
Secretaria General de la Confederación de Sindicatos del Comercio y la Producción (CSC&P), Encargada de la Secretaría de Nuevas Formas del Trabajo de la CUT Chile
Mientras se sesiona en Ginebra la 114ª Conferencia Internacional del Trabajo de la OIT, nos encontramos ante un escenario definitivo. Como representantes de las y los trabajadores del comercio, la producción y las nuevas formas del trabajo de la CUT, no estamos mirando este debate desde la vereda de la teoría y la reflexión; lo estamos viviendo en la realidad de millones de repartidores, conductores y prestadores de servicios que hoy sostienen la economía digital de nuestro país y el mundo.
La Comisión Normativa sobre el Trabajo Decente en la Economía de Plataformas está desarrollando su segunda discusión y la más crucial. El objetivo a nivel mundial es histórico: dar a luz un Convenio Internacional, complementado por una Recomendación, que impida que la innovación tecnológica siga traduciéndose en precarización y exclusión. No se trata de frenar la tecnología, sino de establecer con fuerza que las plataformas digitales de trabajo no pueden camuflar verdaderas relaciones de dependencia laboral bajo el nombre de «socios». La transparencia algorítmica, el control humano frente a los despidos automatizados, la seguridad social y el derecho a la negociación colectiva son mínimos universales que se deben garantizar a nivel mundial.
Esta urgencia no es solo política y sindical, es también un imperativo ético y social profundo que hoy resuena con fuerza global. Hace unas semanas, la Iglesia Católica publicó la encíclica Magnifica Humanitas del Papa León XIV, un documento histórico que aborda directamente el impacto de la Inteligencia Artificial y la digitalización en la condición humana. El Sumo Pontífice nos ha recordado una premisa que desde el mundo sindical suscribimos plenamente: el valor de un trabajador radica en su rostro, en su dignidad intrínseca, y jamás puede ser reducido a una mera función o a un dato optimizable por un sistema automatizado. Cuando el Papa denuncia el riesgo de caer en «nuevas formas de esclavitud digital» y precarización invisible, valida la lucha que estamos dando en las calles y en los foros internacionales. La tecnología debe humanizar, no desahuciar nuestros derechos.
A nivel local, el desafío adquiere un matiz de urgencia y orgullo. En Chile dimos pasos pioneros con la Ley de Plataformas Digitales y los avances empujados desde el gobierno anterior que buscaron rayar la cancha a las empresas de aplicaciones que operan en nuestro país. Sin embargo, las leyes nacionales quedan cortas si estas empresas de plataformas se apropian de los vacíos de un ecosistema global desregulado. Por eso, una norma internacional robusta de la OIT vendrá a blindar y elevar el estándar de nuestra propia legislación.
Desde la Confederación de Sindicatos del Comercio y la Producción y la CUT hemos alzado con claridad la voz: el año pasado celebramos el avance de esta discusión pese a la dura resistencia del sector empleador, y este 2026 nos encuentra alertas y firmes. Exigimos un Convenio con dientes, aplicable a todos los trabajadores de plataformas, sin importar si su labor se tilda de dependencia o independencia.
El comercio, los servicios y la producción ya se transformaron. Ahora nos toca asegurar que el progreso no deje a nadie atrás y que el algoritmo, finalmente, respete la dignidad humana. El futuro del trabajo no puede ser un algoritmo sin obligaciones patronales ni derechos para las y los trabajadores.





