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Breve nota sobre la guerra en Irán y las pulsiones egocéntricas de Trump

Donald Trump pronuncia un discurso en la Casa Blanca en Washington D.C. Fotografía: The Guardian/Will Oliver/EPA

 

Es dificultoso entender lo que pasa en el Golfo Pérsico y más difícil entender cuál será el rumbo de esta guerra a juzgar por los intereses de los diversos actores que en ella intervienen. Habría que agregar la dificultad adicional para entender la posición de Estados Unidos en ella que se modifica a cada instante.

Para contextualizar es necesario comprender algunas líneas centrales.

Donald Trump, el presidente de Estados Unidos, desea obtener una victoria personal solucionando, dice él, otra guerra. Desea que el mundo lo vea como el mejor de todo lo que existe. Eso habla de sus terribles dramas personales que los soluciona a costa de Estados Unidos y a costa de muchas muertes y la destrucción de un país. Pero él representa los intereses económicos y políticos de grandes corporaciones que no se muestran y lo usan y aprovechan sus deformaciones personales.

Irán desea alcanzar una paz duradera, vivir dentro del Golfo una vida similar a las de sus vecinos; que se levanten las sanciones que le niegan poseer miles de millones de dólares;  que pueda comerciar su petróleo;  aprovechar la energía nuclear pacíficamente y que se solucionen los problemas con Israel, su eterno adversario por décadas. Además, que se creen condiciones para mejorar las condiciones de vida de su pueblo.

Israel, más bien un grupo fanático religioso liderado por Netanyahu, desea construir el Gran Israel que abarcará grandes espacios tomados por medio de la fuerza, necesita que Irán desaparezca para eliminar una eterna amenaza que frena sus proyectos y ha logrado que el apoyo norteamericano, con Trump, se convierta en una especie de mano del gato, para la introducción de la fuerza contra Irán hasta modificar la naturaleza del país y de su gobierno. Junto con ello, eliminar el riesgo de que Irán llegue a tener una bomba nuclear.

El 27 de febrero comenzaron negociaciones entre Estados Uidos e Irán para resolver los temas estratégicos pendientes. En el momento en que los más altos niveles de dirigentes iraníes se reunieron para evaluar sus decisiones frente a las conversaciones, fueron asesinados. La idea era que, descabezando el gobierno, las multitudes se alzarían contra el poder y este podría ser modificado por otro actor, obsecuente con los intereses de Israel y Trump.

Nada de eso ocurrió. Un grave error de apreciación creó la situación que hoy observamos en la región. Se asesinó al máximo líder religioso de Irán, el Ayatola Jamenei lo cual, obviamente, aglutinó a la ciudadanía junto al gobierno, pues se trataba de una afrenta insoportable a la religiosidad chiita. Irán, en el contexto de los destructivos bombardeos de Israel y Estados Unidos, mostró una determinación defensiva que sus agresores no previeron, atacando a Israel con lluvias de misiles que perforaron el Escudo de Hierro defensivo y produjo graves daños en ciudades y centros importantes militares y de control. Asimismo, atacó con misiles las bases militares de Estados Unidos en la región provocando bajas y obligando a evacuar dichas bases.

China, ayuda a Irán pues el petróleo que ahí se produce es de suma importancia para el desarrollo de su economía. Pero lo hace de modo reservado, sin escándalo y sin espectáculo. Apoya con información de inteligencia, según se denuncia desde Israel, para identificar blancos y probablemente también con algunos tipos de misiles.

Rusia mantiene una posición similar a la de China, pero con la dificultad de tener que procesar su propia guerra con Ucrania. Pese ello también hará llegar alguna forma de ayuda. En lo central, la falta de petróleo en el mercado por el cierre del Estrecho de Ormuz, obligó a levantar las sanciones y permitirle el mercadeo de sus hidrocarburos. Para Rusia, pura ganancia.

Ambas potencias, operan como instancias de contención ante las ansias afiebradas en el conflicto, que pueden llegar al uso de armamento nuclear.

A grandes rasgos es el escenario estratégico del conflicto en Irán. Hay que agregar además otros escenarios colaterales como la lucha de Israel contra el grupo Hizbolá, instalado en el sur de El Líbano.

Israel logró convencer a Trump de que, atacando a Irán, alcanzaría esa victoria esquiva que no ha podido presentar al mundo. Con una presentación en la Sala de Situación, Netanyahu y el director del Mossad, David Barnea, le mostraron un futuro esplendor que él aceptó. Nada de lo previsto ocurrió. Con la confusión subsiguiente, ha quedao a la vista la enorme diferencia de intereses entre Israel y Estados Unidos. Irán ha tomado el control táctico y estratégico del conflicto, Trump no se ha atrevido a concretar el infierno que ha ofrecido tantas veces pues, en caso de hacerlo, Irán podría destruir gran parte de la capacidad de producción y distribución petrolera de los países del Golfo, poniendo a la economía mundial en un severo escenario de crisis.

Esta guerra ha logrado mostrar crudamente, las desviaciones en el carácter del Presidente Trump, su incapacidad para aceptar el apoyo de sus asesores estadounidenses y entonces no haber podido percibir con claridad, más allá de sus pulsiones egocéntricas, la cruda realidad de entrar en esta guerra. Todo esto lo ha llevado a exagerar sus modalidades de negociación, amenazando en el vacío, ofreciendo infiernos sin poder concretar sus amenazas, modificando continuamente los plazos, afectando las relaciones con sus aliados europeos y, sobre todo, mostrando que, en el fondo, su agresividad y sus amenazas no son más que eso, inviables cuando choca con un adversario decidido y fuerte.

La guerra continuará enredada en reuniones, amenazas inconducentes, aprestos incumplidos y plazos fluctuantes. 

En algún momento, que veremos más adelante, habrá que apreciar qué resulta de todo esto, cuál será el ordenamiento de la región, el rol de Israel y de Irán hacia el futuro y las contorsiones de Donald Trump para demostrar que ha ganado, que lo ha ganado todo.

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