La palabra trabajo viene del latín, originalmente está asociado a un instrumento de tortura, trabajo significa, padecer, tormento, infeliz. La palabra digital también viene del latín y significa relativo al dedo, se asocia a herramientas de medición y lo numérico. Si agregamos a esto que confinamiento significa encerrar, condenado a perder la libertad. Tenemos que la fusión de estos conceptos refleja en gran parte la vida planetaria hoy. Padecimiento-medición-encierro.

Lo macabro del sistema de dominación actual es que tanto los incluidos como los excluidos al mundo del trabajo sufren. Estas líneas se referirán, fundamentalmente, al primer grupo de sufrientes.

Debido a la pandemia nuestras vidas tienden cada vez más a la digitalización. La cultura digital se extiende a lo cotidiano, pagar cuentas, delivery, enviar informes, hacer tareas, asistir a videoconferencias, teletrabajo, trámites, y un sinfín. Sin embargo, intuimos que en todo esto algo importante se pierde, ¿qué es lo ausente? Ocurre que ahora accedemos a las cosas no como son, conexión no es lo mismo que encuentro, observamos y nos comprometemos con pixeles, escuchamos reproducciones digitales de la voz de una persona. Llegamos al absurdo de enviarnos mensajes al interior de una misma casa, incluso todos sentados en la misma mesa. Fundamentalmente y de manera amplia nos falta la plenitud de la mirada. Si la digitalización se relacionade manera íntima con la eficacia y el rendimiento, eso se riñe con las narraciones, las historias de amor, bondad y compasión son narraciones no digitalizables. Uno de los grandes descubrimientos de la psicología cognitiva, es que el niño entre los 2 y 5 meses aproximadamente, intenta captar la mirada de su madre, en esta mirada no solo  busca alimento y conforte, sino que existe una necesidad de que sea confirmado en su existencia, el niño a través de la mirada busca y encuentra amor. Esto indica, que desde nuestras primeras horas de vida, somos capaces de diferenciar un objeto entre otros, esto es, el rostro humano de la madre, un rostro amoroso, compasivo, bondadoso. Desde el inicio de nuestras vidas, la mirada nos constituye. Pero un mundo como el de hoy es cada vez más pobre en miradas.

Evidente significa ver. Mirar significa dirigir la vista a un objeto o elemento. El encierro obligado por el coronavirus genera un paréntesis en nuestras vidas. Más allá de cualquier disquisición especulativa, este paréntesis – que no es otro que la eternidad del presente – nos invita a mirar lo que debido al sistema neoliberal, patriarcal y moderno nos hemos olvidado de hacer. No mirar (nos) se ha transformado en un descuido.Para Foucault uno de los aspectos fundamentales del cuidado de sí tiene que ver con subvertir la mirada que acostumbramos a dirigir al exterior, ahora al interior, focalizando la atención en lo que se piensa. El sistema de dominación imperante no le abre espacio al cuidado de sí, la mirada interior ni al autoconocimiento.

Los últimos descubrimientos de la neurociencia confirman que la visión está configurada desde nuestro interior, es decir, miramos como miramos según nuestra propia historia, esto es claro cuando se afirma, “los ojos son el espejo del alma”. Nuestra historia, el patriarcado, la racionalidad instrumental, el neoliberalismo formatean nuestras expectativas, vivencias, valores, prejuicios, creencias, y configuran nuestra mirada, son lentes con los cuales accedemos a lo real y de los cuales no hemos tomado conciencia, sin embargo lo evidente siempre ha estado ahí, de la misma manera que siempre hemos sabido que “la belleza está en los ojos del que mira”. En la actualidad nos cuesta percibir la belleza, incluso un hermoso paisaje lo observamos con los ojos del que lo mira en el último y mejor plasma, sin conmoción, sin que nos remueva a cuestionar ni cambiar la vida –nuestra vida–, ni el mundo que le da sentido. Hoy –de alguna manera– somos invitados y tenemos la oportunidad de tan solo mirar lo evidente. La cultura de la digitalización neoliberal puede enturbiar la mirada, o no dejar ver lo que se manifiesta naturalmente nítido. El sistema–digital– productivo actual no necesita de la mirada vigilantepara explotar. Pero se trata ahora de volver a un ejercicio infantil y natural  que nos constituye, tan solo mirar nuestro presente, sin siquiera hacer un diagnóstico de alguna dolencia, sin dar soluciones ni emitir juicios, sin estar movidos por un yo poderoso, fuerte y deseante. Las gafas con que hemos mirado lo real han hecho tener una  particularforma de observar lo observado, o rotundamente dejar de mirar lo evidente.

Lo evidente: MuerteCambioInterdependencia

El coronavirus nos coloca de cara frente a la muerte, la cualcomporta la realidad, es palpable, verificable, evidente. Ante ella volvemos la vista, nos resistimos, la tratamos de olvidar, intentamos controlarla, miramos para otro lado haciendo miles de cosas y con ello tratamos de eternizarnos. Quizá sea el momento de mirarnos como seres hacia a la muerte como diría Heidegger, y tomar conciencia de una finitud que nos conduzca a la aceptación y la serenidad. Probablementetener presente nuestra propia mortalidad nos permita mirar el tiempo de otra manera y al hacerlo, cambiar nuestra manera de habitar el mundo. La muerte representa un cambio radical, y es este precisamente el segundo elemento que se muestra, el Cambio. Existe una pregunta circulando en el ambiente, luego de que producto del coronavirus nuestros proyectos y planes se vinieran abajo ¿Al salir del encierro seremos los mismos? ¿Habremos cambiado? ¿Construiremos una nueva sociedad? La verdad es que lo que se hace evidente es que los sucesos cambiaron, y que todo cambia, el budismo viene hablando hace más de 2500 años de la impermanencia de las cosas, por otra parte, Heráclito nos dijo que nunca nos bañamos dos veces en el mismo río. Son muchas las religiones y filosofías que afirman lo mismo. Esta pandemia, la angustia que ella genera, y tantas otras cosas pasarán. Resulta realmente liberador el reconocimiento de que todo está en constante cambio. Nos ha costado y nos cuesta reconocer y tomar conciencia de la transitoriedad de  todo cuanto hay. Pero es cosa de mirar y poner atención y nos daremos cuenta de esta evidencia que hoy se hace patente. Para Yuval Harari la única constante de la historia es que existe el cambio. Por otra parte, ahora más que nunca resulta evidente que dependemos unos de otros y de todos los seres, lo que pasa en el país lejano o cercano, lo que lo ocurre a mi vecino, todo influye en cada uno de nosotros.

Lie Tse dice: “Nosotros estamos conectados con todas las cosas –plantas y animales, cielo y tierra– porque ellas se remontan en su origen y deben su existencia a la Unidad Original”. Solo hace falta mirar atentamente para tomar conciencia que todas las cosas, que todo cuanto ocurre estáentrelazado, que hasta el más mínimo acontecimiento nos involucra y está comunicado con una totalidad. Holderlin en un bello poema lo expresa de la siguiente manera, “ser uno con todo lo viviente, volver, en un feliz olvido de sí mismo, al todo de la naturaleza”. Hegel expresa algo similar cuando afirma “la conexión de lo infinito y de lo finito es, sin duda, un misterio sagrado, porque  esa conexión es la vida misma”.

La digitalización de la vida nos coloca frente a una pantalla carente de miradas. El mundo que se ha construido con los lentes del sistema dominante es un espacio hambriento demiradas.

Quizá este es el momento de Iniciar el camino de transformación que permite recuperar la inocente mirada de lo evidente y reconquistar lo que nos constituye como seres. Con los mismos ojos mirar lo evidente y encontrarnos ahí, dejar que nos inunde en su profundidad, aceptar que nos toque, nos conmueva y nos revierta tanto existencial como experiencialmente, es probable que el mundo y la vida toda se percibirían de una manera radicalmente distinta si tan solo fuéramos capaces de mirar y ver, más allá de lo meramente conceptual y discursivo, mucho más acá del saber. Como dice Tich Nhat Hanh “la verdad se encuentra en la vida, no meramente en el conocimiento conceptual”. Quizá estopueda parecer un ejercicio de una facilidad abismante… claramente lo es.