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La historia está viva

Imagen de archivo y de carácter referencial (captura de pantalla)

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Imagen de archivo y de carácter referencial (captura de pantalla)

Este 14 de Diciembre se cumplen 34 años desde que Patricio Aylwin, apoyado por una amplísima conjunción de fuerzas políticas y sociales, logró derrotar en la 1’ vuelta de las elecciones presidenciales de 1989 al candidato del continuismo dictatorial, Hernán Buchi.

Aylwin, abanderado de la Concertación de Partidos por la Democracia, tuvo respaldo desde la Democracia Cristiana hasta el Partido Comunista, incluidos sectores de derecha convencidos que era esencial la transición de la dictadura a la democracia en el país.

En una situación de emergencia se produjo la unidad necesaria para conseguir lo que parecía imposible: derrotar a Pinochet en el marco del propio plan de perpetuación que había implementado para eternizarse en el poder. Cuentas pendientes y diferencias auténticas se superaron o pospusieron por el bien de Chile.

Así, se instaló el gobierno civil cuando la dictadura ya se prolongaba por más de 17 años. Chile creció y avanzó, es lo que nunca la derecha ha tenido la madurez de aceptar, que era posible que fuerzas políticas tan diversas fueran capaces de confluir en una perspectiva común consolidando la democracia y dando estabilidad a la nación chilena.

No obstante, la odiosidad del conservadurismo siguió viva y ahora crece con una iracunda campaña anti popular, visceralmente anticomunista, negando lo que no se puede tapar con un dedo, que la izquierda chilena ha sido un actor esencial de la restauración democrática de Chile.

Como sus ideologizados líderes no aceptan ese hecho histórico, de trascendencia decisiva para Chile, hoy la derecha se expresa, bajo la hegemonía confrontacional de la ultraderecha, con la opción A Favor en el Plebiscito del próximo Domingo 17 de Diciembre.

Se han sumado dócilmente a la alternativa de regresión ultraconservadora que se impuso en el texto constitucional. Incluso señalan que si gana el A Favor el gobierno tendrá “un problema para seguir gobernando”. Esta renuncia a principios democráticos básicos es una marca oscura más que quedará en la historia de la derecha chilena.

A pesar que ha mantenido representación parlamentaria desde 1990, la derecha no respeta valores esenciales como el respeto al pluralismo y la diversidad que debiese expresarse constitucionalmente. Le pesa su larga presencia en la dictadura, donde jugó un rol preponderante. Ahora quiso imponerse con la transitoria mayoría que tuvo en el Consejo Constitucional, como antes lo hizo brutalmente desde el 11 de Septiembre de 1973 al 11 de Marzo de 1990.

El deterioro del régimen democrático ha hecho crecer a la ultraderecha. Mucho deben hacer las fuerzas políticas para restablecer la confianza ciudadana, sobretodo bregar por el interés general y no por los cargos personales por elevados que estos sean. En la comunidad nacional se cree que las responsabilidades políticas no se ejercen y aumenta el desgaste del sistema político. En consecuencia, no hay que perder la brújula porque así se pierde el ascendiente ante la ciudadanía.

De modo que vale la pena recordar, en ocasión de un nuevo 14 de Diciembre, que el retorno a la democracia no fue un regalo de Pinochet sino que el resultado de una lucha larga y difícil en que el pueblo chileno supo tener la fuerza y la astucia para restablecer el imperio de la razón y el Derecho en nuestro país.

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