Profesor de Filosofía y Máster en Estudios Políticos Aplicados.
Zohran Mamdani, musulmán y militante del Partido Demócrata, se impuso en los comicios por la conducción de Nueva York. Su victoria destacó, sobre todo, por su innovadora y decisiva campaña en redes sociales. Logró transmitir su mensaje y combatir a sus adversarios sin complejos.
En sus primeros discursos, apuntó directamente contra el presidente Donald Trump y convocó a sus seguidores con un simple, pero directo, mensaje: «Suban el volumen». Estas cuatro palabras (como él mismo lo dijo en inglés, «turn the volume up») tienen un trasfondo que él mismo ha explicitado: a Trump hay que combatirlo, desde la ciudad que lo vio nacer, desmantelando las mismas condiciones que permitieron su crecimiento.
La convocatoria de Mamdani puede transformarse en un llamado de carácter mundial, para enfrentar a la extrema derecha en todas partes: perder los complejos, enfrentar los discursos de odio, poner en valor la democracia y la evidencia científica, y reponer la racionalidad en el debate público.
Este es también un llamado para la socialdemocracia y la izquierda: salir del letargo que han producido las «identidades» de nicho, volver a los «universales» y ubicarse en la lucha central de este tiempo: defender a la ciudadanía del peligro que representan quienes pretenden retrotraer avances civilizatorios significativos logrados en Chile y el mundo.
«Suban el volumen» no es hablar más fuerte que ellos, ni tener ideas o posiciones más excéntricas. O, como gusta decir ahora, más radicales o extremistas. Significa estar en disposición de enfrentarlos y no dejarse acallar por sus extravagancias, pirotecnia y discursos para la galería.
Es un esfuerzo importante porque significa no jugar en su propia cancha, sino devolverlos al terreno del debate democrático y racional. Este terreno es enemigo del aplauso fácil, pero es la única garantía que va quedando para cuando lleguen las decepciones y arrepentimientos de quienes hoy, legítimamente, tienen fe en las propuestas de la extrema derecha, porque suenan bien, porque suenan fáciles y porque suenan rápidas.
El problema es que nada de ello es posible de la forma que lo presentan. Ni reducir el gasto en 6 mil millones de dólares ni expulsar a 300 mil migrantes, como promete José Antonio Kast, es posible. Esa es la realidad que hay que decir sin ambages.
Ya sabemos que no podrán hacer nada de ello si es que llegan al poder. Es populismo con todas sus letras, extraído del manual más antiguo: prometer aquello que no es posible cumplir, pero pintarlo como si fuera realizable.
Si en el pasado fue el «yes, we can» de Obama, necesario y coherente para su tiempo, «suban el volumen» de Mamdani puede ser la convocatoria que requiere el progresismo para salir de lo que a veces parece un marasmo prolongado.
“Suban el volumen”, entonces, es un acto de valentía intelectual y cívica: es la obligación de contrastar la fantasía populista con la verdad incómoda de los hechos. La victoria de Mamdani en el epicentro del capitalismo no es solo un triunfo local, sino una gesta de alcance global, que enciende una antorcha en medio de la oscuridad. Es una convocatoria para romper con el miedo y salir a decir, lo que es necesario decir.
