Desde la “nueva normalidad”, pasando por el “retorno seguro” y ahora la “batalla de Santiago”, la administración Piñera no logra comunicar lo suficiente para convencer a los más de 18 millones de chilenos y chilenas que su estrategia ha sido buena. Por el contrario, de lo que se están convenciendo chilenos y chilenas es que ha sido, por decirlo suave, un verdadero desastre.

Basta ver con los puntos de prensa del Ministro de Salud, Jaime Mañalich y sus subsecretarios de la cartera, para darse cuenta que La Moneda no posee ninguna estrategia comunicacional, pues lo que se ha tratado de comunicar, simplemente, no llega a la Opinión Pública. Ha sido error tras error. Ha sembrado confusión y malos entendidos.

En un primer momento, el secretario de Estado a cargo de la sanidad de nuestro país, se mostró arrogante y poco preciso en sus intervenciones. Sin que nadie se lo pidiera, se enfrascó en una discusión estéril con los alcaldes del país, ninguneándolos e intentando dejarlos al margen de la pandemia que azota Chile. Terminó dando unas disculpas a medias que nadie entendió, pensando que los ediles son los encargados de la primera línea ya que conviven a diario con sus vecinos y vecinas.

Pero no ha sido lo único. Cuando el mismo gobierno había proclamado a medio mundo que “lo peor está por venir” y que “el peak de contagio estaría pronosticado para fines de abril y la primera quincena de mayo”, Mañalich opinaba que ya se acercaba el momento en que los estudiantes volvieran a las clases y que los comercios deberían abrir, porque la economía debía funcionar. De todos los sectores políticos, sin distinción alguna, y de los mismos alcaldes, surgió el no y cuestionaron que se refiriera a materias que no le correspondían, como educación y economía. Tozudo, como es, no dio pie atrás y siguió con la misma cantinela.

Punto aparte, es la relación y contacto que tiene con la prensa. En una de sus primeras intervenciones y cuando no le gustaron las preguntas de los periodistas porque eran muy incisivas, su equipo comunicacional del Ministerio de Salud, no tuvo la mejor idea de cortar los micrófonos del punto de prensa. También como astuto que es, suele no contestar directamente las preguntas de los reporteros o simplemente entregar una declaración inentendible para salir del paso de interrogantes más políticas. La explicación de la “meseta” es de antología. Como el “chavo del ocho” se dio vueltas y vueltas en la misma “tesis”, mientras que los periodistas se miraban entre ellos casi preguntándose “qué está intentando decir este señor”.

Pero lo que realmente lo molestó a rabiar fue su perfomancede los ventiladores chinos. Se enredó lo más que pudo, señalando que se trataría de una donación del gobierno comunista chino y cuando se le dijo que aquello no era tal, porque lo desmentía el propio embajador en Chile de la República Popular de China. Porfiado, como también es, siguió con el mismo discurso, pero al final se supo la verdad de los famosos ventiladores: se trataba de una compra a China de parte del empresariado chileno. Y así, suma y sigue, sin que siquiera se le mueva la mascarilla.

Con cero autocrítica por sus contradictorias e imprecisas intervenciones, Mañalich hoy está usando en sus alocuciones el lenguaje bélico, como “ganarle la guerra a este virus invisible” o estamos frente a la “gran batalla de Santiago”, en la misma línea del mandatario estadounidense, Donald Trump.

Y qué decir de las reiterativas participaciones del Presidente Piñera donde solo se ha dedicado a hacer resúmenes de lo que se ha escuchado, durante el día, por el equipo del Minsal, sin aportar nada nuevo y dejando en vilo a la ciudadanía que esperaba anuncios significativos en tiempos de Pandemia.

Ni la Secretaría de Comunicaciones ni el impenetrable “Segundo Piso” de La Moneda han logrado entregar las herramientas comunicacionales necesarias para informar, crear empatía y credibilidad en la Opinión Pública.