyecto de aborto en casos de violación, feto inviable o peligro de muerte de la mujer: “Únicamente una maquinación intelectual puede decir que la mujer tiene derecho sobre su cuerpo”, afirmó campante.
Kast también lideró la batalla contra la píldora del día después, tachándola de “abortiva” y argumentando sobre sus efectos en la vida sexual de las personas. La definía como “la píldora que privilegia el placer por sobre todo; es la píldora del egoísmo”. Logró que el Tribunal Constitucional prohibiera la entrega de la píldora en los servicios de salud, y abogó por su prohibición total. “A mi juicio, no se puede vender ni siquiera en las farmacias”, decía.
Y también lideró la oposición a la ley de divorcio. Decía que la ley debía “señalar claramente el rumbo hacia un matrimonio para toda la vida (…) y, por qué no decirlo, en ocasiones hacia el valor del sacrificio y la renuncia”.
Ese es el verdadero Kast.
