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Gonzalo Durán, de Fundación Sol e integrante de la Comisión que actualizó la medición de la pobreza en Chile: Mayor salario mínimo y más negociación colectiva para enfrentar la pobreza

Estos temas incomodan. Siempre es poco lo que cambia al respecto, por lo que se incomoda a quienes se oponen a políticas redistributivas, como a quienes las han estado promoviendo o ejecutando. Chile es uno de los países con mayor PIB del continente, y con una mayor cantidad de millonarios, pero a la vez el más desigual, en un continente ya muy desigual.

Como se ha señalado en algún u otro debate- cuando llega a surgir el tema- un 1% de la población, por ponerlo en cifras gruesas, son dueñas de la mitad de la riqueza que producen todos los chilenos. Y por otro lado, como nos recuerda porfiadamente la Fundación Sol, la mitad de los trabajadores asalariados gana menos de $583.000 líquidos. Esto no es muy lejano de los $430.000 pesos líquidos que pasará a sumar el salario mínimo de Chile en enero próximo.

Un salario mínimo que no permite a una familia, si allí se diera el lujo de trabajar una sola persona, salir de la pobreza. Es decir, si a usted le cuesta llegar a fin de mes- siendo parte de esos 4,5 millones de chilenos morosos en sus deudas-, imagine lo que sucede con los demás.

Esa es, ni más ni menos, la realidad social de Chile, aunque no salga mucho en los diarios ni la TV.

Por eso es tan relevante lo conocido hace algunos días por parte de la Comisión Asesora Presidencial para la Medición de la Pobreza, que nos señaló que aunque la cifra oficial de pobreza por ingresos en el país sería de 6,5% (2022), en realidad ésta alcanza más del triple de eso, llegando a 22,3%. ¿Por qué este cambio? Por unos ajustes mínimos realizados a la metodología con que se mide este relevante indicador social.

Estos cambios se resumen en la eliminación de llamado “arriendo imputado”, que básicamente se refiere a que se asume que quien es dueño de una propiedad no es pobre (pudiendo existir personas con una pequeña vivienda y sin ingresos); actualizando la canasta de alimentos a patrones de consumo más realistas y de mayor calidad (recordemos que la pobreza se mide, entre otros factores, por la cantidad de calorías a consumir al día) y “pasando a valorar los productos que consume la población más pobre de acuerdo con los precios efectivos incurridos en la compra y no asumiendo que se paga lo más barato”, como explica la Fundación Sol. Ejemplo de esto último, es lo que ocurre muchas veces con el típico negocios de barrio, que para poder ser rentables, debe cobrar un poco más caro, de lo que sería moverse hacia un gran supermercado que tiene precios más baratos, porque mueve mayores cantidades de productos.

Gonzalo Durán, economista de la Fundación Sol fue parte de la citada Comisión y destaca para Pagina 19 las principales conclusiones de este trabajo y cómo debiera abordarse los problemas de pobreza en el país. Él lo resume con colocar la agenda del trabajo en el primer lugar de las discusiones sociales y políticas, partiendo por un salario mínimo que represente de verdad salir de la pobreza y por la negociación colectiva ramal.

Advierte que “estamos en una especie de cóctel que es perfecto para los empresarios, para poder garantizar sus niveles de acumulación, en base a una competencia salarial que presiona las remuneraciones a la baja”.

-¿Cuáles son las principales conclusiones del trabajo realizado por la Comisión en materia de medición de la pobreza?

-Las principales conclusiones fueron en primer lugar que la pobreza en Chile tiene que medirse de una forma mucho más compleja. Era necesaria una actualización. En la medición de la pobreza por ingreso se realizaron al menos cuatro ajustes que podríamos llamar estructurales. El primero, actualizar la canasta básica de alimentos a  la Encuesta de Presupuestos Familiares del 2016 – 2017, una actualización de cinco años que significó un aumento del costo de la canasta básica; después se generó un profundo cuestionamiento a la figura del alquiler imputado, que es un ingreso ficticio que se incorpora en aquellos hogares que declaran ser dueños de la vivienda o estar pagando un dividendo, cedida o por usufructo. Esos hogares pueden estar recibiendo cero ingreso, como salarios, por ejemplo, o ayudas del Estado, pero por el hecho de ser dueños de la vivienda se les imputa el arriendo promedio que se paga en el sector, entonces ese puro hecho los puede terminar sacando de la situación de pobreza. La Comisión determinó que hay 24.000 hogares que tienen ingresos iguales a cero, pero que estaban clasificados como no pobres y eso es una aberración.

– ¿También se abordó el tema de la calidad de los productos de la canasta?

– Si, también reconoce la Comisión lo tiene que ver con que la Canasta Básica tiene que avanzar hacia criterios de salud, en el sentido de que sea una canasta de calidad, que no sea una canasta nociva para la salud y eso se logra, por ejemplo, teniendo cuidado con los ultraprocesados, que son alimentos que ponen en riesgo nuestra salud y disminuyen la esperanza de vida. Y por lo tanto, se decide, a través de la opinión de expertos nutricionistas, retirar el 50% de productos ultraprocesados de la canasta, con proyecciones a retirar el 100% a futuro. Otro cambio que es importante y que influye mucho en que la pobreza sea mayor tiene que ver con que ahora la canasta ya no va a estar valorada a los precios más baratos, que era lo que se asumía en el pasado, sino que a los precios efectivos que paga la población del primer quintil.

– El tema de lo que se gasta en arriendo o dividendo resulta muy importante hoy…

-En lo que corresponde a la pobreza multidimensional estaba una dimensión que se llama de vivienda y ahora, al interior de esa dimensión, la Comisión incorpora el criterio de asequibilidad, que significa que cuando los hogares destinen más del 30% de los ingresos para pagar lo que cuesta el arriendo, entonces se va a considerar que sus hogares están  carentes en ese indicador, por lo tanto, los arriendos se van a sincerar a través de este indicador, que está dentro de la medición. Entonces hay dos efectos: se elimina el alquiler imputado y se incorpora este elemento de asequibilidad a la vivienda.

– ¿Qué políticas públicas ustedes consideran claves para enfrentar este problema de pobreza?

-Hay muchas, porque cuando uno revisa el indicador de pobreza por ingresos, nos está hablando que en realidad ese jaguar latinoamericano es solo un gato y que hay que sincerar, por ejemplo, lo que está sucediendo con los salarios en Chile. Allí tenemos un atraso salarial evidente, hay una separación entre los que es el tamaño de la economía, versus los salarios que se están pagando y el costo de la vida que existe en Chile. Por ejemplo, una política pública podría ser avanzar en una legislación laboral que le diera más poder a los sindicatos, a los trabajadores  y trabajadoras, de modo tal de poder tener una mejor balance entre lo que es el capital y el trabajo, mejorar la distribución del ingreso, en el fondo. Para eso, una buena medida, está demostrado internacionalmente, es la negociación por rama, que parece ser un buen antídoto para mejorar los salarios y la distribución del ingreso.

– A veces engaña el hecho de que se ve mucha gente comprando y las ventas suben…

– Lo que pasa es que el consumo interno  y la demanda agregada se mantienen gracias al endeudamiento. En Chile hay más de 4,5 millones de personas morosas, que no pueden pagar sus deudas y cerca de 11 millones de personas endeudadas. Eso es más que la fuerza de trabajo. Entonces allí hay que reconocer que esa situación no va a permitir que el país tenga o vuelva a tener sendas de crecimiento saludables. Hoy en día enfrentamos un PIB potencial que está en torno al 2% y eso no permite que nuestro país pueda tener un bienestar social, entonces es muy importante que acá se debata en serio sobre qué está pasando con los salarios y con la calidad del empleo. Esto porque en consonancia con lo que estaba hablando, en el indicador de calidad de  empleo, que es un indicador de la pobreza multidimensional, estamos hablando que prácticamente el 33% de los hogares son carentes de este indicador y se transforma en el más alto de los 20 indicadores de pobreza multidimensional.

-Afortunadamente hemos tenido un alza importante del salario mínimo

-Sí, mucho se habló esto últimos meses de que tenemos el salario mínimo más alto de Sudamérica, pero sin embargo, cuando vamos a ver las nuevas líneas de pobreza ese discurso se desmorona sobre todo viendo lo que pasa con la línea de los arrendatarios, porque es muy plausible que la gente que gana el salario mínimo sea arrendataria, entonces allí vamos a ver que para un hogar de tres personas, donde uno trabaja, vamos enfrentar una línea de la pobreza que está cercana a los 800 mil pesos y , por lo tanto, el salario mínimo está bastante lejano de eso, esto sincera el debate. Cuando se nos habla del sueldo vital a finales de un próximo Gobierno, eso es en prácticamente 5 o 6 años más. Esto debe ponerse urgentemente como primera prioridad y otras políticas públicas las vamos a encontrar en todo el set de indicadores. Por ejemplo, el indicador de vivienda, el tema de la asequibilidad. Hoy tenemos una crisis gigante en el tema de la vivienda, un déficit habitacional que es cercano a las 600 mil viviendas y eso también el nuevo indicador de pobreza lo va a poder calcular. Entonces, ello fomenta que se hagan mejores políticas públicas al respecto. Si se paga más del 30% del ingreso en arriendo, eso es grave.

– Aunque debemos reconocer que se está apuntando a subir el salario mínimo en los últimos años y que esto podría seguir en otra administración

– Esto no lo trató la Comisión, que tenía otro fin, pero si a mí, como comisionado, me preguntan cuál sería una recomendación en base a estos cálculos que nosotros obtuvimos, yo diaria que ciertamente estamos en presencia de un salario mínimo que no permite a una persona que lo gana, y a su grupo familiar, si es que esa sola persona trabaja, salir de la pobreza y eso es grave, sobre todo en un sistema social donde se nos dice que el trabajo debería permitir que si una persona trabaja a tiempo completo, debería permitirle al menos salir de la pobreza y esa promesa no estaría siendo cumplida. Recordemos que el salario mínimo de que es habla es un salario bruto y por lo tanto, hay que descontarle el pago de las leyes sociales. Por ejemplo, el salario mínimo que vamos a ver a partir del 1 de enero de 2026, que serian $539 mil pesos, en realidad equivalen $430 mil pesos si nosotros lo llevamos a sueldo líquido. Con ese monto tenemos que hacernos la pregunta, para qué alcanza. Alcanza para ir y volver al  trabajo, lo que en términos reales no significa ninguna ganancia, alcanza para un arriendo básico, que podría ser una pieza y un baño; y para una canasta básica de alimentos para una persona, entonces ciertamente ese salario, por muy alto que sea a nivel comparado internacionalmente, es bastante insuficiente y eso abre el debate de su suficiencia.

– Se critica la negociación por rama, porque ello afectaría la economía

– Está demostrado que a partir por una negociación por actividad económica, las pequeñas empresas también ganan porque acá no solo hay que mirar la parte de los costos, sino que también existen transferencias de productividad entre las empresas más grandes hacia las más pequeñas. Por otra parte, tenemos que considerar que mientras las y los trabajadores obtienen mejores ingresos, eso también son recursos que se inyectan en el circuito de la economía y, por lo tanto, ese dinero también va a llegar a las pequeñas empresas a través de un mayor consumo, entonces, son efectos a considerar. Y por otro lado, lo que nos dice la experiencia comparada es que la negociación por rama y los convenios por rama son mucho más cercanos a lo que es la realidad de las pequeñas empresas y luego, las grandes empresas lo complementan con negociaciones locales a partir de convenios colectivos de empresa, por ejemplo.

– ¿Qué cree usted que debieran colocar como temas los candidatos presidenciales en estas materias?

– La Fundación no hace comentarios respecto de un candidato u otro. Ciertamente, uno esperaría que en el debate se pusiera como tema central el tema de los salarios, de la agenda del trabajo, que eso sea, en realidad, la punta de lanza de cualquier agenda transformadora. No puede ser como en este gobierno la negociación colectiva se patea hasta los últimos meses, lo que demuestra la falta de interés y de convicción por parte de una coalición política para un tema que es central en la sociedad capitalista, que es la contradicción capital-trabajo y como uno debería poner el trabajo al centro para mejorar la condiciones laborales de los y las trabajadores. A nuestro modo de ver, la reforma a la negociación colectiva por rama tenía que haber sido la primera gran reforma de este gobierno y sin embargo, estamos viendo que hasta el día de hoy todavía no se presenta. Creemos que eso habría generado una correlación de fuerzas, de la cual tanto se habla, que podría haber hecho que el destino de las distintas otras reformas podría haber sido distinto, por ejemplo, si hubiéramos tenemos un movimiento sindical fuerte, con negociación por rama, probablemente ya no estaríamos discutiendo que si las AFP deben existir o no en la reforma previsional, lo mismo hubiera pasado con las 40 horas, que sin duda es positivo que  se reduzca la jornada, pero se hizo a costa de ceder en flexibilidad laboral. Los empresarios estaban felices con esto último, entonces eso habría sido otra historia si el movimiento sindical hubiera estado fortalecido por la negociación colectiva por rama.

– Respecto del salario mínimo y si la mitad de los trabajadores gana menos de $ 583.000 líquidos, como señalan ustedes, ¿entonces quiere decir que la mitad de los trabajadores gana cerca del mínimo?

– Claro, pero hay que tener en cuenta que el salario mínimo es un salario mínimo bruto, por lo tanto, cuando uno quiere comparar tendría que ponerlo en forma líquida y eso serian $423.000 pesos, por lo tanto ese monto se podría comparar con la cifra de  $583.000 pesos líquidos, que incluso son del año 2023, que gana la mitad de los trabajadores. Es importante comparar bien eso. Ahora bien, $423.000 pesos igual se encuentra cercano a esa mediana de $583.000. No es mucha la diferencia y eso lo reconoce también la literatura científica. Esto se conoce como el “efecto faro” del salario mínimo, porque al igual que un faro, que están en las costas para iluminar el camino a los barcos, lo que hace el salario mínimo es iluminar el salario general de la economía, entonces eso es lo que esta sucediendo en nuestro país. Como tenemos un salario mínimo tan bajo, los salarios en términos generales también son bastante bajos, dado que  tampoco tenemos negociación colectiva de calidad. Hay que recordar que hoy día menos del 20% de los trabajadores asalariados negocia colectivamente y de hecho, cerca de un 15%, lo que significa que 85 de cada 100 no negocia y los 15 que sí lo hacen, lo hacen en condiciones muy desfavorables, totalmente divididos, en casi 9.000 sindicatos que son muy pequeños y tienen poco poder de negociación, entonces estamos en una especie de cóctel que es perfecto para los empresarios para poder garantizar sus niveles de acumulación en base a una competencia salarial que presiona las remuneraciones a la baja y eso es algo que ha sido característico en la historia de Chile, pero que tenemos que transformarlo, no puede naturalizarse que eso se mantenga en el tiempo.

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