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Un gabinete de capa caída, sin experiencia en políticas públicas y falta de oficio político

Un gobierno plagado de desatinos políticos, que está dejando al desnudo no solo por la impericia de sus ministros -varios de ellos expertos en gerenciar empresas, pero ignorantes y silenciosos respecto a lo que significa el Estado y la política- sino, además, la inexistencia de una conducción clara del Ejecutivo, entrampado en conflictos entre los ministros políticos y el segundo piso del mandatario. Es lo que está dejando en evidencia que ya no es un problema de la “instalación en el poder” de la nueva administración, sino algo más profundo y a estas alturas, lo que parece increíble luego de tantos meses de aprestos: improvisación e inexperiencia.

 Es que hubo varios meses y muchas palabras dichas respecto a lo que harían previo a ingresar a la Moneda. Se prometió autoridad fuerte, claridad, conducción firme. Lo repitió hasta el cansancio el candidato Kast.  Pero, de acuerdo a lo que ha trascendido, ha predominado exactamente lo contrario: improvisación, mensajes   cruzados y decisiones que se anuncian con fuerza… para luego retroceder en silencio. El oficio con la firma y el timbre del ministro de Hacienda sugiriendo a todos los ministerios rebajas y hasta discontinuidad de programas sociales es prueba de ello. Una cosa es lo que desea fervientemente el ministro Quiroz y otra cosa es lo que manda la vida. Lo que se le había quitado a Seguridad debió ser devuelto. Se había recortado 72.000 millones de pesos en el presupuesto de Seguridad Pública, lo que equivale a aproximadamente 77,6 millones de dólares, afectando recursos destinados a Carabineros, la Policía de Investigaciones y programas clave como el Plan Nacional Contra el Crimen Organizado y el Plan Calles Sin Violencia.

Es que de alguna manera Quiroz y el presidente Kast tienen entre sus obsesiones cumplir la promesa de campaña de bajar el gasto público en 6 mil millones de dólares en 18 meses. Nunca Kast-candidato quiso explicitar de dónde recortarían dicha cifra. Hoy Kast – presidente y su ministro de Hacienda están develando el misterio: recortes que alcanzan a cerca de 260 programas de gobierno, distribuidos en todos los ministerios, con ajustes que podrían bordear el 15% en varios casos.

Por ejemplo, recortes a la Pensión Garantizada Universal (PGU), pese a las promesas del propio José Antonio Kast quien aseguró que este beneficio no sería objeto de recortes. Lo mismo repitió ahora, frente al escándalo que estaba iniciándose cuando se conoció el oficio firmado por el ministro de Hacienda, donde aparecían recortes en áreas como Seguridad Pública, Deportes, políticas de género; Transportes y hasta en Salud y Educación, entre otras sugerencias.

No basta con eficientar el gasto

Diversos economistas han advertido que, para ahorrar una cifra de esa magnitud en el corto plazo, no basta con “eficiencia”. Se necesita, necesariamente reducir programas; congelar o disminuir empleo público; ajustar transferencias. Todas decisiones políticas duras, con costo social inmediato. Y ahí está el quid del asunto. Y lo que el ministro Quiroz soñó con lograr, pero que está lejos de la realidad.

Porque el gobierno ha evitado ponerles nombre y apellido a esos recortes ya que decirlo abiertamente implica asumir consecuencias. Es cuestión de imaginarse la reacción de los trabajadores que hacen funcionar el Estado cuando se transparente cuántos de ellos salen; decir qué programas desaparecen, y qué regiones pierden recursos

El ministro Quiroz y el propio Mandatario han repetido hasta el cansancio que el Estado chileno estaba sobredimensionado y lleno de derroche. Muchos economistas han señalado que los recortes anunciados descansaban en supuestos como la reducción de “ineficiencias” (difícil de cuantificar ex ante); ahorros por mejor gestión; eliminación de programas considerados “ideológicos”.

El punto es que esos ítems no siempre tienen cifras claras y no se convierten automáticamente en ahorro efectivo. Si el gobierno no logra demostrar, con cifras claras y decisiones concretas, de dónde salen esos 6 mil millones, el riesgo es evidente.

Entre dimes y diretes de ministros y parlamentarios en los dos meses de gobierno, se ha instalado un patrón: desorden, improvisación y retrocesos que comienzan a marcar el sello de la administración.

El desorden comunicacional es más que evidente y se ha ganado memes y chistes lapidarios. Ministros que anuncian medidas que luego son corregidas o derechamente desmentidas por otros secretarios de Estado. Vocerías que no logran alinear el mensaje del gobierno. Anuncios que salen sin bajada técnica clara y que obligan a rectificaciones en cuestión de horas. Y esto, ha sido la constante, por mucho coaching que en calidad de urgente le han dado a la vocera Mara Sedini.

El aspecto económico y donde más se enquistó la propaganda contra Boric es otra área no sólo sensible, sino mencionada como de crisis y de urgencias varias. Se prometió una rápida reactivación, rebajas tributarias inmediatas y certezas para la inversión. Pero lo que hay hasta ahora es confusión: propuestas sin cronograma claro, dudas sobre su financiamiento, advertencias de expertos por el impacto fiscal y señales contradictorias hacia el mercado.

Respecto al manejo del gasto público, mientras en campaña se hablaba de “recortar la grasa del Estado”, en la práctica no existe claridad sobre dónde ni cómo se harán esos recortes. Se instala la idea de ajustes, pero sin un plan detallado. ¿Resultado?: incertidumbre en los servicios públicos y preocupación en miles de funcionarios.

Aunque recién van dos meses de gestión, y en ese tiempo no se consolida un gobierno, pero sí se marcan tendencias, errores de instalación y señales políticas, el agua ya llegó casi a la nariz de muchos de los dirigentes oficialistas, cuyos reclamos salieron a la luz pública evidenciando el disgusto por el desorden imperante.

Por ejemplo, el altanero ministro de Vivienda y Urbanismo, Iván Poduje, se había enfrascado en un verdadero “gallito” no solo con el ministro de Hacienda, también con el ministro del Interior, quien debería coordinar la relación con ministros y parlamentarios. Debería, pero hasta ahora no ha sido así. Una situación de debilidad que aprovechó el ministro Poduje, conocido por sus salidas de madre al estilo usado en un programa radial donde era panelista. El ministro Poduje entró en rebeldía con los recortes sugeridos por Hacienda, dijo que Quiroz era un ministro más en el gabinete y que su único jefe era el presidente Kast. Es decir, el mensaje fue más o menos “yo veré dónde recorto en mi cartera”. Y si se le suman sus encontrones y faltas de respeto con parlamentarios de la oposición y de su propio sector, más los consejos que le llegaban de todos lados señalando lo mal que le hacía al gobierno su actitud arrogante, se entiende entonces su acatamiento tardío a las instrucciones de su par de Hacienda.

“Nosotros vamos a implementar los recortes que acordamos con el ministro Quiroz. Eso lo tenemos que hacer todos los ministros. Es una necesidad del país y vamos a trabajar en ese objetivo común”, dijo el titular del Minvu desde la región del Biobío.

En otra área, y aunque el presidente de la UDI salió en defensa de la ministra de Seguridad, hay consenso en que lo ha hecho mal y los reclamos en su contra se acumulan en algunos escritorios. El diputado del Partido Nacional Libertario (PNL), Álvaro Jofré, valoró algunas medidas, pero criticó la falta de claridad en la estrategia gubernamental. “Hasta el momento, el gobierno no ha presentado una propuesta clara para frenar la inmigración irregular. Además, ¿qué proyecto de ley impulsará para darle musculatura al escudo fronterizo? Vamos para los dos meses del gobierno del presidente Kast y necesitamos contar con una hoja de ruta maciza al respecto”.

El diputado Álvaro Carter (Republicanos) apretó al Gobierno de José Antonio Kast en materia de seguridad, advirtiendo que la administración está contra el tiempo para responder a una de las principales demandas ciudadanas. El parlamentario apuntó directamente a la ministra del Interior, Trinidad Steinert, señalando que su margen de acción se estrecha frente a la falta de resultados visibles.

No habrá segunda oportunidad

Entre los que se han mostrado más molestos con el rumbo del gobierno está el timonel de Republicanos, Arturo Squella. Criticó el cambio de relato en torno al oficio enviado por la Dirección de Presupuesto en donde se recomendaba disminuir el gasto público «descontinuando» programas de alta sensibilidad social como la beca de alimentación para escolares, entre otros. Luego, cuando se aclaró que hubo un problema semántico, y en vez de descontinuar debió haberse escrito “reformular”, Squella culpó directamente al segundo piso del presidente por el error.

Y es que luego de dicha filtración a la prensa, fue la misma Dipres quien aclaró más tarde que el verbo implementado en el documento no debió haber sido «descontinuar» sino «reformular», cuestión que inició una dura arremetida por parte de Squella que apuntó directamente a los asesores del segundo piso del palacio presidencial.

«Es un error, y esos errores comunicacionales se tienen que corregir. Sería bueno que se revisara quiénes cometieron esos errores (…) Llamaría al Segundo Piso a que tomara las riendas de esas correcciones, para que no se vuelva a repetir», aseguró durante la jornada de este lunes en un tono mucho más áspero en contra de la gestión de Kast.

El presidente de la Comisión de Educación del Senado, Gustavo Sanhueza (UDI), señaló que «son programas que han funcionado, a ojos de la Dipres, no en un 100% como deberían, pero obviamente que siguen (…) en Sudamérica, en general, todavía se habla de desnutrición; nosotros estamos tal vez en el polo opuesto. Por lo tanto, creo que no hay discusión en que los programas siguen».

Por su parte, el jefe de la bancada de diputados de Renovación Nacional, Diego Schalper, quien ya había reclamado por el intento de Quiroz de acotar la gratuidad universitaria, esta vez dijo: «Es un hecho de la causa que tenemos demasiado ruido ambiente por comunicaciones que se hacen de manera poco oportuna en ciertos casos. Sería bueno hacer una introspección de lo que está pasando en el gobierno” …

Lo más preocupante -dicen los expertos en la política- es la pérdida temprana de control del relato. Un gobierno que prometió orden, hoy aparece intentando explicarse. Uno que ofreció certezas, hoy transmite dudas. Uno que habló de liderazgo, hoy parece correr detrás de los acontecimientos.

La cuestión es que -como dijo el senador Carter conocido opositor a la centroizquierda-, “a mi lo que me preocupa es cómo nos mira el pueblo chileno en este minuto. Nos dieron la oportunidad y se nos acaba el tiempo. Nos tenemos que ordenar, porque no va haber una segunda oportunidad”.

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