César Valenzuela, candidato socialista por el Distrito 9: “La función más básica del Estado consiste en otorgar seguridad a las personas y hoy estamos en deuda”

César Valenzuela Maass participó en la revolución Pingüina, aquellas movilizaciones estudiantiles de 2006 que, en esencia, pusieron en el tapete público la desigualdad en educación. Fue uno de los líderes más visibles de dicho movimiento social, el más grande hasta ese momento en democracia, un movimiento de clase, en el cual la gran mayoría de sus participantes eran de colegios populares.

Abogado y político, Valenzuela es militante del Partido Socialista, fue presidente de su juventud en 2010, vicepresidente nacional de la colectividad y militante de base y comunal. Ha trabajado en seguridad desde hace años, cursando un magíster en este ámbito. Fue convencional, con especial preocupación nuevamente por la seguridad. Y hoy, es candidato por el distrito 9, el mismo por el cual fue escogido constituyente y que agrupa a ocho comunas de la Región Metropolitana y elige 7 diputados.

Camina por todos lados, pues sabe que la campaña es corta. Sobre qué es lo que se juega en esta elección y qué ofrece al elector del distrito, va directo al grano.

“Creo que en esta elección se juegan varias cosas. Lo primero, es el reconocimiento a años de trabajo en las distintas comunas del distrito y, al mismo tiempo, una apuesta política. Hemos sostenido que acercarse a la ciudadanía tiene que ver con entender e interpretar las necesidades reales que tienen las personas, y no aquellas que la política imagina que tienen”.

Valenzuela se siente cómodo en la calle. Aunque ya le hayan abierto el auto y roto el vidrio para robarle (aprovecha de hacer un llamado a denunciar siempre estos casos). Es inevitable preguntar si está confiado, pero refuta de inmediato.

“Nunca estoy confiado. Soy bien campañero, como se dice; parto bien temprano en la mañana, termino tarde en la noche. La verdad es que a mí me gusta andar en la calle, conversar con las personas, así que no tengo problema con eso. Evidentemente que el cansancio es un factor cuando son tantas horas al día las que uno le dedica, pero yo soy un convencido de que la presencialidad, el cara a cara entre el candidato y la ciudadanía, es irreemplazable.”

Del robo que sufrió es inevitable lanzar al tema de la seguridad, uno de los problemas que encabeza el listado de dilemas de la sociedad chilena. ¿Por qué debería la ciudadanía confiar en un candidato de su sector, que según la derecha no parece haber avanzado lo suficiente?

He dedicado prácticamente toda mi carrera profesional al tema de la seguridad. Tengo un máster en seguridad y llevo más de 14 años trabajando en estos temas, no ahora que se pusieron de moda. No soy de los que se subieron al carro de la seguridad cuando vieron que la bola de nieve se les venía encima. Lo digo con mucha humildad, pero recuerdo haber sido uno de los pocos al interior de la izquierda que advertía que teníamos un serio problema en materia de seguridad del país y que afectaban principalmente a los sectores populares. Y, en esa oportunidad, muchas veces desde nuestro sector se nos tildaba de facho por plantear esos temas. Bueno, dicen que la realidad supera la ficción y hoy día estamos en este tremendo problema donde, lamentablemente, se ha instalado la idea de que nuestro sector no se hace cargo de este problema.”

Claro, y en ese sentido, al frente tenemos candidatos de Kayser, candidatos de Kast, cuya receta parece ser más Carabineros, más represión, mayor posibilidad de uso de armas. ¿Qué opinión le merece eso?

“Cuando los problemas difíciles se enfrentan con soluciones que parecen sencillas, eso es pura chantería. Pero aquí tampoco hay que engañarse: el problema de la seguridad hay que enfrentarlo de dos formas. Por un lado, mejorar las condiciones que permitan a las personas tener más oportunidades para progresar en la vida, para la reinserción social; y por otro, persiguiendo en forma efectiva los delitos que se cometen, especialmente aquellos que afectan a la mayoría de la población. En ese sentido, el tema del narcotráfico es clave. No es aceptable que en un pasaje de 15 viviendas haya 4 o 5 dedicadas al tráfico de drogas. Eso es un problema del Estado. La función más básica del Estado consiste en garantizar seguridad a las personas y, lamentablemente, hoy estamos en deuda con eso.

Y quiero insistir en esto: a pesar de los discursos absurdos que uno escucha, el problema es de tal magnitud que hoy nadie está ciego para creer que este problema se enfrenta solo con más carabineros o solo con prevención. Creo que todos los sectores políticos, con sus matices, hemos acordado que este es un problema gigante que debe enfrentarse desde las dos perspectivas.

Siguiendo con el futuro, ¿qué le parece el futuro de la democracia, de cara al crecimiento de la derecha radical en diversas partes del mundo?

“Es que la democracia enfrenta un desafío. La democracia ya no puede consistir solo en otorgar las garantías de libertades básicas de las personas; su legitimidad también se juega en que sea capaz de responder adecuadamente a las necesidades de las personas. Las libertades clásicas, pero también la provisión de servicios, de derechos sociales y las condiciones de seguridad. Entonces, el desafío de la democracia, su legitimidad, depende necesariamente de que seamos capaces de hacernos cargo de estos temas”.

Pero continuando con el futuro, ¿cuál cree que es la forma de combatir el crecimiento de esta ultraderecha, tan en boga en otras latitudes, en sectores juveniles?

Creo que está relacionado con lo anterior. Y quiero insistir en la idea: la legitimidad de la democracia también se juega en su capacidad de ofrecer soluciones o respuestas adecuadas a los problemas que tienen las personas. En las generaciones más jóvenes, de mayor inmediatez y esperan soluciones más rápidas, esta exigencia es aún más fuerte. 

Si los adultos no lo aceptan, los jóvenes menos. Y es que el sistema democrático muchas veces es demasiado lento en hacerse cargo de las urgencias que tiene la sociedad.

César, usted fue líder pingüino, ¿no le duele que en sectores de jóvenes se note un crecimiento de la derecha dura y populista?

“Claro que sí. Uno esperaría que existiera mayor cercanía de los sectores juveniles con las ideas del progresismo. Pero yo nunca he sido de los que quieren establecer una especie de vínculo natural entre un sector etario o un sector determinado de la sociedad con un determinado sector político. Es parte del juego democrático el que seamos capaces de ofrecer alternativas que permitan ser atractivas para la población y a sus diversos grupos o expresiones.”

También fue constituyente, ¿qué cree que pasó? ¿Y cómo resolvemos el problema constitucional? Porque si echamos una mirada atrás, hay un problema pendiente y desigualdades estructurales que persisten…

“El tema constitucional no puede seguir siendo la excusa para avanzar en temas de seguridad social, de derechos sociales y otras demandas y necesidades que tiene la sociedad. A mi juicio, ese tema ya fue resuelto y está cerrado por harto tiempo más, porque así lo decidió la ciudadanía. Lo que le corresponde a la política es avanzar con los instrumentos que existen actualmente.”

¿Qué mensaje le da a sus eventuales electores?

Mi mensaje a los electores es que no se dejen engañar. Las respuestas fáciles o los planes mágicos para resolver problemas complejos son siempre una mentira. Lamentablemente, los problemas complejos requieren soluciones complejas, y yo me comprometo a eso: trabajar seriamente en los problemas que afectan a la ciudadanía.