Este será el año tristemente recordado por la mayor peste jamás sufrida por la humanidad. Pero ¡ánimo!, porque también es el año de celebración de varias efemérides positivas:

– Segundo centenario de la Revolución Española que derribó el absolutismo proclamando la Constitución Liberal de 1812, la más importante después de la Revolución Francesa, y que favoreció la independencia de las colonias en América.

– Cuarto centenario de la llegada del Mayflower a las costas de Massachussetts en EE.UU., cuando un grupo de calvinistas prófugos rebelados contra el rey de Inglaterra, junto con pisar la nueva tierra firma un pacto de principios democráticos de gobierno, que los convierte en Padres Fundadores de la democracia moderna en ese país.

– Quinto centenario del descubrimiento del Estrecho de Magallanes, por Hernando de Magallanes y Sebastián Elcano, que abrió una importante vía de transporte y comunicación entre los continentes.

– Bicentenario del natalicio de Florence Nightingale, heroína de las enfermeras del mundo que hoy cumplen tan vital y abnegada labor en la pandemia.

– Centenario del natalicio del poeta uruguayo Mario Benedetti y del escritor ruso de ciencia ficción Isaac Asimov.

– 250 años del nacimiento del insigne e inmortal músico alemán Ludwig van Beethoven.

– Y mucho más cerca nuestro, del centenario del nacimiento de un gigante del arte cinematográfico: Federico Fellini…

Del realismo a la fantasía

¿Quién no recuerda el magnífico cuadro que pintó en el celuloide sobre nuestra decadente sociedad en La Dolce Vita? ¿O el difícil trance creativo del artista en Ocho y Medio? ¿O el homenaje a la mujer que hizo tanto en esta película como en Julieta de los Espíritus (dedicada a su esposa, la actriz Giulietta Massina)? ¿O esos seres humanos magníficos que pintó en La calle y Las noches de Cabiria…?

En sus comienzos, de la mano del maestro del neorrealismo Roberto Rossellini, dibujó en las pantallas el mundo tal cualera, con personajes tan queribles como la Gelsomina en La Calle. Pero luego, al madurar superando a su maestro, nos hizo leer el mundo en que vivimos de otra manera, mezclando el realismo más crudo con la magia de los sueños (Ocho y Medio), en imágenes complementadas por esa música inseparable del gran Nino Rota.

Hace algún tiempo, cuando se podía viajar sin otro temor que a la invasión de los turistas, estando en la tierra del maestro se nos ocurrió ir a rendirle un homenaje. El plan inicial era recorrer de norte a sur su maravilloso país, cuna de tantos artistas y creadores, pero de pronto se nos antojó llegar al lugar donde nació y creció y que tan bien retrató en Amarcord. Costara lo que costara. Todo fuera por esta causa para nosotros, más que justificada.

Por eso, en lugar de seguir hacia el sur, nos desviamos hacia el este, hacia la costa del Mar Adriático buscando… Rímini.

El Rímini deAmarcord

Para los italianos, Rímini es un balneario muy atractivo donde van en masa los habitantes de la región de Emilia-Romaña y vecinos. Con una extensa playa, era veraneo aristocrático en el siglo XIX y hoy el preferido de miles de alegres veraneantes por sus hoteles, cafeterías, bares, restaurantes y vida nocturna. Fundada por los romanos en 286 A.C., estos dejaron varios monumentos que los turistas comunes visitan, como el Arco de Augusto o el Puente de Tiberio.

Pero nosotros no vimos nada de esto. No había tiempo más que para nuestro objetivo. Llegamos pasadas las 5 de la tarde y aunque el calor arreciaba, seguimos adelante por una carretera de dos vías. De pronto nos detuvo una barrera de paso del tren.

Como dudábamos encontrar un puesto de flores abierto a esa calurosa hora de siesta, aprovechando la parada me bajé del auto unos instantes a coger un ramo de flores silvestres de un seto en el camino. Era una rama tosca, con hormigas y pocas flores, pero no era el momento de regodearse. En pocos minutos estábamos en… el Cementerio de Rímini.

Había una florista aún atendiendo frente a la entrada. Le compramos un ramo más fresco y colorido y nos dirigimos a la puerta, que en ese momento no sabíamos era la entrada trasera al camposanto.

Solo un vecino andaba por ahí deambulando entre las tumbas. Le preguntamos por la que buscábamos. Nos señaló que quedaba lejos, junto a la entrada principal, para lo cual debíamos cruzar entero el cementerio. Afortunadamente era pequeño y bonito. Caminamos entre las sepulturas, muy parecidas a cualquier camposanto de los nuestros: algunos mausoleos grandes e imponentes y la mayoría, tumbas medianas o pequeñas, muchas con la foto del ser querido recordado.

Por fin llegamos, junto a la entrada principal, al que buscábamos: el sepulcro de Federico Fellini.

Fellini y familia

Entrando por el acceso principal, se encuentra a pocos pasos a la izquierda. Grande, moderno, imponente. Simula una pequeña plazoleta, con baldosines rosa y beige y una banca de mármol para el visitante. Al centro, un espejo de agua rectangular atravesado. A uno de sus extremos se yergue un enorme triángulo de mármol apoyado en uno de sus vértices, con dirección loca, hacia el viento… La placa con su nombre es pequeña, casi no se ve: Federico Fellini / 20.1.20 – 31.10.93.

Cuando allí estuvimos, hacía dos años que el maestro había muerto. Pegadas e ella la siguen dos inscripciones más: las de su esposa de siempre, Giulietta Massina, y la del hijo de ambos, Pier Federico Fellini, que vivió sólo once días, fulminado por un accidente cerebrovascular.

Depositamos las flores junto al espejo de agua, leímos en una placa grande, sobre un pedestal, el homenaje que le grabó la Municipalidad de Rímini y le agradecimos en silencio sus películas que tanto placer espiritual nos brindaron y siguen brindando.

Estos admiradores chilenos, venidos de uno de los últimos rincones del mundo, a miles de kilómetros de distancia, nos retiramos satisfechos de haber rendido este humilde homenaje al gran maestro del cine llegando a Rímini, la ciudad que lo vio nacer y donde reposa para siempre.

Para aliviar el calor esa tarde, antes de retomar nuestro rumbo al sur de la península, paramos a tomar una bebida al primer boliche que encontramos. No tardamos en sentimos rodeados de los personajes que él retrató tan bien en sus filmes: un grupo de viejos jugando al dominó en una mesa vecina… un muchacho pasando en bicicleta por la calle… una señora baja y gordita con su bolsa de compras… Sólo faltaron algunos curas con sotana cruzando transversalmente la calle.