Se han escrito millones de caracteres en las más diversas latitudes tratando de responder la misma pregunta: ¿cómo seremos los humanos después del Covid-19? Y los intentos de respuestas han sido y son infinitos. Es como aquella pregunta que se hacía a las autoridades de salud por mayo pasado: “¿Cuándo habremos pasado el peak de la pandemia? Y la respuesta recurrente de los expertos y médicos era “solo lo sabremos cuando miremos hacia atrás y veamos que está bajando la curva”

Sin embargo, quisiera esbozar respuestas, aun en medio de la curva. Más adelante, los hechos me dirán si tuve la razón… Debo aclarar sí que me debato entre un enorme deseo (un wishful thinking, como le llaman los gringos) de que salgamos cambiados de esta tragedia y, también, una enorme incertidumbre si de verdad lo haremos. Me asusta muchísimo, debo confesar, la segunda opción. Pero no es descartable. El ser humano es tan impredecible… Ahí tenemos un hermoso pueblo brasilero que eligió un Bolsonaro. O a un país que votó por su primer presidente negro, para después hacerlo por un fascista como Donald Trump. Y sin ir más lejos, tenemos una mayoría de chilenos que decidieron elegir dos veces a un presidente al que tuvieron en las cuerdas en su primer mandato, como es el caso de Piñera. De modo que, en política, la psicología se pone difícil de aplicar

Pero, vamos viendo. Creo que los chilenos aprendieron con esta pandemia muchas cosas positivas, a pesar de lo trágico que ha sido todo este proceso, las que –imagino- los harán confirmar sus ansias de cambio expresadas desesperada y apasionadamente a partir del 18 de octubre pasado.

Por ejemplo, que se puede trabajar en jornadas a escala humana, como ocurre hoy producto de las medidas de la cuarentena. Vemos los supermercados cerrando a las 20:00 horas (a más tardar) y sus trabajadores pudiendo llegar a sus hogares a las 21:00 horas en lugar de las 12 de la noche, cuando esos locales cerraban entre 22:00 y 23:00. Incluso, ello ya se vio en los días del estallido social, cuando los malls bien que podían cerrar a las 20:00 horas y el mundo del consumo no se venía abajo. Esas jornadas brutales de 11 o 12 horas ya no se sostienen, sino preguntémosles a los europeos…  

El nuevo tipo de jornadas ha probado también que los clientes se pueden adaptar a los nuevos horarios. Y más aún. Que pueden organizar sus compras y no estar yendo a comprar a cada rato, casi como un entretenimiento.

Otro cambio positivo, relacionado con el consumo y que podría arraigarse es comprobar que no necesitamos de muchas cosas materiales para vivir. Requerimos, llevado al extremo, comida, salud y afecto. Como paréntesis, es bueno reiterar que, si el gobierno nos hubiera asegurado la sobrevivencia con comida y salud, ya se habría detenido la pandemia en Chile, además, desde luego de haberse decretado medidas serias de trazabilidad. Recordemos que en Nueva Zelandia, que ya erradicó la enfermedad, a cada habitante que salía a comprar se le exigía dejar sus datos en el local en cuestión (nombre, dirección, fono) de modo que, si allí se producía algún caso de Covid 19, se avisaba a todos aquellos que habían ido a comprar. De esa bitácora no se libraba nadie y a los contagiados se los llevaban inmediatamente a hotelesdecentes, a vivir sus cuarentenas en forma gratuita.

Vivir con poco

La inmensa mayoría de los chilenos viven con poco. Su situación económica les obliga a la austeridad. Hoy esa realidad se ha impuesto a millones más de compatriotas, especialmente de la llamada clase media, que quedó completamente excluida de las medidas del Gobierno. Y para quienes han podido seguir recibiendo sus sueldos, las cosas también han cambiado. El hecho que todo esté cerrado ha hecho entender a muchos antiguos consumidores compulsivos que lo que realmente hace falta no es más que un piyama, un pantalón de buzo y un par de  zapatillas y no la última bota de moda. Y también, desde luego, la cultura y el afecto. Lo que añoramoses compartir un café con familiares y amigos, o ir al cine, o caminar por el parque con nuestros hijos.

También entre lo positivo, está el silencio y la paz de las calles. No hay tacos ni Metro o micros repletas. ¡Que grato es viajar así y que ganas que no solo ocurriera por la pandemia! ¡Que ganas que nuestras grandes urbes volvieran a ser a escala humana! ¡Que ganas que los trabajos fueran cercanos a nuestros hogares para no pasar 4 horas al día en el transporte público! Quizás el haber degustado este tipo de cosas haga que los chilenos las valoren y luchen con más fuerza por exigir los cambios que este país de horrible inequidad necesita a gritos.

A partir de estas cosas, veo atisbos de que podemos salir cambiados. Porque ya nos dimos cuenta que absolutamente nadie nos apañó ni nos apañará en esta tragedia, y que si algo ha salvado a miles de familias marginadas de la ayuda estatal es la solidaridad de sus vecinos y de las organizaciones barriales y comunitarias.

Es por eso que a veces creo que la gente entenderá que solo la solidaridad  (y la verdad, desde luego) nos hará libres. Que ser cristianos no es solo un enunciado sino una práctica cotidiana y un modelo de vida. Que esa enseñanza del “ve tú como te las arreglas” no nos sirve más. Porque en las malas, no somos capaces ni de hacernos cargos de nosotros mismos.

Porque los chilenos tienen que haber visto que son losmédicos entregados a su vocación los que han trabajado incansablemente por salvar las vidas de los más desposeídos, mientras las clínicas privadas han priorizado “ganarse” un ventilador mecánico o pasarcuentas millonarias a los familiares tras la muerte de sus deudos.  

Como Trump y Bolsonaro

Pienso que ¡cómo, tras tantos hechos irrefutables, no vamos a cambiar los chilenos! ¿Es posible que no hayamos comprendido que si la emisión de carbono bajó en niveles significativos, fue porque el mundo económico destructivo que pregonan seres como Trump o Bolsonaro se detuvo por medio año o más? ¿Es posible que no hayamos comprendido que si los pumas bajaron de nuestros cerros cordilleranos, o los delfines llegaron a danzar en el mar de Reñaca, es porque no hubo amenaza de los humanos para ellos?

¿Es posible finalmente que, a la salida de esta experiencia, no nos demos cuenta que hay otras formas de relacionarnos, otras formas de trabajar,otras formas de atender en medicina, otras formas de enseñar a los escolares? ¿Es posible que no entendamos que hay formas más amables y amorosaspara ser felices y no solo lo que el sistema nos ha ofrecido hasta hoy (o que NO nos ha ofrecido hasta hoy)?.

¿O seguiremos creyendo que era verdad que había que agachar la cabeza y seguir aguantando hasta recibir la maravillosa jubilación que prometieron las AFP? Hoy ya sabemos que eso no fue ni será nunca. Por ello, si no cambiamos, si no reaccionamos y no luchamos por un mundo mejor, nada cambiará, solo seguiremos más pobres y explotados y la muerte de más de 12 mil chilenos habrá sido en vano...

Parece que apuesto más porque los chilenos lo hayan entendido y sí salgan cambiados tras el coronavirus...