Estamos en una de las peores crisis sanitarias que tenga recuerdo la humanidad. El llamado Coronavirus, Covid – 19, o la Nueva Peste, parafraseando a Albert Camus, se ha instalado como un riesgo y una preocupación real en miles de familias chilenas, tanto por su temor a contraer la enfermedad, así como por la incertidumbre a perder el empleo. A la fecha, los contagios traspasan los 20.000 casos y los fallecidos alcanzan las 270 personas.

Luego de dos meses de la llegada de la Nueva Peste a Chile es necesario abordar algunos hechos de interés, toda vez que estos generarán la construcción de un sentido común de acuerdo a las experiencias vividas. Al respecto, una de las principales evidencias es que el Gobierno de Sebastián Piñera ha respondido con medidas reactivas e indolentes en términos sanitarios y económicos, así como con una violencia desmedida contra las manifestaciones de la ciudadanía. Estamos, por lo tanto, frente a dos crisis: la Nueva Peste y la Miseria Pandémica del neoliberalismo.  

En términos sanitarios, observamos que las medidas invocadas están plagadas de datos con incertezas, diversas improvisaciones, y declaraciones de cuarentenas alternadas que sólo causan confusión en la ciudadanía. Del mismo modo, especulaciones respecto a la compra de ventiladores mecánicos y donaciones inexistentes; mesas de trabajo que no cumplen su función de diálogo y transparencia en los datos; así como el incomprensible arriendo del Espacio Riesco como centro de cuidados,mientras los profesionales de la salud claman por el desabastecimiento en los hospitales y los SAMU. Como corolario, en pocas semanas el Gobierno ha tenido discursos divergentes, tales como el “quédate en casa”, “nueva normalidad” o “retorno seguro”. El Ministro de Salud, al verse sobrepasado con el explosivo aumento de casos diarios, se defiende culpando a las personas por su irresponsabilidad en el autocuidado. Todos estos antecedentes, terminan acrecentando las dudas respecto a la real efectividad de la gestión sanitaria. Evidentemente, sin el acertado actuar de algunos alcaldes que exigieron el cierre de los establecimientos escolares, los espacios públicos y los centros comerciales, la curva de contagios sería aún mayor.

Pues bien, si lo dicho hasta acá ya es motivo suficiente para estar alertas respecto a lo tardío y reactivo de una inepta gestión sanitaria del Gobierno, las medidas económicas terminaron por desenmascarar la forma neoliberal de su implementación.

La Ley de Protección al Empleo, Ley de Teletrabajo, créditos y flexibilizaciones preferentes a la banca, rebajas tributarias, propuestas de ingresos para trabajadores a honorarios, entre otras, son el fiel reflejo del apoyo de la derecha al gran capital en desmedro de los/as trabajadores. La focalización de las medidas económicas a través de bonos paupérrimos, el decreto de la Dirección del Trabajo, el uso del seguro de cesantía, así como de los impuestos de los trabajadores para mantener sus remuneraciones, han sido la excusa perfecta para que las grandes empresas administren la crisis: desvinculaciones, suspensión de contratos y remuneraciones, rebaja de salarios, entre otras. El Gobierno, con el apoyo de un Parlamento silente, ha normado el escenario perfecto para fomentar el abuso, la explotación y la precarización del trabajo. Mientras tanto, los holdings empresariales continúan distribuyendo entre sus dueños utilidades y salarios escandalosos.

Élite indolente

Por lo tanto, no es sólo la Nueva Peste la responsable de que miles de chilenos y chilenas hoy estén en situación de riesgo social, económico y sanitario. Es la Miseria Pandémica de una élite indolente que se aferra a las estructuras de poder enquistadas en décadas para usufructuar de sus posiciones de privilegio. No es casual que los medios de comunicación de estos holdings, mientras vetan las voces críticas, convierten la crisis en escenarios perfectos de vocerías de políticos de derecha. Alcaldes panelistas de matinales tienen el mismo discurso: la victimización por los recortes presupuestarios, mientras despiden y precarizan a funcionarios municipales; la preocupación por el empleo, mientras sintonizan con el empresariado para abrir centros comerciales, retomar las obras inmobiliarias, entre otras.

En síntesis, la evidencia y aprendizaje que nos deja esta experiencia es que el verdadero problema es la Miseria Pandémica del neoliberalismo, administrado por unaderecha y una elite oligárquica que reproduce las cadenas de un modelo de desarrollo inmoral. La centralidad del trabajo para la generación de riqueza la pagarán los mismos trabajadores a través de medidas sanitarias y económicas perversas. Las altas tasas de contagio estarán en las comunas con mayor densidad poblacional y con mayores trayectos de desplazamiento, aumentando la estigmatización, la segregación, la desigualdad y la pobreza.

Ante las medidas complementarias de represión policial y militar que violan los Derechos Humanos, no permitiendo expresar el descontento frente a esta aberración; ante una oposición política que aún no logra generar un marco de sentidos comunes y convergencia colaborativa entre sus dirigentes, autoridades y organizaciones sociales, el camino es el diálogo y posicionamiento en el debate público de los/as ciudadanos. La sociedad chilena hoy demanda un Estado con mirada estratégica para apalancar el desarrollo productivo necesario para abordar los desafíos de la recesión económica que vendrá, y un sistema fiscal con mayor justicia social.

Frente a una derecha fascista, parasitaria, corrupta, indolente, y que utiliza toda una estructura de poder avalada por mezquinos intereses políticos, hay que rebelarse. Esta es la Miseria Pandémica: una élite política que está en contra de su pueblo, de su patria y de los trabajadores, defendiendo a rabiar las utilidades del gran empresariado. Están en contra de Chile. En definitiva, son unos miserables, inescrupulosos e hipócritas.      

Por lo tanto, lo que está en disputa con estas crisis es el término del neoliberalismo, del capital financiero y la construcción de un Estado de Bienestar que se haga cargo, a través de una Nueva Constitución, de sentar las bases para un nuevo Chile.

El camino es largo, pero vale la pena recorrerlo. Unidos venceremos.