El 16 de diciembre de 2011 Chile accedió con éxito el uso del espacio con el lanzamiento del Satélite Fasat Charlie, diseñado y fabricado por EADS Astrium, hoy Airbus Defense and Space. Esta última empresa que otrora participó en dar el real impulso a la carrera espacial chilena, esta vez se resta del proceso que busca renovar tardíamente el satélite nacional, quedando hoy, sólo dos empresas interesadas, una de Israel y la otra de Corea del Sur.

El satélite nacional lanzado a fines de 2011, tuvo un costo de 72,5 millones de dólares para el Estado chileno y fue financiado a través de la Ley Reservada del Cobre. Para asegurar el carácter dual del proyecto, no sólo se justificó desde el punto de vista estratégico militar y de las ventajas que tenía su tecnología para el desarrollo de inteligencia, principalmente fuera de nuestras fronteras, sino que también se sumaron decenas de funciones y usos para el mundo civil, desde el monitoreo para agricultura, incendios forestales, su uso cartográfico, entre otros.

Hoy se sabe que, tras el mensaje presidencial del año 2019, donde el Presidente anunció la adquisición de un nuevo satélite, sólo dos compañías estarían en la fase final, una es de Israel y la otra de Corea del Sur y la empresa Airbus quien fabricó y puso exitosamente en órbita el FASAT-C, quedó fuera de la competencia final. Una vez finalizada la etapa denominada como de mejores ofertas finales o BAFO (Best and Final Offer) se espera que la construcción y puesta en órbita tarde a lo menos dos años a partir de la fecha de firma de contrato, con estos plazos a la vista Chile cumplirá casi una década de retraso en la renovación de su satélite.

Falta de voluntad política

Mientras nuestra carrera espacial sigue a paso lento, con evidentes retrasos y falta de apoyo para el verdadero desarrollo espacial, el resto de los países de la región continúan avanzando y sobrepasando a Chile en sus capacidades de observación y monitoreo. Sin ir más lejos, hoy Perú cuenta con un satélite con mejores y más avanzadas prestaciones que el FASAT-C y lo propio hace Argentina con una sólida institucionalidad y presupuesto robusto para el adecuado desarrollo de la actividad espacial, según el anuario de la industria espacial “La Ley de Presupuesto 2019 otorgó a la CONAE $1.962 millones (USD48 millones) y la propuesta actual considera destinar a la agencia espacial $3.748 (USD64 millones), lo que representa un incremento del 90% en pesos, frente a un incremento del 49% del presupuesto total de la Administración Nacional. Expresando en dólares, el aumento de los fondos para la CONAE es de alrededor del 30%.” (Latam Satelital)

La falta de voluntad y determinación política para el desarrollo espacial nacional tiene un alto costo para el país, se generó un retraso que nos hizo descender del tercer al sexto lugar en Sudamérica, siendo hoy superados por países como Perú, Venezuela y Bolivia.

Los tomadores de decisión en el ámbito espacial deben comprender que se requiere de una agencia espacial civil para que ésta pueda, al igual que otros países, liderar las políticas públicas de desarrollo espacial, renovar la Política Nacional Espacial 2014-2020 y asegurar que el Estado chileno tenga una política continua y robusta, con un presupuesto adecuado para tener la capacidad de articular iniciativas científico-tecnológicas tanto nacionales como internacionales.