Analista sociopolítico Foco LATAM | Profesor e investigador en Ciencias Sociales
Doctorando – Universidad de Tarapacá
Profesor de Historia Universal, Master en Educación Ciudadana
Licenciado en Educación (Marxismo e Historia) – Universidad de Camagüey
La isla ha vivido una de las mayores reingenierías legales de su historia. Un análisis comparado con China, Vietnam y la URSS revela los aciertos, las deudas y los desafíos estructurales del modelo socialista cubano.
Desde 2019, Cuba ha aprobado decenas de leyes para modernizar su Estado. Sin embargo, el desarrollo normativo choca con la realidad económica. Analizamos el balance y lo comparamos con otras experiencias socialistas.
La aprobación de la nueva Constitución de la República de Cuba el 10 de abril de 2019 inauguró una etapa de transformación institucional. Seis años después, el balance es mixto: un rediseño jurídico profundo se enfrenta a una realidad económica que no termina de despegar.
Este proceso implicó un ambicioso programa legislativo destinado a desarrollar los principios constitucionales. El cronograma aprobado por la Asamblea Nacional estableció la creación de más de un centenar de normas jurídicas. Desde entonces se han aprobado decenas de leyes y decretos-leyes que abarcan desde la organización del Estado hasta garantías procesales, derechos sociales, regulación económica, administración pública y seguridad jurídica.
Un rediseño jurídico de gran escala: las tres etapas
El proceso constituye uno de los rediseños legales más amplios experimentados por Cuba desde la segunda mitad del siglo XX. Su evolución puede entenderse en tres fases diferenciadas:
Reordenamiento institucional (2019-2020)
Durante esta etapa se aprobaron normas esenciales para reorganizar la estructura del Estado y fortalecer la gobernanza territorial.
Impactos principales:
· Fortalecimiento del poder local
· Descentralización administrativa
· Modernización institucional
Reforma judicial y ampliación de derechos (2021-2022)
Este período estuvo marcado por la modernización del sistema judicial y la ampliación de derechos civiles. Entre las normas más significativas destacan nuevas leyes procesales, la reforma del sistema judicial, un nuevo Código Penal y el Código de las Familias, aprobado mediante referendo popular.
Impactos:
· Fortalecimiento de garantías legales
· Reconocimiento de diversidad familiar
· Modernización del sistema de justicia
Modernización administrativa y económica (2023-2025)
En esta fase se incorporan leyes orientadas a la gobernanza moderna, la seguridad jurídica y la actualización económica. Ámbitos clave como transparencia institucional, protección de datos personales, regulación migratoria, seguridad alimentaria y protección de la niñez y juventud.
Impactos:
· Fortalecimiento de la transparencia estatal
· Regulación de movilidad e inversión
· Modernización del aparato administrativo
· Protección social ampliada
El ritmo de aprobación legislativa se acelera
El proceso ha transitado por un ritmo gradual que se ha intensificado con el tiempo. Factores como la pandemia de COVID-19, la crisis económica global, las prioridades institucionales y la necesidad de estabilidad política influyeron en este calendario.
Aprobación de leyes en Cuba por etapas (2019-2025)
Etapa Período Cantidad de leyes aprobadas
El ritmo legislativo se ha intensificado desde 2022, reflejando una fase de consolidación normativa.
Impacto político: luces y sombras
Fortalecimiento institucional
El desarrollo legislativo ha reforzado la arquitectura del Estado, dotándolo de nuevas herramientas jurídicas para la gobernanza contemporánea.
Reconocimiento ampliado de derechos
El ordenamiento jurídico incorpora nuevas garantías en ámbitos familiares, procesales, digitales y sociales. El referendo del Código de las Familias y los procesos consultivos han reforzado la legitimidad del marco legal.
Tensiones y críticas
Sin embargo, persisten debates en torno a la centralización política, los límites de la participación ciudadana y el equilibrio entre regulación y libertades civiles.
El gran reto: impacto económico
¿Percibe un cubano de a pie estos avances en su día a día? La respuesta es compleja.
Avances estructurales
El nuevo marco jurídico contribuye a:
· Seguridad jurídica gradual, especialmente para actores económicos
· Regulación de mipymes y actores no estatales, ampliando el espectro productivo
· Atracción potencial de inversión extranjera con nuevas normas
· Modernización administrativa y gobernanza digital
Limitaciones estructurales
Pero persisten obstáculos significativos:
· Baja productividad interna que lastra cualquier despegue
· Restricciones externas, incluyendo el embargo estadounidense
· Limitada disponibilidad de divisas que estrangula la economía
· Burocracia y rigidez institucional que frenan la iniciativa
El desarrollo legislativo crea condiciones necesarias para el crecimiento, pero no suficientes por sí solas.
¿Cómo se mide en el mundo? La caja de herramientas comparada
La experiencia cubana no es única. Otros países socialistas han transitado caminos similares con resultados muy diferentes.
China: reforma gradual y socialismo de mercado
Desde 1978, China implementó reformas económicas graduales bajo control político central. Las claves de su éxito incluyen apertura económica progresiva, zonas económicas especiales, atracción masiva de inversión extranjera e incentivos productivos. El resultado ha sido un crecimiento sostenido y una transformación estructural sin precedentes.
Vietnam: el modelo Đổi Mới
Las reformas iniciadas en 1986 combinaron economía de mercado con conducción estatal. La liberalización agrícola, la apertura comercial y la integración global, manteniendo un Estado fuerte con flexibilidad económica, han convertido a Vietnam en una economía emergente dinámica con una reducción acelerada de la pobreza.
Unión Soviética: reformas y colapso institucional
La Perestroika impulsada por Mijaíl Gorbachov intentó reformar simultáneamente economía y sistema político. La liberalización política acelerada, el debilitamiento institucional, la crisis económica y la pérdida de cohesión estatal condujeron a la disolución del Estado en 1991.
Cuba en perspectiva comparada
Coincidencias con China y Vietnam:
· Gradualismo reformista
· Control político central
· Apertura económica selectiva
· Prioridad a la estabilidad social
Diferencias estructurales:
· Mercado interno reducido
· Baja inversión extranjera
· Envejecimiento poblacional acelerado
· Restricciones externas severas (embargo)
Distancia del modelo soviético:
Cuba evita reformas políticas abruptas y prioriza la estabilidad institucional, diferenciándose nítidamente del camino que condujo al colapso soviético.
Evaluación estratégica: ¿dónde está Cuba hoy?
Avances significativos:
✅ Institucionalización constitucional
✅ Modernización jurídica integral
✅ Ampliación de derechos sociales
✅ Actualización del modelo económico
Desafíos pendientes:
⚠ Implementación efectiva de las leyes
⚠ Dinamización económica real
⚠ Descentralización productiva
⚠ Aumento de productividad
⚠ Atracción sostenida de inversiones
Para comprender la Cuba posterior a 2019 no basta con enumerar leyes o comparar modelos foráneos. Es necesario observar el movimiento interno de su propia historia.
Lo que hoy ocurre en la isla puede leerse como una superación de etapas anteriores sin ruptura de continuidad. El primer momento —el de la fundación revolucionaria y la institucionalización de los años setenta— construyó un Estado fuerte, centralizado y con vocación igualitaria.
Pero generó con el tiempo rigideces que la propia realidad se encargó de desmentir: burocracia excesiva, desacople entre la norma y la vida cotidiana, y una economía que no lograba satisfacer las necesidades básicas. Ese modelo, necesario en su momento, comenzó a mostrar sus límites.
La crisis de los noventa, el Período Especial, fue el síntoma más crudo de que algo debía transformarse. La nueva Constitución de 2019 y su desarrollo legislativo posterior representan, en esa secuencia, un segundo momento.
No se trata de un abandono del proyecto socialista, sino de su reformulación a la luz de las contradicciones acumuladas. Se niega la rigidez anterior para dar paso a un ordenamiento más flexible: se reconoce la propiedad privada, se descentralizan ciertas decisiones, se amplían derechos individuales y familiares, se busca atraer inversión extranjera.
Pero esa negación no es un borrón y cuenta nueva. Lo que se conserva —y esto es clave— es la rectoría del Estado en lo estratégico, la prioridad de lo social y la estructura política de partido único. No se transita hacia el capitalismo; se intenta un socialismo de nuevo tipo, más adecuado al siglo XXI y a las condiciones concretas de la isla.
Ciertamente, el deshielo con la administración Obama entre 2014 y 2016 creó un contexto externo distinto, de menor tensión inmediata, que pudo facilitar un clima menos hostil para pensar reformas. Pero sería un error atribuir a ese acercamiento el motor del proceso.
La transformación jurídica cubana responde, ante todo, a una necesidad interna largamente madurada y a una voluntad soberana de actualizar su modelo, no a concesiones dictadas desde Washington. La historia de la isla —desde la Resolución de Miami hasta el diálogo con sus propios hijos emigrados— demuestra que Cuba negocia con quien debe, pero decide sola.
Sin embargo, el proceso no se detiene ahí. Este segundo momento contiene ya sus propias contradicciones. Las leyes aprobadas chocan con una economía que no despega, con una burocracia que resiste, con un bloqueo que asfixia, con una población que envejece y que, en el día a día, apenas percibe los beneficios de tanta norma nueva.
Aquí emerge la necesidad de un tercer momento, aún no realizado: el de la síntesis efectiva. No bastará con tener un derecho moderno si ese derecho no logra encarnarse en bienestar concreto, en productividad real, en confianza ciudadana.
El nuevo marco jurídico niega al viejo, pero deberá ser negado a su vez por una práctica económica y social que lo supere, que tome lo mejor de cada etapa y lo eleve a un nivel superior.
La Cuba de 2025 es, vista así, un laboratorio en tensión. Ha sabido corregir errores del pasado sin romper con su esencia. Pero el desafío inmediato no es legislativo: es existencial. La pregunta no es si las leyes son buenas, sino si serán capaces de transformar la vida. Y eso, como enseña la historia, no se resuelve con decretos, sino con el movimiento real de la sociedad.
En este contexto de efervescencia legislativa, la inminente discusión parlamentaria de la nueva Ley de la Vivienda emerge como un hito de particular calado. El anteproyecto, actualmente en consulta popular hasta el 28 de febrero de 2026, propone una transformación integral del sector habitacional que conecta directamente con las tensiones analizadas en este artículo. Entre sus novedades más significativas destaca la eliminación de la confiscación de viviendas por salida definitiva del país, un cambio de profundo simbolismo que cierra una página sensible de la historia legal cubana.
Se reconoce el derecho a poseer hasta dos viviendas en propiedad personal, sin contar la vivienda de descanso, y se introduce por primera vez la figura del financiamiento hipotecario, que permitiría a las familias acceder a créditos a largo plazo garantizados con el propio inmueble. La norma también flexibiliza las reglas para la compraventa, herencia y transmisión de propiedades, reduciendo la discrecionalidad administrativa, y autoriza el subarrendamiento para dinamizar el mercado de alquileres. Este ambicioso rediseño, sin embargo, —que pretende unificar más de 127 normas dispersas— choca frontalmente con un déficit habitacional que supera las 900 mil viviendas y un parque inmobiliario donde el 35% se encuentra en estado regular o malo.
Para calibrar la magnitud de esta transformación, y entender qué lugar ocupa en el tablero global, basta una breve comparación internacional. Mientras que en la Europa capitalista el debate oscila entre la financiarización del mercado y la demanda de mayor intervención estatal para garantizar vivienda asequible, Cuba transita el camino inverso: desde un modelo hiperregulado por el Estado socialista hacia una apertura controlada que introduce figuras como el financiamiento hipotecario o el subarriendo.
Frente al socialismo de mercado asiático, donde China y Vietnam consolidaron hace décadas la propiedad privada plena y mercados inmobiliarios desarrollados, el anteproyecto cubano avanza con cautela: reconoce hasta dos viviendas en propiedad personal (más la de descanso) y elimina la confiscación por emigración, pero mantiene la rectoría estatal sobre lo estratégico. La singularidad cubana reside en esa tensión: flexibilizar sin privatizar, abrir sin perder control, en un contexto donde —a diferencia de sus referentes asiáticos— el mercado interno es pequeño, el envejecimiento acelera y el bloqueo asfixia.
Conclusión: un veredicto en construcción
El proceso legislativo cubano posterior a 2019 representa una reingeniería jurídica estructural orientada a modernizar el Estado y adaptar el socialismo cubano a los desafíos del siglo XXI.
Si bien el marco legal avanza con coherencia y gradualismo, su éxito final dependerá de la capacidad para traducir la modernización normativa en dinamismo económico, eficiencia institucional y bienestar social. La comparación internacional sugiere que el camino elegido se asemeja más a las transiciones controladas de Asia que al colapso soviético, pero las condiciones estructurales de la isla —mercado pequeño, envejecimiento poblacional, asfixia externa— hacen del suyo un camino con obstáculos específicos.
La Cuba de 2025 tiene un Estado jurídicamente más moderno. La pregunta abierta es si logrará convertirlo en una economía más próspera para sus ciudadanos.
