Era difícil imaginar que un diminuto virus haría posible ver a nuestro Chile real. Un país metido debajo de otro, igual que el virus cubierto por una capa que esconde su verdadera letalidad.

Hay que aceptar que nos enfrentamos a la naturaleza. Debemos comprender que el Corona Virus tiene derecho a existir si somos capaces de tener una mirada verdaderamente global, tan amplia, que nos permita entender que somos el mecanismo por el cual el Corona Virus busca sobrevivir como especie. Nuestros cuerpos le sirven para nutrirse y proliferar. El vive en el mismo mundo que nosotros, en otra dimensión, pero en el mismo mundo, sometido a las mismas leyes naturales que nosotros.

¿Derrotaremos a la naturaleza?

Por supuesto que no. Pero podemos derrotar los nefastos efectos sociales, económicos y políticos que provoca su presencia entre nosotros. En vez de empezar a envanecernos de lo que podemos hacer, debemos estar agradecidos.

Observo un virus de gran eficacia, una entidad que parece dueña de una inteligencia superior. Tiene al mundo controlado definiendo él sus conductas, las contramedidas más eficaces o torpes también, la lucha globalizada contra algo que se ha definido por los científicos como todavía desconocido y que, peor aún, cambia como si tuviera una estrategia de superviviencia que se modula de acuerdo a cadaescenario en donde se presenta, en donde lucha.

En nuestro pobre Chile, atrapado en esta lucha, han quedado a la vista todas esas inequidades que tratábamos con eufemismos. No nos comportamos como nuestro adversario el virus. En vez de desplegar una actividad orgánica, racional, centralizada, adaptativa, aplicamos la dispersión, las competencias absurdas y las instrucciones contradictorias. Un presidente y un ministro que atacan a su entorno y luego piden unidad. Asustados por la derrota, rechazan a los que tratan de ayudar, no dejan que los que saben de verdad participen seriamente, pues temen que les quiten el triunfo que esperan con ansias.

Ojala el virus se comportara como estos líderes a quienes controla jugando al compra huevos. Crecen los infectados en un lugar pero bajan en otro, se adoptan medidas pero, donde se aplanaba la curva de pronto esta se expande en una vertical intimidante, luego, en vista de que se aplana en un lugar se bajan las contramedidas, vuelta al colegio, pero luego hay que reponerlas porque alguien se enoja o alguien saca provecho contra otro desde esas medidas y alguien huele intimidado que le quitarán las medallas.

Entonces, vamos comprando. Se instala un festival de cifras, de curvas, de barras, alguien dice sí pero, luego dice que no porque no le conviene, decido por mí y ante mí, se agrede a los que ayudan, apartan de su lado a los que amenazan con hacerles sombra, se comparan con el mundo. Anuncian una normalidad cuando no puede haberla, también anunciandecisiones respecto de las cuales no tienen ninguna certeza y ahí vamos viendo, ignoran el futuro respecto del cual anuncian vaguedades. Avisan que se ganará pero, también dicen, que el virus seguirá entre nosotros esperando.

Ojalá avancemos en la lucha contra el virus. Ojala logremos disminuir su letalidad y su expansiónentre nosotros. Capaz que pronto aparezca un antídoto que nos saque del apuro.

Pero no.

El presente está claro y visible. Los manotazos, aciertos y desaciertos continuarán, las competencias se profundizarán pero ya las conocemos y sabemos lo que hacen.

El futuro es otra cosa.

Allí sí tenemos certezas. Viviremos el ensamble catastrófico de un nuevo estallido sanitario, económico, social. Será distinto que marche una persona después del trabajo a que marche un cesante. Alguien marchará recordando sus muertos que es mucho más que sus ciegos. Ya no se trata de desigualdad, dignidad o derechos solamente, sino que será una crisis de superviviencia, de recuperación de niveles de calidad de vida, de superación de insatisfacciones vitales, de incertidumbre respecto a la persistencia de la propia vida.

Todo ha quedado a la vista.

El gobierno reemplazará al virus, a las instituciones, los ámbitos deliberativos, los políticos serán objeto de la furia de la ciudadanía, sobre todo aquellos que aprovecharán la crisis para evitar los cambios que ya han sido acordados y que nadie ha olvidado. El miedo no será asimilado, la incertidumbre prevalecerá.

No sé si los que fallaron contra el virus y en medio de la crisis aprovecharán de hacer lo que sabemos que hacen.