sábado, abril 5, 2025
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La derecha y la tontera artificial

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Dicen que cuando alguien no quiere ver o asumir algo que no le conviene lo mejor es “hacerse el tonto”. Una palabra más fuerte es la que comúnmente se utiliza…Y esa postura es obviamente artificial porque el que se hace el tonto entiende todo y simplemente no es su decisión asumirlo.

En el actual auge de la tristemente célebre “inteligencia artificial”, la tontera artificial es la que está reinando en Chile. Es el modus operandi de la derecha y sus recientes y flamantes cómplices, los antiguos partidarios de los Gobiernos de la Concertación, más comúnmente llamados “conversos”…

Lo vemos a diario, con un cinismo que rompe la capacidad de asombro. Los tontos artificiales saben, por ejemplo, que el sistema previsional de la Fuerza Armadas es un manjar y justamente por ello, no fue tocado por el Capitán General cuando decidió implementar, a punta de fusiles, la nueva previsión a través de las AFP para los civiles. Más de 40 años donde las bondades de un sistema de reparto para los uniformados ha seguido en plena vigencia y aquí “no se oye padre”. Hoy siguen rasgando vestiduras para que no se otorgue ni un peso más a los millones de pensionados que sobreviven con raquíticas pensiones, lo que los obliga a seguir trabajando de por vida.

Sabían también que era imprescindible una nueva Constitución que eliminara las prebendas que la Carta Magna de 1980 ha otorgado, con todas las de la ley, a los poderosos. Pero se hicieron los tontos y lucharon a punta y codo para que nada cambiara. ¡Y lo hicieron dos veces! Y aplicaron el que “todo cambie para que nade cambie”…

Saben que…

Saben que el Gobierno de Piñera abrió las fronteras de par en par para que una inmigración desbocada y anárquica se colara al país. Y hoy culpan al Presidente Boric de la instalación del crimen organizado, que llegó astutamente mimetizado con esos inmigrantes. Saben que esta situación no surgió durante el Gobierno de Boric pero se hacen los tontos. Los tontos pillos, más bien.

Saben que son ellos quienes provienen de élites privilegiadas, que heredaron cunas de oro y puestos de platino producto de su ubicación en la pirámide social, y acusan muy campantes a los actuales gobernantes de ser “una tropa de jovencitos arrogantes, nacidos en familias bien” que “han ido a los mejores colegios pagados” y que “nunca les ha faltado nada en sus casas” y que “nunca han hecho nada”, como aseveró la alcaldesa de Providencia Evelyn Matthei hace un par de días. Sin arrugarse para desconocer que esos jóvenes tienen una trayectoria democrática y han sido electos por la ciudadanía para estar donde están.

Saben que la violencia que ejercieron sus socios, durante los 17 años de Dictadura, no tiene parangón en la historia de nuestro país y aluden en forma cotidiana al movimiento de octubre de 2019 como “estallido delictual”, terrorismo “octubrista”, entre otros apelativos que buscan ignorar las profundas razones de ese levantamiento y la represión que se ejerció contra cientos de manifestantes que no formaron parte de la delincuencia habitual que se enmascaró al alero del movimiento.

Saben que la gente se rompe el lomo para trabajar por poco más de 400 mil pesos mensuales, que viaja cuatro horas yendo y viviendo de los hogares en los extramuros de la ciudad, donde la Dictadura decidió mandarlos a vivir para no verlos ni tenerlos cerca, y los acusan de “flojos”, de “no querer trabajar”, de “vagos”. Haciéndose los tontos respecto de la realidad que se vivió durante la pandemia, donde miles de familias quedaron sin trabajo y tuvieron que reinventarse a costa de un ingenio admirable, para luego descubrir que era mejor ser “emprendedor” que un asalariado que nunca alcanza a llegar a fin de mes con su magro sueldo.

Saben, o pueden consultarlo a la inteligencia artificial si quieren, que la inmensa mayoría de los chilenos de a pie se atiende en la salud pública y esperan meses por una interconsulta o años por una operación aunque esté incluida en el AUGE. Y que educan a sus hijos en la educación municipal lo que merma absolutamente su desempeño para optar a las universidades. Lo saben, porque tontos no son, pero se hacen los tontos. Y seleccionan a los trabajadores de sus industrias y empresas por la cara, el apellido y el lugar donde viven. Y no les gusta la gente de “mala presencia”. Pero se hacen los tontos y proclaman que no tienen ningún prejuicio. ¡No, por Dios! Eso no es cristiano…

Saben que la justicia no es igual para todos y nuevamente se hacen los tontos. Y exigen castigos ejemplificadores para aquellos de los extramuros y hacen la vista gorda con los de “su clase”. Y la supuesta tontera campea en los medios de comunicación, en las charlas de sobremesa de San Damián o Santa María de Manquehue, en las bancadas de derecha del Parlamento y en cualquier lugar donde reine la tontera artificial…El hijo de Raquel Argandoña, de Larraín o los clientes de Luis Hermosilla pasan piola, y nunca más aparecen en los titulares de las noticias. Y nadie osa comparar las magnitudes de los desfalcos del Pacogate, el Milicogate o el fraude de Katy Barriga en el municipio de Maipú con los de Democracia Viva. Hay que hacerse el tonto porque si se aplicara la inteligencia, sería obvio que la magnitud de los delitos es sideralmente distinta.

Y entonces, pareciera que todos tenemos que seguir el juego. Todos ternemos que parecer tontos de capirote. ¿Alguien pregunta hoy en día por el affaire Hermosilla? ¿Hay algún medio que lo saque a colación? ¡Pero no se trate del tema “convenios”! Allí hay hordas pidiendo la horca para el Gobierno.

Es triste ver esta realidad. Es triste ver como algunos inventan un país de mentira para mantener su posición de poder y a otros no les queda otra que cuestionarse su inteligencia, su “chispeza”, obligados a hacerse los tontos. Y es peor aún en tiempos donde la inteligencia artificial nos predica que es tan fácil parecer inteligente. Pero para algunas cosas no más. No vaya a ser que se nos prenda la ampolleta de verdad y le arruinemos la fiesta al país de la tontera artificial…

Patricia Collyer
Patricia Collyer
Periodista y Psicóloga.

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